“Pero quiero volver a mi casa, a alguna casa” 

La vivienda en Colombia aparece como una dimensión constitutiva, pero descuidada, de la política de los cuidados de la actual administración. Entre la eliminación de programas clave, la ausencia de una articulación funcional con el sector privado y la expansión de la especulación inmobiliaria, el derecho a habitar se va desplazando hacia un umbral de persistente precariedad.

En 1999 Andrés Calamaro lanzó el álbum Honestidad brutal, en él se encuentra la popular canción “Parte de adelante”, en la que el cantante argentino cierra diciendo: “estoy solo y estoy buscando /Esa alguien que me está esperando /Que me entienda y si no me entiende /Alguien que me comprende /Alguien a quien recordar de memoria cuando estoy de viaje /Cuando estoy muy lejos, sí /Soy un vagabundo y camino bastante alrededor del mundo /Pero quiero volver a mi casa, a alguna casa”. Poco sabría él que esta letra podía ser tomada como una alegoría para un deseo que todo colombiano tiene en algún punto de su vida, esto es, tener una vivienda propia. 

Este es un deseo que siempre vira en reclamo popular debido a la multiplicidad de factores que intervienen a la hora de procurar un espacio al cual llamar propio: “Sector financiero, terratenientes urbanos, empresas constructoras, etcétera, acaparadores de tierra, especuladores urbanos que con su violento proceder obligan, como ellos mismos lo estiman, a que el 68 por ciento de la población mundial esté hacinada en las grandes urbes para el 2050. Realidad de la cual no escapa nuestro país [Colombia]”1. El poder tener una vivienda propia se ha convertido en una apuesta en negativo en la cual siempre se parte en números rojos y que, debido a la propia dinámica neoliberal de los mercados, implica tomar en consideración que una política de vivienda siempre se anuda a un crecimiento económico del Estado. 

La actual administración se ha movilizado para intentar solventar este problema de la adquisición de vivienda –tanto en la construcción de vivienda de interés social [VIS] como con un esfuerzo en el facilitar el acceso a créditos de vivienda2–; no obstante, los esfuerzos son mínimos debido a la demanda existente y, con todo, debido a la incipiente dedicación de la administración Petro por atender esta problemática (distinto del tema del conflicto armado, la salud, las pensiones o el trabajo). 

La situación actual pone al gobierno en una posición poco alentadora, algo reflejado principalmente en la eliminación del programa Mi casa ya, mientras se intenta alcanzar un equilibrio por medio de costuras jurídicas como el Decreto 0585 de 2025. La falta de una relación funcional con el sector privado hace que este solamente se dedique al acaparamiento y no a la producción conjunta con el Estado, dificultando suplir correctamente los subsidios y viviendas que se requieren, algo que hace que la administración Petro cierre su gobierno, si bien no en números rojos, sí en una inamovible repetición de lo mismo, de ahí que el futuro de la cuestión de la vivienda quede en vilo para muchos colombianos3

Esta realidad se suma a otros campos en los que la administración quedó limitada a ser una simple continuación de lo heredado, sin avances, como es el caso de la política de ciencia4, y que debe ser retomado como parte de un proyecto frente a los cuidados que el actual gobierno se esfuerza por llevar a cabo. Cuando se toma desde un enfoque de la filosofía social, se percibe que la administración Petro se esfuerza desde sus inicios en sentar las bases de una necesaria política de los cuidados en el país, reflejado ello en sus principales reformas por adelantar (aún al día de hoy): salud, trabajo y pensiones, las cuales son la base para un país que busca superar su propio conflicto interno –el cual aún es un esfuerzo por llevar a cabo con los grupos remanentes– y así poder consolidarse como una democracia que busca algo más que su mera supervivencia. 

Ahora bien, el problema resulta justamente en que el devenir de una democracia de los cuidados implica no solo abordar determinados puntos del problema del buen-estar, como lo viene haciendo el actual Gobierno, sino que debe tomarse en consideración de forma amplia dicha política de los cuidados, para así evitar que por temas políticos, como los que han acontecido, toda la administración quede reducida a reformas someramente implementadas, dejando de lado otras dimensiones necesarias para el buen funcionamiento de una sociedad que busque superar la persistente violencia que la caracteriza y determina. 

La cuestión presupuestal puso justamente esto en cuestión, ya que parece que en el último año de su administración el Presidente estará contra las cuerdas en términos presupuestales, realidad reflejada en su propia política de vivienda5. Los pasos por seguir en este campo están minados debido al comienzo de las contiendas electorales del 2026, lo cual implica unas agendas y tiempos que subsumen la energía de la actual administración en su afán por continuar con su proyecto progresista. La pregunta, entonces, es ¿cuáles serán las prioridades políticas de Petro en el 2026? Ya que el modo en que se han manejado los temas que no hacen parte prioritaria de la agenda gubernamental parecen ser simplemente dejados en modo automático para ser solucionados después del tornado electoral del próximo año.

