05/08/2026
Se trata de un conflicto de intereses intercapitalista. Primero, EEUU arrastró a Europa a la guerra en Ucrania, provocada por los sectores antirrusos del establishment estadounidenses encabezados por la verduga de Ucrania, Victoria Nuland, y el criminal de guerra John MaCain, junto a su tropa neonazi en Maidan. Entre los objetivos de Washington estaban:
- Debilitar a una Alemania que, gracias al gas barato ruso, se había convertido en el referente industrial del mundo. La imposición de sanciones contra el hidrocarburo ruso iba acompañada por forzar a la Unión Europea (UE) a comprar el gas natural licuado estadounidense por un precio hasta 25% más alto. En este contexto, y aunque las teorías de conspiración acusaron a Moscú de volar el gaseoducto North Stream, Seymour Hersh afirma que fueron los buzos de la Marina estadounidense quienes lo hicieron en colaboración con la Armada noruega.
- Al tener que aumentar su gasto militar por la guerra de Ucrania, la UE destinó millones de dólares a las empresas armamentísticas estadounidenses, en vez de invertirlos en el desarrollo de sus propios países. Antes de que la guerra contra Irán en el estrecho de Ormuz cayera como un rayo sobre los europeos y de que los golpistas pro estadounidenses desahuciaran a los franceses de varios países estratégicos africanos, el Tío Sam ya les había dificultado el acceso a Irán. En aquel momento. que entonces prometía ser el nodo euroasiático para las principales compañías europeas, gracias a sus enormes fuentes de energía y a su mercado de producción y consumo.
Tras el acuerdo nuclear firmado por Barak Obama con la Teocracia Chiita en 2015, las exportaciones europeas a Irán ascendieron a 12.800 millones de dólares. Airbus, por ejemplo, iba a proporcionar 100 aviones nuevos para la antigua flota de Iran Air, pero sólo pudieron entregarse tres debido a la retirada de Donald Trump del acuerdo en mayo de 2018 y a la imposición de sanciones sobre las empresas que trabajaban con Irán. En este contexto, el banco francés BNP-Paribas recibió una multa de 6.450 millones de euros.
La compañía francesa Total (ahora, Total Energies) y la china CNPC, por su parte, habían acordado con los ayatolás desarrollar el campo South Pars, la reserva de gas natural más grande del planeta, por un contrato de 5.000 millones de dólares. Alemania, el mayor socio comercial de Irán, también sufrió lo suyo. Siemens, empresa que lleva décadas trabajando con Irán, había construido la central nuclear de Bushehr (ahora en ruinas por los bombardeos de EEUU e Israel), fue sólo una de las decenas de empresas germanas que perdieron miles de empleos por el cierre de los proyectos con Irán.
A la par de esta medida, EEUU desmanteló en 2017 el plan de Emmanuel Macron para invertir 1,5 mil millones de euros en contratos futuros para exportadores franceses hacia Irán, excluyendo al dólar en estas transacciones. Tras esto, Peugeot y Renault, que dominaban el mercado de autos en Irán, tuvieron que marcharse del país. El volumen de las relaciones comerciales entre Irán y la UE, que en el año 2017 había alcanzado la cifra de 20.000 millones de euros, se redujo a 4.000 millones de euros en los años siguientes.
Otra cuestión interesante que se derivó de aquellas sanciones fue que China reemplazó a Alemania como principal socio comercial de Irán. Esto aportaba otro beneficio a EEUU. Los bajos precios a los que Beijín adquiría el petróleo iraní (hasta un 40% por debajo de los precios mundiales) y gracias a los cuáles el país de Mao inundaba el mercado americano de sus productos, permitía a la Casa Blanca mantener una inflación baja.
Los errores de la UE
Atrapada hoy en la trampa de la dependencia energética y militar de EEUU, Bruselas cometió entonces varios errores:
- Viendo como EEUU e Israel se han adueñado de Oriente Próximo (desde Irak hasta Siria, pasando por Libia y Sudán), sin dejar ni migajas para sus ex aliados, Francia y España se volcaron a apoyar (discretamente) al , creyendo que eran una fuerza realmente antiestadounidense, a pesar de que hace décadas se ha demostrado que el “islamismo, creyendo que eran una fuerza realmente antiestadounidense, a pesar de que hace décadas se ha demostrado que el “yihadismo es la falsa bandera del imperialismo”.
