Los grandes mensajes de De la Espriella

El gobierno de Abelardo de la Espriella (Adle) comienza con mensajes optimistas, y anuncia que los males del país se resolverán durante estos 4 años. La Patria Milagro iluminada por la divinidad garantizará el cumplimiento de los sueños.

Facticidad y validez

Discursos como el de Adle son usuales en todos los gobiernos. Proponen cambios maravillosos, que son intrínsecamente válidos. Pero esos imaginarios siempre tienen las dificultades inherentes a la facticidad. El texto de Habermas, Facticidad y validez, analiza la tensión que de manera inevitable se presenta entre los propósitos ideales del discurso y sus posibilidades de cumplimiento. De la Espriella, como sucedió con Petro, y con los anteriores gobernantes, se enfrentará con realidades que difícilmente puede modificar. En el mejor de los casos, frente a las metas ambiciosas del discurso, los logros de su gobierno serán modestos.

“En un sistema político sometido a la presión que ejerce la complejidad de la sociedad, estas restricciones se manifiestan en crecientes disonancias cognitivas entre las suposiciones de validez del Estado democrático de derecho y las formas del decurso efectivo del proceso político” (subrayado añadido)1.

Es inevitable que haya “crecientes disonancias cognitivas” entre los ideales democráticos del Estado, y la forma que toma en la práctica la dinámica política. El gobernante –cualquier gobernante–siempre se quedará corto frente a sus promesas.

Esta advertencia de Habermas evita que la discusión se centre en la bondad intrínseca de los mensajes del presidente. Basta un ejemplo. La proclama ¡Viva Cristo Rey!, con la que terminó su discurso de posesión, es aceptada por un grupo numeroso de católicos, así que la consigna tiene validez en sí misma. El problema no radica en pedir la protección de Cristo Rey, sino en su pertinencia. Es inaceptable que este llamado a la divinidad lo haga el Presidente de un país en el que se supone que hay igualdad entre los diferentes credos religiosos. De todas maneras, más allá de la autenticidad que pueda tener la proclama, su facticidad es imposible de comprobar. Los milagros de Cristo Rey nunca tendrán realidad práctica.

Adle ha invocado la ayuda de Dios para resolver, por lo menos, los siguientes problemas: (i) paz, (ii) inversión, (iii) salud, (iv) descentralización y (v) fiscalidad. La generalidad del discurso evita que haya discusión sobre su validez. Todos quisiéramos que se logre la paz, que aumente la inversión privada, que se amplíe la cobertura y la calidad de la salud, que las regiones sean más autónomas y que los problemas fiscales no se agudicen. Presentado de esta manera, el discurso del Presidente es intrínsecamente válido. Las divergencias comienzan cuando se analiza el cómo. Es decir, cuando se aterriza en el terreno de lo fáctico.

Las proyecciones que recibe Adle

Para entender el contexto macro en el que se debe mover De la Espriella, vale la pena traer a colación el Marco Fiscal de Mediano Plazo (Mfmp). Aunque estas proyecciones nunca se cumplen, ilustran la visión que tiene el Gobierno sobre el futuro de la economía en los próximos 10 años. No obstante su fragilidad, al Mfmp se le da demasiada importancia en las decisiones de la política pública. Recientemente, los errores más significativos han sido en la estimación del dólar y del precio del petróleo.

Los grandes mensajes de Adle

(i) La paz total fracasó. Esta percepción es cierta. El problema para Adle es cómo lograrla. Hasta ahora, ninguna de sus propuestas ha sido convincente. En el futuro, cualquiera que sea la alternativa, debe tener presente estos elementos: (a) La violencia carga una dimensión territorial que tiene que ser considerada de manera explícita. La criminalidad urbana es muy diferente a la ejercida por los grupos armados que controlan áreas significativas del territorio. La producción de coca y de minería ilegal es una manifestación del caos territorial. (b) El prohibicionismo nunca ha dado resultados, así que este camino no es el adecuado. (c) La acción militar es insuficiente. En las zonas de conflictos el Estado tiene que llegar con proyectos agroindustriales ambiciosos, acompañados de servicios (educación, salud, asistencia técnica…), crédito e infraestructura pública (vías, riego, acueducto…).

