En medio de la evidente violencia estructural que no logra vencer la alegría de los habitantes de Buenaventura, Sacerdotes se reunieron durante cuatro días en ese lugar con la memoria viva del Obispo Gerardo Valencia Cano, llamado por sectores del establecimiento el “Rojo”, en IV Encuentro del Movimiento de Sacerdotes de la Iglesia de los Pobres (Msip).
En recorridos barriales escucharon y observaron de primera mano las operaciones de control de las estructuras armadas de los Shottas y Espartanos, estructuras herederas del paramilitarismo, conformada por niños y jóvenes mayoritariamente de raza negra. Un fenómeno que deviene de la desmovilización del Bloque Calima y Libertadores que operaron desde el 2000 con la omisión, complicidad y tolerancia de la fuerza pública. Ni la acción judicial ni la militarización han resuelto una situación que urde sus tentáculos en centros de poder de Cali, de Medellín y Bogotá, y del mercado internacional de armas, de tráfico de drogas, de la minería.
Esa misma injusticia estructural que denunció en 1968 Gerardo Valencia Cano “se impone un cambio de estructuras, pero no se debe acudir a la violencia armadas… que múltiplica los problemas humanos, ni a la violencia pasiva inherente a las estructuras actuales que deben ser modificadas”, está detrás como una de las causas que explica la situación presente. Mientras en Bogotá, los políticos conciben estas estructuras como simples bandas. La iglesia de base ha vivido, en medio de la violencia estructural, observando la insurrección armada con operaciones de la extintas Farc y el Eln antes de los 90 y hasta mediados del 2000, las guerras de estas contra la estrategia paramilitar, las casas de pique. Ellos saben que se trata de algo más profundo. Es la tragedia del paso de 23 millones de toneladas de bienes y servicios que pasan por allí, y que para los habitantes de Buenaventura solo quedan las armas, los residuos monetarios y la profundización la miseria.
Aunque el gobierno del Cambio incumplió muchas promesas, lo más delicado es la frustración de un proceso de paz. Este se fue consolidando hasta diciembre del 2023, con la participación activa, el marco de sujeción judicial y los asuntos temáticos de las Conversaciones Socio Jurídicas que se iban a suscribir públicamente. Esa paz quedó refundida con los giros de Petro. Hoy, los anuncios autoritarios del presidente De la Espriella que excluye el diálogo son parte de las profundas preocupaciones de la población bonaverense que fue escuchada por el Movimiento de Sacerdotes de la Iglesia de los Pobres.
Nos acercamos a Henry Ramírez Soler, unode los sacerdotes para ahondar en el Movimiento y sus interpretaciones.
A: ¿Cuál fue el origen de este movimiento y sus propósitos?
HRS: El Cuarto Encuentro del Msip se enmarca en el proceso de la construcción de un sujeto social y político católico que agrupa a sacerdotes inspirados en la teología de la liberación, en la espiritualidad de Gerardo Valencia Cano, en los mártires y profetas latinoamericanos y colombianos como Álvaro Ulcué, Teresita Ramírez, Camilo Torres. Un movimiento que lee y entiende la realidad desde la fe como una experiencia transformadora y liberadora.
El movimiento tiene un propósito de construir un sujeto colectivo social y eclesial y católico. Otro objetivo es ser un apoyo para sacerdotes que están en distintas regiones de Colombia asumiendo un compromiso de acompañamiento a comunidades campesinas, indígenas, afros, que están construyendo propuestas de paz en sus territorios, que exigen sus derechos, por lo tanto, el movimiento es un apoyo afectivo, técnico, social a los sacerdotes que están en estas regiones o que estamos trabajando en distintas áreas de la construcción por la paz. Un tercer objetivo es ser una voz que dialogue generando reflexiones teológicas, pastorales y sociales sobre lo que está pasando en Colombia y que ilumine los procesos de transformación social, política, cultural y, obviamente, religiosa y teológica en Colombia.
Un elemento importante en la caracterización del Msip, es que priorizamos un sujeto particular que son los sacerdotes, pero no somos un movimiento exclusivo y excluyente, no estamos cerrados, pero digamos que nuestro sujeto, al que queremos llegar, también como una expresión de formación de nuevos sacerdotes en perspectiva de la Teología de la Liberación. Y creemos que en ese sentido la Iglesia de los Pobres, al ser diversa, tiene distintos miembros, sacerdotes, mujeres, laicos, laicas, grupos, y digamos que nuestro sueño es que se generen distintos procesos de la Iglesia de los Pobres y que en ese sentido podamos confluir definitivamente en ella.
