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Crisis del Estado peruano

Germán Ardila

Germán ArdilaLa colonialidad (1) del poder fue el patrón mundial de poder. Como el resto de los Estados en América, Perú fue creado verbal y formalmente según el modelo francés de Estado-nación con algunas diferencias. Su noción de ciudadanía no fue entendida como conjunto de derechos sino como privilegio reservado a los criollos descendientes de los españoles. Los pueblos originarios –tres cuartas partes de la población en 1821–, con su modelo de vida, fueron excluidos de la naciente república y tratados como inquilinos en su propio suelo. Una realidad que marca el pasado y el presente de este país.

No hay en Perú una nación sino muchas, entendidas como sinónimo de pueblos, culturas, lenguas, patrias o sangres, según la feliz metáfora literaria de Perú propuesta por José María Arguedas en su novela Todas las sangres, que publicó en 1964. Una nueva Constitución que reconozca de hecho la plurinacionalidad del Estado es sentida como una necesidad por los movimientos políticos indígenas. Ante la posibilidad de convocar a una nueva Constituyente, que anunció el candidato presidencial Ollanta Humala, la clase política reaccionó acusándolo de ser antisistema (2). Por ahora, los indígenas no tienen condiciones para cambiar la correlación de fuerzas; carecen de aliados y están lejos de constituir un bloque político alternativo.

En todo caso, con más del 70 por ciento de los 200 conflictos actuales derivados de la voracidad y los intereses de las grandes empresas multinacionales mineras, de gas, oro y petróleo que tienen títulos de propiedad de concesiones y que convierten el territorio peruano en casillas de un tablero de juego, el actual modelo de desarrollo capitalista del país y del Estado enfrentará problemas. Cómo no, ante las extraordinarias ganancias que deducen la pequeña proporción de impuestos para el Estado, la destrucción de la biodiversidad amazónica y de las fuentes de vida y cultura de los pueblos indígenas, la contaminación de las aguas en las cuencas de los ríos y de la conversión del Lago Titicaca en un pantano. Desde las rebeliones de Bagua en la Amazonia, en 2009, y la reciente de la nación aymara en el altiplano de Puno, en mayo y junio de 2011, las cartas están sobre la mesa. Corresponde a los pueblos indígenas encarnar la esperanza de la vida en condiciones demasiado adversas.

El segundo gobierno de Alan García Pérez desconoció los títulos de las comunidades nativas de la Amazonia peruana para entregar sus tierras a las empresas multinacionales de petróleo, gas, oro y madera, a través de concesiones inscritas en los registros públicos de propiedad.

Nunca como ahora, las empresas multinacionales tienen más blindados sus contratos y no aceptan cambios que las perjudiquen. El artículo 63 de la Constitución vigente –aprobada por la dictadura de Fujimori, en 1993– dice: “La inversión nacional y extranjera se sujetan a las mismas condiciones”. ¿Habrá otro país que otorgue parecido privilegio al capital extranjero? Este florecimiento capitalista es favorecido por la cuasidesaparición de la izquierda y las gravísima crisis de los partidos políticos.

Desde los extremos de la dictadura militar velasquista (1968-1980), del totalitarismo de Sendero Luminoso (1980-2000) y del neoliberalismo capitalista de Alberto Fujimori (1990-2000), el espacio de una izquierda democrática quedó dinamitado. La división y el caudillismo de las muchas organizaciones de izquierda fue su propia contribución para diluirse.

Luego de la caída del Muro de Berlín y el naufragio de la Unión Soviética, con las recetas del llamado Consenso de Washington, en práctica por todo el mundo, Perú tiene una fase de expansión capitalista que sigue el viejo patrón de exportación de materias primas con China e India como extraordinarios compradores con altísimos precios nunca vistos (ver recuadro).

Marcas del Estado

En su origen, la formación del Estado republicano fue relativamente paralela al surgimiento del capitalismo en la esfera de la producción a través de pequeños bolsones en complejos agroindustriales de azúcar y algodón, empresas mineras y algunas industrias, y asimismo a la aparición de un par de bancos directamente ligados al comercio externo e interno. El grueso de la población se mantuvo en el régimen servil de las grandes haciendas y dentro del sistema de reciprocidad en las comunidades andinas, herederas de los antiguos ayllus incas.

Como un aproximado de qué significa desconocer la realidad y partir de un modelo europeo, basta saber que la Constitución boliviana de 1825, la primera de la naciente república, fue redactada por Bolívar y sus amigos en Lima, sin tener idea de lo que era ese país poblado por naciones diferentes. En Perú, la propuesta de un Estado plurinacional parecido al de Bolivia se formula sólo por los movimientos políticos indígenas, mientras la clase política mira de reojo. El bloque político en el poder, articulado por los intereses de las empresas multinacionales y sus socios, no tiene necesidad de cambiar la Constitución de 1993 porque es su Constitución.