(ii) La inversión privada debe coordinarse con la pública. No basta con la inversión privada. Tiene que estar articulada a la pública. Tiene razón Adle cuando afirma que se ha recuperado la confianza inversionista. Los gremios y los empresarios sí estaban molestos con el discurso agresivo de Petro. Con De la Espriella se activarán proyectos que se habían aplazado, sobre todo en el sector energético. Pero el crecimiento de la inversión privada se encuentra con tres limitaciones estructurales. Primero, el bajo crecimiento del PIB, que de acuerdo con el Mfmp no superará el 3%. Segundo, el poco margen del gasto y de la inversión pública, debido al aumento de la deuda. Y, tercero, el déficit en las balanzas corriente y comercial. Si la dinámica de las importaciones es mayor que la de las exportaciones, la producción nacional se debilita. De acuerdo con las proyecciones, el desbalance en cuenta corriente se mantendrá hasta el 2037.

(iii) La salud exige un cambio radical. Durante Petro la atención en salud se deterioró. Adle tiene que recomponer el sistema, de tal forma que la articulación pública/privada mejore la prevención, la cobertura y la calidad. El reto es enorme. Las intervenciones del gobierno empeoraron la situación. Sin duda, la Unidad de Pago por Capitación (UPC) es insuficiente y tiene que aumentar. Al mismo tiempo, es necesario mejorar la eficiencia y los controles para evitar la corrupción.

El primer paso es mejorar los sistemas de información y, el segundo, buscar los mecanismos institucionales que permitan alinear los incentivos de los agentes que participan en el proceso, de tal forma que apunten hacia la misma dirección.

(iv) La descentralización debe ser una prioridad. Adle le está dando relevancia a la descentralización, pero sus mensajes se han centrado en las grandes ciudades, Medellín, Barranquilla y Cali. Para que se logre la convergencia regional, la descentralización tiene que pasar de las ciudades al territorio. Este es el espíritu del Acto Legislativo 03 de 20242. El problema no está en las grandes ciudades, sino en la descoordinación territorial. Las brechas significativas no se presentan entre Bogotá y Barranquilla, sino entre Bogotá y Vichada. O entre Barranquilla y Quibdó.

(v) Es necesario congelar el gasto. Este mensaje de Adle es irreal. Ningún milagro podrá reducir el gasto público. El Mfmp supone que para el 2037 el déficit del Gobierno Nacional Central (GNC) será de -2,7% del PIB, y el balance primario (sin intereses de deuda) será positivo en 1,2%. Estas proyecciones son ingenuas. El desbalance y el saldo de la deuda pública no se reducirá al 57,3% del PIB, sino que continuará aumentando. Estas tendencias no se contrarrestan disminuyendo el gasto, sino con una reforma tributaria que involucre, de manera conjunta, a la Nación, los departamentos y municipios. Y, en todo caso, el manejo del gasto tiene que ser más eficiente.

La realidad es tozuda. Y las simples palabras no logran romperla esa certeza. 

1 Habermas Jürgen, 1992. Facticidad y validez, Trotta, Madrid, 1998, p.

2 República de Colombia, 2024. Acto Legislativo 03. Por el cual se fortalece la Autonomía de los Departamentos, Distritos y Municipios, se modifica el Artículo 356 y 357 de la Constitución Política y se dictan otras disposiciones. Segunda vuelta, Gobierno Nacional, Bogotá.

[email protected] / 11 /08/26

Información adicional

Autor/a: Jorge Iván González
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo Nº338, Agosto 17 - Septiembre 17 de 2026

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