Los perros rabiosos del crimen**

Barranquilla, Atlántico, asesinatos, masacres, robos, feminicidios. Entre el 26 y 29 de junio de 2026 se registraron 17 muertes violentas, con lo cual la ciudad suma un total de 113 asesinatos violentos en el mismo mes, según el Sistema de Civil de Alertas. Frente a esta realidad, este relato para desatar la imaginación y la resistencia.

Barranquilla está caliente. Pero no es por su temperatura, siempre cercana a los 30 grados a la sombra. No, Barranquilla está caliente por los niveles de violencia que registra. Cada día las noticias informan de nuevos hechos de sangre. La inseguridad que asecha a su población se siente en robos, extorsiones, sicariato, masacres, pero también en femenicidios.

Esta es una realidad de alto impacto que marca un antes y un después en la capital del Atlántico. Atrás quedaron los días donde se podía vivir acá sin el temor a ser asaltado, amenazado, extorsionado, y producto de ello terminar en el hospital o en “la última morada”, fruto de un asaltante que no se contenta con robarte o someterte a sus demandas. En medio de la desazón, el trago amargo de esta realidad no puede pasarse con un vasado de agua de coco o de zapote en la esquina del Paseo Bolívar, no, la cosa atraganta hasta al más tranquilo: Entre el viernes 26 y el lunes 29 de junio se registraron 17 muertes violentas, para un total de 113 asesinatos en el sexto mes del año. Aterrador.

Sin mencionar las 57 personas que lograron sobrevivir luego de ser lesionadas con armas blancas o de fuego. Según el Sistema Civil de Alertas, en este primer semestre se han acumulado 611 muertes a manos del sicariato, con 7 hechos calificados como masacres durante este mismo año.

La realidad lo evidencia: Barranquilla y su área metropolitana ya no son el mismo “remanso de paz” que nos vendieron de la ciudad durante décadas, las antiguas élites de la ciudad, a quienes hacemos vida desde la otrora “Puerta de Oro de Colombia”. Sus manipulaciones hoy tropiezan con el auge de las redes sociales en celulares y computadoras a la mano de cualquier parroquiano, con lo cual pueden enterarse de otras “verdades”, de otros relatos sobre la realidad que sí vivimos y padecemos. Esta tecnología, sin ser la panacea sí dificulta que nos sigan metiendo los dedos en la boca. Hoy podemos morderlos.

¡Carajo!, necesitamos vivir sin la angustia del asalto a la vuelta de cualquier esquina. La política de muerte implementada por los grupos armados organizados y no organizados para el sometimiento de más de dos millones de personas que habitamos en el Distrito y su área de influencia, es un desafío que no debemos ver como un reality televisivo, sino como una realidad objetiva que se manifiesta de forma cotidiana para no acostumbrarnos a la convivencia con la cultura de la muerte como un espectáculo que se manifiesta ante nuestros ojos como parte del divertimento que pagamos con nuestras propias vidas.

A noche tuve ganas de salir a la calle para enfrentar los perros rabiosos del crimen que sitiaron la ciudad por orden de los amos salpicados de sangre, para apoderarse y saquear la caja fuerte del territorio sangrado en disputa.

Los perros rabiosos, atemorizados por el despertar residente, andan sueltos de madrina por las calles de la ciudad, armando fiestas de sangre por doquier para saciar la sed violenta de sus amos sentados sobre bancos de dinero caliente, salidos del horno corrupto de la urbe, desde donde dirigen, sin remordimiento alguno, ni escozor, el concierto orquestado para delinquir.

Las mafias criminales al servicio del poder hegemónico tienen como una de sus pretensiones, generar pánico en la sociedad con violencia física, económica y psicológica, como parte de una estrategia de elite.

Los perros rabiosos del crimen organizado sistemáticamente en clanes territoriales para ejercer el control de los residentes y sus bienes comunes, entran y salen de la urbe y pueblos circunvecinos como Pedro por su casa, mostrando la carne humana entre sus colmillos afilados de distintos calibres: corto y largo alcance. Forrados de pólvora y metal para atemorizar y destripar cualesquier conato contradictor que osare manifestarse en defensa de la amenazada vida en común.