A: ¿Qué es hoy la iglesia de los pobres? ¿Es un sector social? ¿Qué sucede con otros sectores?
HRS: La Iglesia de los Pobres, o el movimiento, es ese sector de la Iglesia que ha respondido concretamente a los llamados de los últimos papas, del Papa León, ahora, y del Papa Francisco en conexión con el concilio Vaticano II, por una Iglesia en salida, por una Iglesia con olor a oveja, que se encarne en las realidades del pueblo, que acompaña las realidades de exclusión, de marginación, de empobrecimiento, de destrucción del medio ambiente; una Iglesia que esté preocupada por lo que está sucediendo hoy en el mundo en términos de injusticia.
Efectivamente, es un sector social, pero no una disyuntiva entre pobres y ricos, sino por la construcción de un modelo de sociedad equitativa, donde todos y todas tengan lo suficiente para vivir, que respete la creación, donde los procesos de acumulación no generen hambre ni exclusión, y donde efectivamente todos puedan tener el pan en sus mesas. Entonces, no solamente se entiende como un sector social, sino como la construcción de un modelo social que permita que todos los seres humanos vivan y vivamos en dignidad.
A: ¿En ese ser y hacer, cómo retoman a Golconda y a las Comunidades Eclesiales de Base (Cebs)?
HRS: Golconda y las Cebs son fuentes inspiradoras.En ese sentido son memoria e historia para el trabajo de base hoy en comunidades concretas en sus realidades. Hoy esa identidad es asumida por ese puñado de sacerdotes como un proceso de construcción de praxis y teoría que reconoce su emocionalidad y la de los sectores populares, que van siendo conscientes de transformaciones estructurales.
A:¿Los fundamentos teológicos del Msip son los de la teología de la liberación? ¿Hay ajustes en sus orígenes?
HRS: La teología de la liberación, como todo proceso, como todo movimiento, ha tenido su evolución. Hoy tenemos lectura popular y comunitaria de la Biblia, tenemos lectura campesina de la Biblia, tenemos lectura feminista de la Biblia, lectura juvenil de la Biblia, lectura de los derechos humanos desde la Biblia, y esos son evangelios cotidianos que fueron evolucionando, y son prácticas de la teología de la liberación.
Algunos sectores hablan de que la teología de la liberación murió. No, la teología de la liberación fue teniendo desarrollos en distintas áreas, que se fueron expresando de diferentes formas pastorales, como las que acabé de mencionar. Hoy, por ejemplo, tenemos un gran desarrollo bíblico en torno a la protección del medio ambiente. Al inicio de la teología de la liberación, en los años sesenta y setenta, esta parte no estaba tan elaborada. Hoy tenemos una gran y vasta reflexión teológica pastoral en torno a la protección del medio ambiente, y podemos decir que son las evoluciones necesarias.
Entonces, obviamente, la teología de la liberación va teniendo sus ajustes. Hoy asumimos el sentido emocional, del cuidado propio, los excluidos, la madre tierra. Son neuvas dimensiones profundizadas Observamos con mayor claridad cómo los modelos extractivos de minería, de petróleo, de madera, están asociados no solamente a la destrucción del medio ambiente, sino también a un modelo económico devastador y destructivo. Por lo tanto, es necesario asumir la conexión entre protección del medio ambiente, derechos humanos y fe.
A: ¿Quiénes son los pobres a los que se orientan su mensaje? ¿Son los mismos de los políticos en campaña?
HRS: Cuando hablamos de opción por los pobres, nos referimos a un sujeto teológico, político y social. Son quienes sufren la explotación, quienes padecen los rigores de un modelo económico devastador, excluyente, que destruye la naturaleza. Nosotros entendemos a los pobres no como beneficiarios de una acción pastoral, sino como sujetos constructores de su mismo proceso de transformación, de liberación y de fe.
Los pobres no son aquellos sujetos pasivos que esperan una atención pastoral, una acción de caridad en la iglesia; no, ellos se entienden como esos sujetos transformadores de construcción del proyecto equitativo de Dios. Y por eso, de alguna manera, creemos que no son los mismos de las campañas políticas o de los políticos en campaña, porque los pobres son los beneficiarios de subsidios, los que van a recibir. Aquí entendemos un ser humano que es capaz de transformar sus realidades y construir colectivamente, qué es critico, y no cree que sea del seguimiento a Jesús, extirpar.
