En redes sociales y grandes medios de comunicación se critica que Alfredo Acosta Zapata, recién nombrado ministro de la Igualdad en Colombia, no tenga un título universitario, como si gobernar fuera solo acumular diplomas. Hay aprendizajes que no caben en un aula: organizar comunidades, proteger la vida, dialogar en medio del conflicto, cuidar el territorio. Acosta Zapata lleva más de 14 años coordinando procesos en la Organización Nacional Indígena de Colombia, facilitando diálogo, participación y defensa de derechos. Eso también es conocimiento. Tal vez el que más le falta a un Estado que muchas veces gobierna sin entender a quién gobierna.
Dar voz a quien la merece no es un gesto amable: es una decisión política. Que un líder indígena llegue al gobierno no es folclor ni premio simbólico, es reconocer que el país también se entiende desde los caminos de herradura. Por eso el presidente Gustavo Petro defiende el nombramiento de Acosta Zapata como ministro: porque hay saberes que no nacen en oficinas con aire acondicionado, sino caminando el territorio, escuchando a la gente y resolviendo conflictos reales.
Desde la justicia restaurativa, la primera R es Relación: aprender a mirarnos sin miedo. Cuando un indígena gobierna, el Estado empieza a relacionarse de otra forma con pueblos que durante siglos solo conoció para excluirlos. La segunda R es Respeto: aceptar que hay distintasmaneras de ser inteligente y de aportar al país. No todos aprenden igual, ni todos gobiernan desde el mismo lugar, y eso no debilita la democracia: la hace más real.
Luego vienen la Responsabilidad y la Reparación. Colombia atraviesa hoy un proceso complejo pero imprescindible de reconocimiento hacia comunidades indígenas, afro, campesinas, LGBTQ y populares, históricamente afectadas por el despojo, la violencia y el abandono. Visibilizarlas y permitirles participar en la toma de decisiones no repara todo, pero sí señala un cambio de rumbo: aprender de los errores, asumir responsabilidades y empezar a sanar. No es un premio: es una forma de caminar hacia un país más justo.
La última R es Reintegración: convivir de verdad. Un país no se rompe por incluir; se rompe por excluir. Cuando la diversidad participa, la igualdad deja de ser discurso y se vuelve práctica cotidiana. Como recuerda Beverly Title, la paz no se ordena desde arriba: se construye escuchando, compartiendo y respetando. Gobernar, al final, es eso: ponerse en los zapatos del otro y caminar juntos.
¡Gracias por leer y bienvenidos sus comentarios!
*Facilitador de diálogos restaurativos



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