Van y vienen en sus fechorías sin gran dificultad. El silencio de las autoridades es cómplice, y los medios masivos de comunicación, al servicio propagandístico de la cultura de la muerte, con prensa no amarillista sino con prensa bañada en sangre, ha sido la respuesta irresponsable que interponen las elites, dejando a la ciudadanía a merced del crimen organizado que está suelto, como loco nuevo, en calles, avenidas y carreteras, cómo decía mi abuela acertadamente. Si así es el plato de entrada, ¿cómo será la sobremesa que nos están preparando?

Hay que hacer algo. Antes de tomar tamaña decisión, de enfrentarme a los amos de los perros rabiosos del crimen, tuve que vencer el miedo en múltiples ocasiones y prepararme con demasiada anticipación para no rendirme nunca jamás.

En principio quise emular a los protagonistas de películas y series de los duros de matar, para estar en alertamáximay por encima de la ley, aprovechando la justicia impune, la ausencia o complicidad de autoridades y aplicarles la doctrina del baile rojodurante las festividades, y así, pagarles con la misma moneda y bailarles al son que me tocan.

Luego, complementé, el entrenamiento bélico, con aprendizaje de técnicas del karate, kung-fu, kalari payattu, taekwondo y otras disciplinas milenarias de las artes marciales orientales. Completé el kit con la adquisición de cientos de bozales para cerrar la jeta a tantos perros callejeros que ladran por unas monedas bañadas de sangre.

Protagonizaré la última batalla, morir o vencer a los perros y sus amos. La verdad, estaba inspirado en estos héroes que arriesgan al límite sus vidas, con libertad para morir, enfrentando de manera solitaria, como el llanero, a todo un ejército del crimen organizado, sin recibir siquiera un rasguño, así fuese por accidente.

En medio de esa reflexión de héroes y villanos de la ficción cinematográfica, a la realidad de la ciudad sitiada, por perros rabiosos obedientes al dictamen de los amos del crimen, desistí de esa locura automática.

Enfrentarlos, como héroe del siglo XXI, sin el concurso colectivo de los residentes afectados de la urbe, sin tener en cuenta las condiciones objetivas del monstruoso accionar de la elite mafiosa salpicada de sangre, era un suicidio sin siquiera salir de casa.

Ahí sigo. No he desistido de la idea, pero es menester regar la bola entre los vecinos sin que los perros se enteren que estamos conspirando para arrancarle a nuestros hijos y parientes de las garras de las mafias de cuello blanco. Tampoco es para ponerse a llorar, ni mucho menos, es para que la sociedad en su conjunto se pare en la raya contra el crimen organizado y las instituciones del Estado local y nacional que poco o nada hacen por revertir el estado de cosas.

No obstante, esta noche nos hemos organizado y armado hasta los dientes.

Conformamos bandas de pinceles para dibujar en las paredes un plan juvenil de vida que le cambie el color al territorio. Orquestamos la marcha de los libros como homenaje a la sociedaddelospoetasmuertosen las bibliotecas cerradas por los perros rabiosos. Cantamos en los buses las melodías de sueños futuros que no programan en las emisoras. Regamos la bola para volver a las calles a sembrar la esperanza en los corazones temerosos. Apenas iniciamos.

Lo cierto es que la elite de amos salpicados de sangre, han quedado viendo un chispero, y los perros rabiosos están un poco desconcertados. No esperaban que los residentes iniciáramos juntos un camino en defensa de la vida.  

** Breve relato sobre violencia criminal.

* Comunicador social-periodista. Artista del teatro y escritor. Artivista sociocultural.

Información adicional

Autor/a: Edwin Doria*
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Fuente: Periódico desdeabajo Nº267, julio 17 - agosto 17 de 2026

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