Perú nunca tuvo una revolución burguesa como la europea; los capitalistas supieron establecer sólidas alianzas de largo plazo (1821-1969) con los terratenientes hasta que esa servil vieja clase colonial se agotó y se extinguió luego de un siglo de luchas por la tierra entre 1888 y 1990.

En las elecciones ‘democráticas’, únicamente podían votar hasta fines del siglo XIX quienes pagaban impuestos y sabían leer y escribir. Dictaduras militares y civiles han gobernado el Perú en el 70 por ciento del tiempo republicano, sin tener nunca regímenes democráticos continuos de más de 15 años. La última dictadura es la de Alberto Fujimori (1992-2000), condenado por la Corte Suprema a 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad. Una vez civilizados los protopobladores, fueron vistos como ‘tradicionales’ y, en consecuencia, debían modernizarlos. Ya modernizados, son vistos como aldeanos; y la tarea es globalizarlos. Europeos y norteamericanos serían los ejemplos por seguir en la única vía posible de cambio social.

En todos los esquemas evolucionistas, Marx incluido, los europeos se sintieron superiores y ejemplos. Estaban convencidos de ser los más avanzados de la Tierra en ese camino de progreso siempre ascendente e irreversible. Los verbos humanizar, cristianizar, modernizar, civilizar y globalizar son parte de la vergüenza en la cultura occidental, y por eso debieran tener una hoguera pública. Otras categorías como normal, anormal, superior, inferior, mejor, peor, merecen el mismo destino (3). Ahora, en el Perú de los últimos 30 años, el modelo de crecimiento económico impuesto por el Consenso de Washington ha tenido el camino libre y la única oposición en serio partió de los movimientos políticos indígenas.

Trayectoria indígena

Desde los bordes de exclusión del sistema político, con un cuestionamiento desde sus raíces de la propuesta de crecimiento capitalista, las expresiones indígenas acumulan y constituyen un planteamiento alternativo al modelo de desarrollo impuesto y una nueva manera de entender el Estado. Desde la reunión del Foro Social Mundial en Belén do Pará-Brasil (2009), los indígenas del continente se oponen a la destrucción de su ecología por parte de las empresas multinacionales de petróleo, gas, oro, otros minerales y maderas.

A partir de su condición humana, defienden la Amazonia como su territorio y fuente de vida, cultura, lengua, biodiversidad e identidad, y también como reserva de vida para todo el planeta. Entienden ellos como ninguno que de poco sirve el crecimiento económico si favorece principalmente a las empresas multinacionales. Si el modelo de desarrollo capitalista tiene como fundamento la acumulación individual de riqueza, no tiene sentido prometer que todos los habitantes de la Tierra sean algún día ricos. Requeriríamos de otro planeta adicional para obtener recursos y realizar el mínimo que las Naciones Unidas consideran como desarrollo humano. El Allin Kawsay o Buen vivir pudiera ser una propuesta posible para vivir en una sociedad cuyo motor no sea la riqueza particular de los individuos sino la reciprocidad, la solidaridad, el respeto y el amor a la naturaleza de la que los seres humanos somos parte.

La cultura y la argumentación de las organizaciones indígenas para reemplazar el Estado unicultural que la tesis moderna del Estado ha tratado de imponer sin éxito en los países de alta composición indígena del continente es sólida como para no tomarla en cuenta. El deseo de imponer un Estado, una nación, una cultura, una lengua, una religión supuestamente verdadera frente a la aparente falsedad de las otras, es consecuencia de un pensamiento moderno que por colonial y europeocentrista es inadmisible. En contraparte, la Constitución boliviana, que establece la plurinacionalidad de su Estado, es el punto más alto alcanzado por esta corriente de pensamiento político, seguida en parte por la Constitución ecuatoriana, también de 2008.

Para el éxito del modelo económico de desarrollo capitalista no hace falta un sistema político de partidos debidamente organizados. Sólo hacen falta caudillos que transformen a los partidos en máquinas electorales, en empresas que vendan puestos en el Congreso, los gobiernos regionales y los municipios. El Apra, partido de Haya de la Torre, es ilustrativo. Tras cinco años de crecimiento económico, el partido Apra de Alan García no pudo presentar un candidato propio y ofreció los pocos votos que le quedaban a los nuevos caudillos de la derecha, como la hija del dictador Fujimori. Por la puerta de compra y venta de puestos políticos, al margen de las ideas, programas y proyectos políticos, la corrupción generalizada se convirtió en componente decisivo del sistema político. Esta es la herencia de la dupla Fujimori-Montesinos, que con sus negocios privados y su poder totalitario llevaron la corrupción peruana a extremos nunca vistos en la historia del país.

