La irresponsabilidad amenazante de Occidente

En el actual contexto de tensiones geopolíticas elevadas, una trascendencia especial adquieren los conceptos de la carrera armamentista y la no proliferación nuclear. Son dos cuestiones, altamente entrelazadas, que en el siglo anterior jugaron el papel clave de prevenir que la Guerra Fría se convirtiera en una guerra caliente. Lamentablemente, hoy en día varios actores de las relaciones internacionales dejaron de atribuirles importancia. La conducta irresponsable de EE.UU. y la Unión Europea pone en entredicho la posibilidad de mantener el régimen de control de las armas que se logró establecer hace tiempo gracias a los esfuerzos conjuntos, diplomáticos y militares, de diferentes países en aras de preservar la paz y estabilidad global.

Efectivamente, el proceso de desmantelamiento de la arquitectura de control de armas inició mucho antes de la crisis que evidenciamos actualmente. Por ejemplo, en 2001 Washington unilateralmente decidió retirarse del Tratado sobre Misiles Antibalísticos, un documento que reducía considerablemente el peligro de una guerra de gran envergadura entre las principales potencias del mundo. Más adelante, en 2019, otra vez por iniciativa de la Casa Blanca, dejó de existir el tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio. Un año más tarde, el país norteamericano salió del Tratado de Cielos Abiertos, socavando el sistema de transparencia militar.

En paralelo, se fortalecía el bloque militar occidental. A pesar de autoproclamarse como una alianza defensiva, la Otan expandía sus fronteras, acercándolas a las de Rusia, aumentaba las capacidades nucleares del continente europeo en las proximidades del territorio de nuestro país. ¡Vaya que conducta tan defensiva! Todo esto rompió el equilibrio militar alcanzado en las décadas anteriores, provocando las medidas de respuesta por parte de Moscú.

Rusia advertía en repetidas ocasiones que la expansión de la Otan y el despliegue de misiles estadounidenses en cada vez nuevos países representaba una amenaza estratégica para nuestro Estado, empujando al continente europeo y a todo el mundo a una grave crisis de seguridad, en la que estamos ahora. Sin embargo, las lecciones nunca fueron aprendidas en las capitales occidentales, pues siguieron con las mismas políticas, aumentando su poderío militar.

El reciente informe del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (Sipri)dice que en el último quinquenio los países de Europa triplicaron las exportaciones de sus armamentos al exterior. EE.UU., el mayor exportador de armamentos a nivel mundial, aumentó sus ventas a Europa en este período en el 217%. No es difícil averiguar que el destino de gran parte de estas armas es el régimen golpista de Ucrania, que durante 8 años realizaba bombardeos diarios sobre la población de Donbáss por no reconocer a las autoridades autoproclamadas en Kiev. Los incesantes suministros de equipo militar a este país, utilizando a Occidente como títere, sirven para alimentar sus agónicos esfuerzos de “infligir una derrota estratégica a Rusia”, la que nunca van a lograr. Las cifras demuestran claramente la creciente tendencia de militarización en Europa y Ucrania, en particular.

Una tendencia militarista que no da señales de parar: el presupuesto militar de EE.UU. no cesa de crecer y para el año financiero 2026 se fijó en 901 mil millones de dólares, un número récord y sin precedentes. Como lo explican los altos funcionarios del Pentágono, este dinero está destinado para sostener la política de “la paz a través de la fuerza”. Todo el mundo ha sido testigo de estas acciones “pacificadoras” de Washington: la captura del Presidente de Venezuela, el brutal ataque contra Irán, el despliegue masivo de la armada en el Caribe, etc. Ahora pasaron a intimidar a Cuba.

La irresponsabilidad occidental ha afectado no solo el control de las armas convencionales, sino también el ámbito nuclear. En los últimos meses mucho se ha hablado de que estas armas, el medio de destrucción masiva más potente, quedaron fuera del régimen de control, creado por el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (Start III). Este documento, firmado en 2010, estableció los límites para la posesión de ojivas nucleares para las dos potencias más grandes en este aspecto: Rusia y EE.UU. Como EE.UU. unilateralmente prefirió no prolongarlo, el acuerdo que fue uno de los pilares de la seguridad internacional, expiró el 5 de febrero de este año. A pesar de que Moscú propuso varias veces la prolongación de su vigencia sin modificaciones, mientras que las partes trataran de solucionar sus controversias, nada se logró y hasta el momento no hay respuesta de Washington.

Además, la administración de Donald Trump anunció que está evaluando la posibilidad de reanudar los ejercicios nucleares en una u otra forma. Este discurso representa una política deliberada de desmantelamiento de las normas establecidas para prevenir una carrera nuclear, cuyas consecuencias pueden ser bastante graves.

Como si fuera insuficiente, Washington declara que no se limitará al espacio terrestre y buscará dominar el espacio cósmico. Desplegar cualquier tipo de armas o objetos en el espacio ultraterrestre con fines militares constituiría un precedente altamente peligroso y abriría un nuevo capítulo en la carrera armamentista.

Rusia protagoniza esfuerzos internacionales encaminados a la prohibición de la militarización de la órbita de nuestro planeta. Ha presentado varias iniciativas en la ONU con el objetivo de crear un marco legal en lo referido al uso del espacio ultraterrestre. Pero estas iniciativas, al parecer, no coinciden con la lógica prevaleciente en la Casa Blanca.

Sería muy oportuno que los países occidentales se percataran de la necesidad de priorizar el diálogo en vez de actuar de manera unilateral, adoptando medidas que conducen al crecimiento de tensiones en el mundo. El control de las armas convencionales y nucleares, así como la prohibición de instalar armas en el espacio ultraterrestre, requieren atención primordial y una actitud responsable de todos los actores. Al mismo tiempo, es preciso señalar que las negociaciones en este ámbito solo serán exitosas si se basan en la confianza mutua y en el respeto a las preocupaciones legítimas de seguridad de todos los actores. 

* Embajador de la Federación de Rusia en Colombia

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Información adicional

Autor/a: Nikolay Tavdumadze*
País: Mundo
Región: Mundo
Fuente: Periódico desdeabajo N°334, 20 de Abril - 20 de Mayo de 2026

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