No obstante, la cuestión de la vivienda sigue siendo un punto agudo en la lucha por el bien-estar de los colombianos, ya que son estos los que terminan desamparados frente al acaparamiento y especulación inmobiliaria que padece el país, realidad agravada por la real gentrificación que viven las principales capitales departamentales del país, con lo cual los costos de vida diaria se incrementan y la exclusión de decenas de miles de habitantes, arrojados a los extramuros de las urbes, se hace algo cada vez más palpable. 

En esta constante, la adquisición de vivienda parece haber quedado suspendida para los ciudadanos de a pie, mientras la maquinaria privada se apropia de las viviendas y construye más para proseguir con la especulación con el suelo urbano, cada vez más oneroso. En el proceso, ellos mismos imponen las pautas frente al valor del suelo y de habitar los espacios. La posibilidad de que las cosas terminen como en Barcelona, Madrid o Ciudad de México, donde este fenómeno escaló a puntos insostenibles socialmente y el choque entre ciudadanos y privados aún continúa, es un destino que a este paso es inevitable. 

Al final, la cuestión de la vivienda es una lucha por los cuidados, ya que esta es parte capital de una saludable habitabilidad de las ciudades. Si Colombia realmente se está concibiendo como una democracia de los cuidados debe atender estas necesidades que parecen accesorias frente a la cuestión de la salud y el trabajo. Por ello, debe pensar que solo atendiendo ciertos aspectos de las problemáticas del país las otras, por extensión, serán atendidas y resueltas. Es por esto mismo que se requiere de un abordaje integral de todos, y desde todos, los ministerios, para poder atender la variedad de problemáticas que atraviesa el país, un elemento que ha sido difícil de ver por la actual administración. 

La vivienda, entonces, se presenta como un fenómeno ausente y carente de atención, de ahí que sea necesario señalar que, así como en la cuestión de la reforma a la salud mental, se requiere de una resistencia desde el interior de lo social, más allá de la administración de turno, puesto que, como se ha hecho manifiesto, la política de los cuidados requiere de una articulación que va en doble sentido: representativo y micropolítico. El primero es el que se está llevando a cabo ahora, donde el gobierno Petro se esfuerza por comprender la complejidad sistémica detrás de los fenómenos económicos, políticos y sociales del país; el segundo implica a los sujetos que ya viven la desigualdad y la crisis, por ser quienes en mejor capacitados están para traer la voz frente a la crisis que escala cada día más en el país.

La política de los cuidados, de este modo, necesita de una articulación micropolítica que acerque estas situaciones al reflector de la administración actual, la cual está enfrascada en solucionar Colombia por medio de otras reformas, mientras que todos los demás debemos esperar, todavía más, por un cambio real en las condiciones de vida. Por supuesto, esta lucha micropolítica no desmerita el esfuerzo del Presidente, y de su gobierno, por cumplir con lo pactado, pero sí refleja que se encuentra en un impasse en el cual la transformación no puede limitarse solo a un apoyo en urnas, sino que tiene que alcanzar una movilización por medio de un reconocimiento de la crisis y una tentativa social para resolverla. Al final, lo que se requiere, en este orden de ideas, quizá sea tirar la primera piedra y cuestionar el régimen actual de vivienda, articular una lucha frente a esas inhabitables condiciones de vida que persisten en el país, de modo que la dignidad se haga costumbre. 

1 Navarrete, J. (2025). “La casa en el aire”. En: periódico desdedbajo, disponible en: https://www.desdeabajo.info/ediciones/edicion-no330/item/la-casa-en-el-aire.html
2 Ministerio de vivienda. (2025). Con dignidad, Gobierno del presidente Petro está cumpliendo con soluciones habitacionales. Disponible en: https://minvivienda.gov.co/sala-de-prensa/con-dignidad-gobierno-del-presidente-petro-esta-cumpliendo-con-soluciones-habitacionales 
3 Vega, J. (2025). Así se ha movido la construcción de vivienda durante el Gobierno Petro: baja en inversión y perspectivas retadoras. En Valora Analitik, disponible en: https://www.valoraanalitik.com/construccion-vivienda-gobierno-petro/
4 Almeyda, J. (2025a). “Colombia, ¿sociedad del conocimiento?”. En: Le Monde diplomatique, edición Colombia, disponible en: https://www.eldiplo.info/colombia-sociedad-del-conocimiento/?isPwa=true 
5 Escobar, 2025.

Información adicional

Sobre la lucha por los cuidados que está por venir
Autor/a: Juan David Almeyda Sarmiento
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo Nº331, 19 de enero - 19 de febrero de 2026

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