Evangélicos sionistas, una realidad peligrosa 

El profesor Moisés Wasserman, judío sionista, en un artículo para El Tiempo, (viernes, 4/09/26, “Teorías conspirativas y odio”) dice que Gustavo Petro se ha dicado a difundir teorías conspirativas “contra los judíos”, que son: que los incendios en el Tolima han sido propiciados por los israelíes, como en la Patagonia, para ampliar el “Gran Israel”; que Palantir es una empresa de vigilancia masiva, y que hay una alianza “neo-evangelista-sionista para destruir el catolicismo y a la civilización occidental”. En todo eso hay algo de verdad, en estas notas nos referiremos a los evangélicos sionistas como parte de la gran alianza, Trump, Netanyahu, iglesias evangélicas y gobiernos adscritos a esas posiciones.

Existen iglesias evangélicas, pentecostales y neo pentecostales, y también el llamado pentecostalismo popular, aunque es evidente que el pentecostalismo como movimiento es muy popular, y que según historiadores de esas iglesias se han nutrido de los “de abajo”, de las migraciones internas y externas, de los excluidos, de los presos, desempleados y pensionados, lo que no quiere decir que no participen sectores de clase media. Los neo pentecostales son los llamados carismáticos, pero no son lo mismo. 

Y dentro de los evangélicos existe una tendencia sionista. No todo el mundo cree que así sea, por lo cual algunos lo consideran teorías conspirativas –como Wasserman–, otros dicen que no existen, otros que si los hay y hacen parte del plan de expansión de Israel por América Latina y el Caribe. No necesariamente el “Gran Israel”, al que se refiere Petro, pero sí a otros planes como el “acuerdo de Isaac” o la resurrección del Plan Andinia.

Se llama evangélicos sionistas a las iglesias que apoyan firmemente a Israel y el retorno de los judíos a la “tierra santa”. Se trata de un movimiento que cuenta con millones de seguidores en los EEUU y de importancia creciente en América Latina. Estas iglesias creen que la fundación del Estado de Israel en 1948, no fue solamente un hecho político sino el cumplimiento de las profecías bíblicas. Bajo su enfoque, llamado dispensacionalismo, sumen que la reunión de los judíos para la “reconstrucción del templo de Jerusalén” es obligatorio para la llegada del apocalipsis, el Armagedón y el regreso de Jesús a la Tierra.

Todo el que apoye a Israel será bendito, todo el que lo critique será maldecido. Son muy fuertes en los EE.UU., y más ahora con Trump y el Partido Republicano –a través del Christians United for Israel. Y por medio de esa presión mantienen el apoyo político financiero y militar a Israel. 

En la medida en que las iglesias evangélicas fueron avanzando y ampliándose por América Latina y el Caribe, se fueron transformando en iglesias con poder político y financiero, y su alianza con Israel ha transformado puntos de vista políticos respecto a la política exterior de varios Estados. Esa política se expresa en la posición de pasar las embajadas de Tel Aviv a Jerusalén reconociéndola como capital de Israel, cuando en realidad la capital es Tel Aviv, y al hacerlo rompen los consensos internacionales respecto al estatus de Jerusalén, territorio del cual terminan desconociendo su valor histórico como lugar sagrado para tres religiones: cristianismo y el valor del santo sepulcro; el islamismo, y la mezquita de al-aqsa allí ubicada, el tercer lugar más sagrado para los musulmanes, detrás de Medina y la Meca; y el judaísmo, con el monte del Templo. Pero sucede que los gobernantes sionistas fascistas de Israel quieren destruir la Mezquita musulmana con el argumento de estar levantada en el sitio donde debe llevarse a cabo la reconstrucción del Templo de Salomón, al que aluden los evangélicos sionistas como una de sus tareas.

En esa dinámica geopolítica, el gobierno de Jymi Morales, Guatemala, trasladó la embajada a Jerusalén, lo mismo hizo Honduras, bajo mandato del narcotraficante Orlando Hernández; en Argentina, con Milei, es su pretensión; De la Espriella presidente de Colombia, ya ordenó retirar el consulado colombiano en Ramala, Cisjordania. Y todos parecen no darse cuenta que Jerusalén Oriental debe ser la capital de Palestina.

Durante un tiempo, sobre todo con los gobiernos militares en América Latina, que fueron formados en la Escuela de las Américas y que aplicaron el antisubversivo Plan Cóndor contra el comunismo, o lo que para ellos eso significaba. Esas posiciones fascistas fueron apoyadas por los católicos conservadores derechistas y fascistas. Esto pasó con Pinochet en Chile en 1973, y también con las dictaduras del Cono Sur, que justificaron su brutal represión y control ideológico con la “defensa de la civilización occidental y cristiana”, amenazada por el “marxismo ateo” representado por la extinta Unión Soviética.

En las décadas de 1960 y 1970, como es conocido, al interior del catolicismo surgieron posiciones de izquierda al amparo del Concilio Vaticano II, entre ellas la Teología e la liberación y las Comunidades Eclesiales de Base. Además, en Brasil, en el encuentro de “pastorales obreras” una gran mayoría de los participantes se identificaban con el PT y la izquierda, lo mismo sucedió en Argentina con el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, y en Colombia con el movimiento Gioconda.

Como contraposición a este giro católico, en esas décadas se multiplican las Iglesias evangélicas, que comienzan a adoptar la visión fundamentalista cristiana de las Iglesias al sur de los EE.UU. Sus bases ideológicas residen en la estrecha relación entre religión y política, algo típico de los EE.UU, o la alianza de las Iglesias evangélicas y los gobiernos, alianza concretada hoy entre los evangélicos sionistas y el gobierno de Trump. Es un nuevo tipo de fascismo, surgido en el país del norte no en esta región, por lo que es bastante fuera de lugar que los evangélicos sionistas busquen alianzas estrechas con el poder político para ir construyendo repúblicas pentecostales de corte teocrático y fascista.

Es el caso de Brasil, donde los evangélicos –que son muy poderosos– construyen las alianzas con la familia Bolsonaro y logran poner un presidente, y ahora pretenden poner otro. O la presencia evangélica en la Argentina, en especial los sionistas, base social de Milei. La presencia de los evangélicos en Centroamérica no es para despreciar: en Guatemala, El Salvador y Honduras, todos ellos evangélicos sionistas y quienes pretenden que Israel tenga presencia esencial en esta región. También está el caso de Nicaragua y Costa Rica. Un país donde es bastante claro la alianza del evangelismo sionistas y los partidos y bandas fascistas es en Bolivia, demostrada durante el golpe de Estado de los fascistas y la señora Añez, y hoy con todas las movidas de Fernando Cerimedo. En Perú, Ecuador y Venezuela, en Paraguay y algo en Uruguay y México. Y en Colombia, dos momentos: con Uribe y ahora el peligroso neofascismo de Adle. 

Información adicional

Autor/a: Pedro Miguel Tapia
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo Nº339, Septiembre 17 - Octubre 17 de 2026

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