En territorio y agua, “estamos por fuera, como la camisa guayabera”

El testimonio de Rubiela, pescadora artesanal, condensa los sonidos del río Magdalena y sus orillas, para denunciar cómo la pérdida de conexión de los afluentes con el río madre, el extractivismo y las decisiones institucionales en política pública, han sumido en crisis permanente a la pesca artesanal. En sus faenas diarias, esta pescadora curtida en su piel por el rigor de la vida, es testiga de cómo el “desarrollo” fragmenta las cuencas y las aguas que las recorren, y excluye a quienes viven de ella. Insiste en que no basta con restituir la tierra: sin agua, pues no hay vida ni sustento.

“Era un día del año 2008, eran como las 7 de la noche y de repente sonó el celular: ‘Rubiela*, necesitamos una cartografía’. A lo que contesté: ‘Y ajá, ¿cómo es?’. Pues a los pocos días, en una lancha me fui para Gamarra (Cesar), reconocido localmente como el ‘primer puerto fluvial sobre el río Magdalena’, y llegué a un barrio que se llama San Antonio. Reunimos personas entre 20, 40, 60 y 80 años. Cogimos un marcador y empezamos a visualizar por qué estaba decayendo la pesca artesanal y conocer cuáles eran los problemas reales que estaban pasando. No es posible que vivamos alrededor del agua y ni siquiera conozcamos el nombre de las ciénagas”.

Rubiela, como pescadora artesanal y lideresa social se interesó en estos procesos de conocer con precisión estas aguas y los territorios que cruzan, dice con su tono de voz grave: “La cartografía es un antes y un después: ¿Cómo estaban conectados el caño, la quebrada y la ciénaga al río? ¿Por qué se sedimentaron, construyeron cercas y llegó toda esa transformación? Eso me dio pistas desde el conocimiento de la gente sobre las causas de los problemas y cuáles son las posibles soluciones”.

Terminaba la primera década del siglo XXI y la Corporación Autónoma Regional del Río Grande de la Magdalena (Cormagdalena) se juntó con la Asociación de Pescadores y Agricultores del Magdalena Medio (Asopesamm) con presencia en cuatro departamentos y 32 municipios, comprendidos desde Puerto Berrío (Antioquía) hasta Regidor (sur de Bolívar), fue la Asociación la que visibilizó el problema de la pesca artesanal y sus integrantes quienes identificaron cuál había sido la pérdida de caídas de agua, quebradas y otras fuentes de agua.

Estamos ante la vida del río y de quienes lo habitan, tanto en sus cauces como en sus riberas, y más allá. Una realidad que demanda acción permanente como lo asume Rubiela, quien recordó: “Es así como otro día, en una calurosa tarde en Honda (Tolima), un pescador se levantó y dijo: ‘Lo que pasa es que ustedes, en la parte baja y media del río, con esas artes ilícitas nos han perjudicado y hemos perdido la subienda. Ya no tenemos nicuro’. Hagamos la tarea, le contesté al pescador, para verificar si son las ‘artes ilícitas’ las generadoras del problema. Recorrimos municipios de ahí para arriba y hablamos con todas las organizaciones locales en Natagaima, Purificación, Ambalema, Honda y La Dorada.

Las cartografías arrojaron que realmente, además de las ‘artes ilícitas’, las afectaciones son otras cosas. Hay una pérdida de conectividad entre los nacimientos de agua y su fluir hasta el río Magdalena. Nosotros todavía le damos la espalda al río. No solamente hay una conexión desde la montaña, hay una conexión desde el páramo y la sierra. Dice la gente: ‘A mí qué me importa lo que pase en el Páramo de Sumapaz’. Pero resulta que cada frailejón que filtra una gota de agua, esa gota llega al río Magdalena. Así, como en el páramo, las gotas de los guaduales también llegan al río. Es una conexión desde su nacimiento hasta el mar”.

El trabajo cartográfico empezó a esclarecer el panorama, su complejidad e interconexión. Así lo denota Rubiela que prosigue en su narración: “Pasaron los años y en esos ejercicios pudimos evidenciar que el río Magdalena tiene hoy una erosión grandísima. El río está deforestado, no hay árboles de raíces fuertes, como un caracolí o un dinde, que descansen en todo el sedimento. Algo hemos restaurado con especie nativa, pero no es suficiente para superar las afectaciones causadas por todas esas murallas y jarillones construidos, afectaciones directas a toda la conectividad del Complejo Cenagoso de Zapatosa y de la conexión con el río. Eso fraccionó todos los cuerpos de agua y dejó las zonas urbanas y rurales sin salidas ni entradas de agua.

Pero no solo es eso. Están los grandes monocultivos de arroz y la piscicultura, bastante extendidos. Nosotros, en la parte media baja del río Magdalena, aguantamos el golpe de todas las hidroeléctricas que están arriba, como Betania o El Quimbo. Hicieron una desviación del cauce natural para convertirla en un canal artificial. Cada vez que una hidroeléctrica suelta agua, arroja sedimento retenido, impacta agua abajo y llega a los complejos cenagosos que están conectados al río. Estos complejos son los amortiguadores y filtros de las crecidas del río. Llega el verano y enseguida se secan las ciénagas, no tienen la misma profundidad de 6 o 7 metros, por mucho tienen 2 o 3 metros en una creciente”.