Entonces, creo que nos distanciamos profundamente de esa noción de pobres o, por ejemplo, lo que entendemos simplemente como quienes están embarriados, empobrecidos, sino también ese sujeto que es capaz de pensarse a sí mismo y ser sujeto de liberación.
A: En las recientes elecciones hubo varios mensajes en que los emisores fueron pastores y sacerdotes que se identificaron como de respaldo a la extrema derecha, y tienen arraigos en sectores populares, ¿eso no es contradictorio?
HRS: Pues es contradictorio, sí, pero hace parte de una estrategia que no solamente vemos en Colombia, sino a nivel mundial. En efecto, hay sectores de poder ultraconservadores que utilizan una teología, un discurso religioso, que manipulan la emocionalidad en la fe para captar el apoyo en todos los sectores, en especial en sectores empobrecidos.
Obviamente que es contradictorio, porque toda experiencia de fe, no solamente en la teología católica, sino en otras experiencias de fe, el mensaje de Jesús es el mismo, es claro, es un mensaje por la liberación total, por la construcción de la paz, por la dignificación de la vida de las personas enfermas, de las personas en situación de marginación, de construcción de un sujeto colectivo, una comunidad eclesial que es capaz de servir al otro, de partir el pan, de repartir los bienes y distribuirlos según las necesidades de cada uno, como lo manifiesta el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Y, justamente, estos sectores de poder que manipulan el Evangelio construyen narrativas muy bien elaboradas desde el marketing político-religioso que inducen a las personas a creer en un falso mesianismo que, de alguna manera, se aleja de la propuesta evangélica de Jesús de Nazaret. Y, obviamente, es contradictorio, pero digamos que esas contradicciones son las mismas que vio Jesús en su momento. Le preguntan al pueblo a quién liberar, si Barrabás o Jesús, y terminan escogiendo a Barrabás.
Es parte del ejercicio de manipulación que ejercen las estructuras hegemónicas y de poder que pretenden mantener el status quo. Entonces, hoy vemos cómo sectores ultraconservadores en la Iglesia se posicionan. Justamente estamos en estos días en la Iglesia viviendo un nuevo sismo que parte de un sector lefebrista al ordenar cuatro obispos sin la autorización y sin la comunión eclesial con el obispo de Roma.
Pero esas posturas religiosas y teológicas de la Iglesia coinciden con posturas políticas de la ultraderecha mundial. Entonces, lo que vemos es una coincidencia entre estos dos modelos, con un sector al interior de la Iglesia que esgrime una defensa supuesta de la tradición, de los valores de la familia, de la identidad, todas esas cosas. Esto hace parte de una estrategia mundial para posicionar un discurso de odio, un discurso excluyente con un ropaje de identidad y defensa de la tradición.
A: ¿Cuáles son los elementos centrales de la incertidumbre que mencionan, y cuál es el centro de su acción en este nuevo momento del país?
HRS: Sí, el Msip ve en estos momentos un ambiente de incertidumbre por el nuevo contexto político y social que se construye en el país con la elección de Abelardo de la Espriella como presidente. Sus discursos de campaña, para nada ambiguos sino claros en defensa a ultranza de unos valores supuestamente católicos y familiares, de una acción en contra de la naturaleza promoviendo el fracking, de una acción de apoyar regímenes internacionales que promueven el genocidio, las invasiones, los bombardeos, de una reducción del 40% del Estado y de aplicar modelos económicos, como en Argentina, que ya hemos visto que generan grandes impactos negativos a la sociedad, pues generan unos sentimientos de incertidumbre en las comunidades que los asustan, o el mismo hecho de decir que va a volver la mano dura para afrontar los problemas estructurales de violencia que vive Colombia. Esto genera una incertidumbre en muchos sectores, porque no sabemos qué puede pasar.
La personalidad de Abelardo de la Espriella también deja mucho que pensar, porque es un autoritarismo con sus propios sesgos, porque aún no dimensionamos hasta dónde va a manipular el espíritu creyente. Entonces, ese es el sentimiento que percibimos y por eso nuestro mensaje como sacerdotes de la Iglesia de los Pobres es la construcción de la esperanza crítica, sin ingenuidades, como una expresión comunitaria que se enraiza en los territorios, una esperanza que no es pasiva, que es paciente. Se construye alternativas, que no descarga sus esperanzas en un momento coyuntural, sino que mira más hacia adelante, al mismo tiempo que no deja de mirar lo ya hecho.