Hacer buenos negocios es lo importante, obtener buenos puestos y acomodarse; es este pragmatismo la idea dominante en todos los sectores sociales. Dentro de esa lógica, no hay espacio para la ética y nunca fue más grande la distancia que la separe de la política. El título de propiedad de una parcela de tierra como condición para solicitar un préstamo resulta una bendición o magia del capitalismo para garantizar inversión y producción de riqueza. Con dinero de los contribuyentes, los técnicos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) le impusieron al Ministerio de Agricultura el Proyecto Especial de Titulación de Tierras (PETT), para declarar como propietarios individuales a agricultores y ganaderos de las comunidades campesinas y nativas comuneros, desconociendo sus títulos colectivos.

Desde hace tres meses gobierna el país Ollanta Humala, ex comandante del Ejército que prometió la “gran transformación” del país en su hoja de ruta de gobernabilidad y garantía del crecimiento de la economía. Asegura el Presidente que el modelo de desarrollo no será tocado; que las empresas multinacionales tienen asegurados sus contratos; que con los impuestos que el Estado recibe ayudará más y mejor a los pobres, en el mismo rumbo brasileño del presidente Lula y su sucesora. “Crecimiento con inclusión social” es su consigna. También una promesa de luchar contra la corrupción. Más temprano que tarde, los anuncios de “gran transformación” del actual gobierno tendrán su prueba.

1    “Humanizar, cristianizar, modernizar, civilizar y globalizar son cinco verbos de la historia latinoamericana que se encuentran en el corazón mismo de la formación del Estado colonial en tiempos de la monarquía española y portuguesa, y de las llamadas repúblicas modernas. Los españoles en América se sintieron superiores a los habitantes originarios de nuestro continente, mal llamados indios, debido al histórico malentendido de Colón por creer que llegó a las Indias. Juan Ginés de Sepúlveda, uno de los doctores de la iglesia católica a mitad del siglo XVI, creyó que los indios se parecían mucho a los monos y que, en consecuencia, lo primero que había que hacer con ellos era humanizarlos; es decir, convertirlos en hombres. Luego, los agentes del poder colonial recibieron el encargo de cristianizarlos para apartarlos de los demonios e introducirlos en el reino de su Dios, único y verdadero. Lamentablemente, ya catequizados y cristianizados, los llamados indios seguían siendo considerados como ‘salvajes’ y, por eso debían ‘civilizarlos’”.
2     Aunque juró por la Constitución anterior a la de Fujimori, tras ganar las elecciones, fue casi obligado a prometer que no tocaría la Constitución vigente y mantendría el actual modelo de desarrollo. De este modo, nombró como Ministro de Economía al Viceministro de Economía del gobierno saliente de Alan García y mantuvo en su puesto al presidente del Banco Central de Reserva, parte de los responsables del llamado modelo de desarrollo.
3    Rodrigo Montoya Rojas, “Se extingue el viejo Estado nación”. Revista América Latina en Movimiento, número 448. Bicentenarios: Historia compartida, tareas pendientes. Septiembre 2009, año XXXIII, II Época, Publicación internacional de la Agencia Latinoamericana de Información, Quito (Ecuador). www.alainet.org, [email protected].

* Profesor de las universidades de San Marcos y Ricardo Palma. Lima.
Estado y expansión económica en el Perú


Estado y expansión económica en el Perú

  1. La receta norteamericana de reducir los Estados del Tercer Mundo a su más mínima expresión y privatizar todo, incluso los fondos de pensiones, la educación con un nuevo sector de propietarios que consideran a las universidades y colegios como latifundios azucareros o fábricas de zapatos, y los servicios de salud.
  2. El espíritu capitalista para ganar mucho dinero, con un saldo favorable para los beneficios y la máxima reducción de costos posible, sale del ghetto de los antiguos bolsones de los siglos XIX y XX y se expande por todas las instancias de la sociedad: un vendedor ambulante pasa a ser un empresario, no importa si micro, pero empresario. Nunca la palabra emprendedor fue usada con tanta frecuencia  y tanta intensidad. Mas, ahora todo tiene un costo y un precio, incluso las conferencias de profesores universitarios que antes se pagaban excepcionalmente, hoy son valoradas en dinero, y con los respectivos recibos de honorarios y deducción de impuestos.
  3. El deterioro de lo público y lo colectivo es notable. Nunca la propiedad colectiva ha sido atacada con tanta ferocidad, ni elogiada la iniciativa privada hasta el hartazgo, haciendo de un título de propiedad una especie de magia que sustenta la felicidad.

Información adicional

Negocios privados, graves conflictos sociales, precaria democracia y esperanza indígena
Autor/a: Rodrigo Montoya
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