Su memoria, su saber, es claro. Esas son consecuencias que vienen, desde la parte de arriba hasta la parte de abajo del río, y se conectan con el mar. Rubiela, con digna rabia, recuerda: “Y ahora, todo el mundo ve al río Magdalena como un canal navegable turístico ¿Para quién es ese canal navegable turístico? ¿Para nosotros? ¿Los que vivimos en cada municipio alrededor del río o para la gente que tiene plata? El primer ensayo lo hicieron en abril de 2025, un crucero que se llama AmaMagdalena salió de Barranquilla pasando por Nueva Venecia, Palenque (Gambote), Calamar, Santa Bárbara de Pinto, Mompox, El Banco y Magangué. Un solo colombiano había montado en ese tour, ¿cuánto pagó el señor por haberse montado en ese toursito?”.

Además, enfatiza, “[…] en la zona de La Mojana, una subregión anfibia y un complejo de humedales estratégicos en el norte de Colombia, situado en la Depresión Momposina, donde confluyen los ríos Magdalena, Cauca y San Jorge, pasarán muchas cosas porque se están tumbando varias de las murallas. Pero, si no se recupera la conectividad, puede que haya otra catástrofe peor que las recientes inundaciones en Córdoba, porque ahí sigue latente la hidroeléctrica Urrá. Y, agua abajo, por el río Cauca con la hidroeléctrica Hidroituango, esa es otra bomba de tiempo ¿Cómo es que desvían el caudal natural para represar afluentes y construir esa infraestructura que desestabiliza el agua? 

Y en medio de todo esto, Rubiela trae a la conversación una propuesta que ha desarrollado junto con las organizaciones de pescadores artesanales: “Ahora en Colombia el boom es la restitución de la tierra, pero nosotros ponemos sobre la mesa la restitución del agua. Se habla de tierra, seguridad alimentaria y la materia prima no la nombran, ¿cómo van a cultivar si no hay agua? Muchos que pelean la tierra, cuando ven una quebrada, un caño, una ciénaga, un río, los ven como enemigos. Nosotros, que vivimos a orillas del río Magdalena, nos acostumbramos a vivir con él en sus crecientes, una o dos veces por año.

Hoy en día ni las instituciones nacionales, departamentales y locales tienen claro qué es un humedal. Nosotros hablamos de la restitución de agua y ahí es donde las organizaciones de pescadores se ven incluidas. El presidente Petro lo ve muy claro en su Plan Nacional de Desarrollo. Habla sobre el ordenamiento alrededor del agua, pero a las organizaciones de pescadores no las vemos incluidas dentro del proceso. La Agencia Nacional de Tierra (ANT) va por un lado y por otro va la Unidad de Restitución de Tierra (URT). No son capaces de sentarse en una mesa y hacer una evaluación entre estas dos instituciones ¿En qué coinciden realmente? ¿Por qué no se toca el tema de restitución del agua? Estamos por fuera, como la camisa guayabera. 

Se supone que la norma dice que los cuerpos de agua son bienes de dominio público imprescriptibles, inalienables e inembargables, ¿para quién son esos terrenos baldíos de humedales? ¿cómo se restituyen esos playones baldíos a las diferentes organizaciones de pescadores? Los humedales permanecen en manos de los terratenientes, que los han apropiado para su beneficio; territorios y cuerpos de agua además afectados por infraestructuras de hidroeléctricas, la piscicultura, la invasión de los búfalos, cultivos de palma y de arroz a gran escala. Además, los terratenientes instalan cercas con corriente frente a todos estos complejos cenagosos para prohibir la pesca”.

Remando contra la corriente, así vive esta lideresa social junto con sus compañeros y compañeras de esta lucha, por recuperar y mantener la pesca artesanal donde sus conocimientos y técnicas realizadas en el río Magdalena fueron declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de Colombia en el 2022, destacando una tradición centenaria de la cultura anfibia: “Vea, cada vez que en el sector económico hay una afectación sale el panelero, el lechero, el cebollero, el tomatero, y otros más a exigir mejora en los precios para el mercadeo del fruto de su trabajo, en nuestro caso simplemente dicen que estamos en declive. Pero cuando hay subienda, ¿desde dónde llegan esos pescados a los platos de los restaurantes y las casas de Bogotá, Barranquilla, Bucaramanga etc? Además, en el descuido en que el gobierno mantiene este sector social y esta actividad económica, la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap) solo coloca la veda para el bagre rallado, pero esta no es la única especie en vía de extinción, todas las especies que habitan estas aguas desde tiempos inmemoriales están afectadas: la pacora, bocachico, dorada o el coroncoro. En contra de ellas y del mismo equilibrio ambiental, así como de nuestra fuente de trabajo, están metiendo muchos peces invasores, como: la basa, tilapia o la mojarra negro plateada ¿Dónde están esas especies? En los criaderos e incluso en los embalses, todos esos peces vienen de ahí cuando abren las compuertas”, contó Rubiela. 