Entonces, es reconocer las dificultades de este momento, pero saber que al tiempo de nuestra utopía, que es la del proyecto de Dios, va la de los movimientos sociales, su agenda, que va más allá de las reformas, que va más allá de la transformación de un Estado, y es por la construcción de una sociedad en justicia, en dignidad, en paz con todos los seres humanos y con los seres de la naturaleza.
Es un mensaje de acción, de diálogo. un mensaje de la capacidad de seguir tejiendo un movimiento social por la paz; es la capacidad de construir y articular un movimiento social en búsqueda de las transformaciones que necesita este país para encontrar un camino en el que todos y todas contemos con condiciones de vida dignas.
A: Al referirse a las violencias armadas sostienen que la guerra termina siempre por destruirse a sí misma, ¿cómo sostienen esa afirmación al estar en Buenaventura Urbana y Rural?
HRS: La violencia termina destruyéndose y destruyendo todo. Y efectivamente, lo que vemos en Buenaventura, tanto urbana como rural, son dinámicas de violencia que llevan a las mismas clases empobrecidas a ser factores de una violencia que no tiene su origen en ellas mismos, sino que son factores externos de intereses macroeconómicos y geopolíticos que utilizan la violencia para implantar modelos de desarrollo contrarios a los modelos de las comunidades. Entonces, en esa lógica y dinámica la violencia es y seguirá siendo un factor que se retroalimenta, que de su mano no hay paz posible, pero que sí destruye la vida de las comunidades de la naturaleza. Tenemos que salir de la esfera de la violencia para poder construir un proyecto distinto.
Porque en sí misma la violencia tiene como fin destruir y, definitivamente, la destrucción no es el camino para salir de la violencia; la vía es una propuesta que nos permita construir desde los territorios, y eso es un poco lo que hemos visto algunos de nosotros en Buenaventura.
A: Recientemente se conoció que el nuevo gobierno dará vía libre a la minería y el fracking en el páramo de Santurbán, la Iglesia de esa zona o del país no se ha pronunciado, ¿ustedes qué piensan de esa situación?
HRS: Los pronunciamientos de la Iglesia frente al fracking en Sarturbán, nos angustian. Las Iglesias locales efectivamente no se han pronunciado, y en ese sentido creemos que las Iglesias locales también toman sus tiempos para reflexionar, más que sobre anuncios, sobre hechos. Creo que habrá que esperar un poco después del 7 de agosto para ver cómo las Iglesias locales se pronuncian.
Esperamos que se tome el ejemplo de las Iglesias y de la Iglesia Católica en Panamá que ha asumido una postura bastante firme y fuerte frente a los proyectos mineros, petroleros. Normalmente los obispos y otros sectores de Iglesia se han tomado tiempo para expresarse. De nuestra parte, como sacerdotes de la Iglesia de los Pobres, estamos desde hace muchos años en contra de la destrucción del medio ambiente, en sintonía con lo que ha afirmado el Papa Francisco y ahora el Papa León en sus distintos pronunciamientos en defensa de la creación.
A: En su comunicado hablan del amor eficaz y de un cambio no violento, expresiones de Camilo Torres y de Gerardo Valencia Cano, ¿cómo afrontarían eventuales señalamientos en una sociedad tan polarizada?
HRS: Efectivamente, no es una eventualidad de afrontar señalamientos. Ya hoy hemos tenido varios señalamientos de ser camilistas extremos, de estar asociados con la violencia, de estar asociados a determinado grupo armado. Pero nuestras fuentes inspiradoras están en el Evangelio, en la vida de Camilo y de Gerardo como expresiones de transformación social más allá de la violencia. Es decir, comprendemos que la violencia no es una forma de transformación social. Nosotros sí estamos por la búsqueda de una salida dialogada al conflicto armado colombiano, y de todas las violencias armadas, sí estamos como un actor que promueve el diálogo para la resolución del conflicto con los distintos actores armados, diferenciada, claro está, pero eso no quiere decir que estemos legitimando la violencia.
¿Y cómo la vamos a afrontar? ¿Cómo afrontamos esta estigmatización? Asumiendo la defensa de las comunidades, especialmente como la comunidad de San José de Apartadó, y otras expresiones de paz y de no violencia, que se hacen en Buenaventura, y otras partes del país. Comunidades transformadoras autocríticas, liberadoras y críticas. Nuestra espiritualidad en Gerardo Valencia Cano, en Camilo Torres, en Álvaro Ulcué, no quiere decir que estemos haciendo parte de una estrategia armada, estamos del lado sí de la dignidad y la paz con justicia social y ambiental.


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