También Israel colaboró espoleando al islamismo más radical en Irán. Más allá de la veracidad de la información del The New York Times sobre los vínculos de Mahmud Ahmadineyad, el príncipe de los yihadistas pseudo antisionistas, con el Mossad, el exjefe de la inteligencia israelí Meir Dagan pidió en junio del 2009 el voto de los judíos iraníes para la reelección de este oscuro personaje: “Ahmadinejad es bueno para Israel”, dijo mientras confesaba que tanto AIPAC (lobby proisraelí de EEUU) como el Estado sionista estaban preocupados por si él perdía las elecciones presidenciales en favor de Hosein Musavi, el verdadero ganador y aun hoy en el arresto domiciliario.
Miles de iraníes fueron asesinados y decenas de miles fueron arrestados durante las masivas protestas contra el fraude electoral durante la apodada La Revolución Verde, (el color del reformismo islámico) que surgió tras la sospecha de que fueron robados más de seis millones de votos. Hay que ser ciego para no ver al menos el resultado de las acciones del Yihadismo en Irán, Afganistán, Gaza, Siria, África, etc. al servicio de los intereses de Israel y EEUU. La “Operación Ahmadiyead” no prosperó, pero sí lo hizo la “Operación Al Sharaa”, el jefe de Al Qaeda sirio, cuyo alias terrorista era Abu Mohammed al Jolani, y por cuya cabeza el Pentágono había asignado 10 millones de dólares. Se desconoce si Trump, quien le lavó los pecados en la mismísima Casa Blanca dándole la mano, reclamará esta recompensa o no.
- No coordinar un frente unido contra EEUU con Rusia, China, India, Brasil y otros perjudicados de sus agresivas políticas.
- Sacrificar el canal financiero INSTEX (Instrumento de Apoyo a los Intercambios Comerciales) que Alemania, Francia y el Reino Unido establecieron para facilitar el comercio con Irán y en monedas distintas al dólar.
Rematar a la UE en Ormuz
Mucho antes de que, tras la caída del Sha de Irán, la Doctrina Carter (1980) proclamara que sería EEUU quien defendería los intereses de Europa en el Golfo Pérsico (con la fuerza militar si es necesario), el Viejo Continente ya había entregado la responsabilidad de la seguridad de este conflictivo espacio al Tío Sam. Aquello solo aumentó el poder estadounidense, que después de las guerras contra Irak y Afganistán multiplicó sus bases militares en la región.
“Quien espera a que su vecino le lleve la cena, dormirá con la tripa vacía” reza un dicho persa, que también puede aplicarse a China y Rusia, que habían disfrutado de la arquitectura de seguridad levantada por el imperialismo en esta zona del mundo.
Con la guerra lanzada contra Irán desde el estrecho que lleva el nombre de Ahura Mazda, -la divinidad del Bien y de la Luz en la mitología persa- se han disparado las ganancias geopolíticas de EEUU. Con este movimiento, la superpotencia occidental, que ni siquiera invitó a la UE para una gestión multilateral del estrecho, consiguió:
- Bajar el valor del euro frente al dólar -que sigue siendo la moneda refugio en las épocas de crisis-, por el aumento de los costes de importación de energía en la UE.
- En solo dos meses de conflicto, la factura por importaciones de combustibles fósiles de la UE aumentó en más de 27.000 millones de euros. En el caso de las aerolíneas, algunas hasta podrán quebrar, a pesar de que sólo 500.000 de los 1,6 millones de barriles diarios del combustible refinado para sus aviones, procedían de Arabia Saudí y Kuwait.
- Impedir la construcción del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC), que iba unir Irán, con india, Asia Central, Rusia y Europa
- Suspender el corredor económico India–Oriente Medio–Europa (IMEC), a pesar de excluir a Irán, para que rodeara el estrecho de Ormuz. Esta arquitectura de servicios multimodales, anunciado en 2023, que iba a ser un 40% más rápido en tránsito de mercancías y un 30% más económico ha sido guardado en un cajón. Si alguien piensa que puede ignorar a una potencia regional como Irán, gobernada por un régimen sin escrúpulos, estaba equivocado.
Ante la desaparición organizada de la lucha antimilitarista, quién determina las reglas del juego en las regiones estratégicas sigue siendo EEUU, y quien las desmonta también.
En un año, EEUU se ha hecho con varios puertos y rutas logísticas como el Canal de Panamá y el corredor estratégico en el Caucásico (llamándole “La Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad”). También tiene la tentación de hacerlo con (el gas de) Gaza (en contra de las pretensiones de Israel), y con el Estrecho de Ormuz, que al contrario de la proclama del régimen islámico sobre su soberanía, Irán perdió tras miles de años de dominio.
Ahora, la guerra en fases entre EEUU e Irán puede prolongarse indefinidamente en ausencia de los europeos. Con ello queda en suspenso el nuevo realineamiento en todo Oriente Medio, que podría entrar en el conflicto de forma individual esquivando el nombre de la OTAN.


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