Y en esa realidad, de ir en contra del fluir del río, retomó el relato nuestra lideresa: “Todo el mundo habla de la minería: ‘Yo me volví rico gracias a la minería’, dicen contando sus billetes. Pero, ¿cuál fue la transformación que le hicieron a los ecosistemas? Desviar y secar el agua. Solamente hablamos de las aguas superficiales, no de las subterráneas. Cuando ya nos metemos al otro espacio: el material de arrastre, para el cual utilizan esa maquinaria, meter la cuchara de la retroexcabadora y sacar balastro, arena y gravilla. No hay control de eso. Se están desviando los ojos de agua subterránea, se está dañando todo el acuífero y no hemos mirado con ojo de lupa lo que realmente nos está mostrando el río. Son transformaciones que, de una u otra manera, también afectan a todos los ecosistemas que estén conectados a esos afluentes principales. Hoy, para mí, las recientes inundaciones a principios del año 2026, tanto en La Mojana y el departamento de Córdoba son producto del re-acomodamiento del agua”. 

Esta es una triste y preocupante realidad en donde lideresas como Rubiela arriesgan su vida, aun así fuerte y claro dijo: “En verdad hay muchos problemas de fondo relacionados con lo conversado, pero hemos optado por no hablar de ello, porque hay muchos compañeros amenazados. Desafortunadamente la politiquería de este país nos ha marcado mucho. Si usted habla de la manera como yo hablo, dicen: ‘usted es izquierdosa’, solo porque pienso diferente y defiendo ciertas cosas que a mí no me parecen. También dicen ‘es que usted está contra del desarrollo’. Y la gente dice: ‘bienvenido el desarrollo’. Pero, ¿cuáles son las afectaciones directas que produce todo esto que llaman ‘desarrollo’? ¿Para quién es el ‘desarrollo’? ¿Estamos incluidos en ello? Y en el proceso que llaman desarrollo, ¿una multinacional, cuando habla de compensación social, sabe que el impacto es más grande que esa compensación? ¿Lo sabe la gente?”.

Defender el agua, como las especies que la habitan, así como el territorio que cruzan los cursos de agua, también lleva dolor, ya que: “En esta lucha muchos compañeros y compañeras han sido amenazados. A Lucho Arango, un personaje representativo de la pesca artesanal e integrante de la Asociación de Pescadores Artesanales y Acuicultores de El Llanito (Apall) en Barrancabermeja, lo mataron hace unos años. Ahorita, otra vez, se están recrudeciendo las amenazas. Colocamos las alertas, pero en este país, desafortunadamente, no se puede confiar en nadie. No sabemos si nos venden.

Hace ya casi 20 años, día en que me llamaron y fui a Gamarra para acompañar comunidades; desde entonces, y mucho antes, venimos advirtiendo que toda la forma meándrica de los caños no podían construirse en líneas rectas sino ir naturalmente y, hacer la restauración con las especies nativas de árboles para que retornen peces como la dorada, que se comen a gusto todas las pepas de los árboles en ciénagas y caños. Aquí todo el mundo dice: ‘¡El río Magdalena, la columna vertebral!’ ¿Qué estamos haciendo por recuperar esa columna vertebral? ¿Realmente le estamos apostando a lo que queremos?, porque al paso que vamos perderemos todo y nos quedaremos sin agua”.

Restituir el agua: una deuda invisible que define el futuro del río Magdalena

Como lo planteó Rubiela en su testimonio, sustentado en procesos de cartografía social, lo allí identificado evidencia transformaciones en los territorios que cruza el río Magdalena. Las comunidades denuncian alteraciones causadas por hidroeléctricas, transporte de hidrocarburos, expansión ganadera y actividades mineras, que han modificado los ciclos naturales, degradado ecosistemas y afectado sus medios de vida. Problemas como la mortandad de peces, la sedimentación y la ruptura de conexiones hídricas, reflejan un deterioro sistemático del río y sus ciénagas. A esto se suma la expansión de la ganadería bufalina y la infraestructura que fragmenta los flujos de agua, intensificando el impacto ambiental. Su propuesta de “restitución de aguas” es una respuesta a la crisis ecológica del territorio.

Una propuesta que buscan llevar a la agenda pública y a los escenarios de toma de decisiones con el propósito que el Estado reconozca la restitución de aguas como una estrategia de ordenamiento territorial, en un nivel equiparable al de la restitución de tierras. Su tránsito hacia el ámbito jurídico aún está en construcción, puesto que “restitución del agua” no es una categoría reconocida por la Ley 1448 de 2011, conocida como Ley de Víctimas y Restitución de Tierras. En este sentido, emerge como una crítica al modelo dominante de desarrollo y planificación territorial. 

*Nombre cambiado a petición de la fuente

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Información adicional

PESCADORES ARTESANALES
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo N°334, 20 de Abril - 20 de Mayo de 2026

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