Tras la declaración del alto el fuego del 10 de octubre el interés de la prensa occidental por Gaza ha disminuido bruscamente, como si todo hubiera terminado. Ahora estoy mucho menos solicitado por los medios de comunicación, la radio, la televisión o la prensa escrita.
Hasta un reciente despacho de la agencia Reuters, recogido por muchos medios de comunicación, y al que me pidieron que reaccionara. La agencia dijo que Hamás se estaba fortaleciendo en Gaza, que estaba desplegando su policía y recaudando impuestos de comerciantes e importadores.
Esto es lo que interesa a los medios de comunicación occidentales: no son las violaciones diarias del alto el fuego por parte del ejército israelí. Una o dos personas son asesinadas cada día por acercarse demasiado a la “línea amarilla” decretada por Israel para cortar la Franja de Gaza por la mitad y cuyos límites nadie conoce exactamente. La ayuda humanitaria que no entra como debería, la terrible vida de las y los desplazados internos que siguen siendo la mayoría de la población, las inundaciones que han engullido la mayor parte de las tiendas de campaña y lo que queda de algunos hospitales, la gente que se queda en la calle chapoteando en el agua… todo esto no interesa mucho.
Por enésima vez se descubre que Hamás sigue ahí
Hamás, ¡eso es lo interesante! Sin embargo, nada nuevo. Por enésima vez se descubre que Hamás sigue ahí. Ha estado incluso durante la guerra, incluso durante el genocidio. Hamás es un partido político disciplinado y bien organizado. Los israelíes mataron a sus líderes, pero su muerte no marca el final del movimiento. Ya hemos vivido esta situación durante la segunda intifada. Los israelíes habían eliminado a los principales líderes en ese momento, incluido el fundador del movimiento, Cheikh Yassine, pero los jóvenes de 25 años tomaron el relevo de inmediato.
Eso es exactamente lo que está pasando hoy. Pero Netanyahu sigue proclamando, como lo ha hecho desde el comienzo de la guerra, que quiere “erradicar a Hamás”. Este es el objetivo declarado. El verdadero objetivo no ha cambiado: es la deportación de la población y la destrucción total de la Franja de Gaza, lo que he llamado un “gazacidio”: no solo matar a los palestinos, sino también destruir todas las infraestructuras, la educación, el sistema de salud, la economía, la ecología, etc.
Pero no a Hamás. Que, pesar de los cerca de 70.000 muertos, las decenas de miles de desaparecidos, de personas secuestradas, sigue ahí. Creo que las cosas ya están claras. Netanyahu nunca quiso “erradicar a Hamás”. Quiere seguir dejándolo vivo, como lo hacía antes de la guerra, cuando Israel facilitaba la transferencia de la ayuda financiera de Qatar al gobierno de Hamás. Entre 2018 y 2023, cada mes llegaban entre 10 y 30 millones de dólares en efectivo al aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv. Las maletas, escoltadas por coches del Shabak, la seguridad interna, eran entregadas en la terminal de Erez, a la entrada de la Franja de Gaza.
La explicación era simple, y es la misma de hoy: Israel necesita un enemigo. Sin enemigos, se vería obligado a comprometerse con la comunidad internacional para hacer realmente la paz y crear un Estado palestino. Mahmoud Abbas, presidente del Estado de Palestina, ahora reconocido por 158 países, de la OLP y de la Autoridad Palestina, la institución de transición, siempre ha tendido la mano por la paz, y acepta reformar la Autoridad. Para los israelíes, esto es un problema. La solución es Hamás, un espantapájaros que no está ahí para echar a los cuervos, sino para asustar a la sociedad israelí. Y para decirle a Occidente, y primero a los Estados Unidos, que debemos seguir proporcionándoles armas y dinero.
Reclamar un nuevo enemigo, un nuevo espantapájaros
Es que Netanyahu todavía tiene que “desarmar a Hamás”. Pero, ¿es un enemigo creíble en el campo de batalla? En sus vídeos, su armamento se limita a kalashnikovs, algunos RPG (lanzacohetes) y lanzagranadas portátiles diseñados en la Unión Soviética a principios de la década de 1960. Las imágenes a menudo muestran a combatientes en sandalias. Esta es la temible fuerza que uno de los ejércitos más poderosos y sofisticados del mundo afirma no poder vencer.
Se habla de una comisión internacional para dirigir Gaza, cuando la solución es simple: dejar que los palestinos se gobiernen a sí mismos al menos política, social y económicamente. En este caso, Hamás aceptaría una reconciliación con la Autoridad. Pero todo el mundo sabe muy bien que Netanyahu quiere que las cosas sigan siendo como están hoy. Y si un día ya no tenemos a Hamás, Netanyahu, o su sucesor, creará un nuevo enemigo, un nuevo espantapájaros, para justificar la ocupación y los crímenes contra los palestinos. Incluso podría ser Mahmoud Abbas o su sucesor. Recientemente se escuchó al ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, exigir la detención de Abbas.
Los israelíes nunca quisieron la paz. Para ellos, todos somos terroristas. Si reaccionamos militarmente: terroristas. Si nos movemos, si hablamos: terroristas. Si utilizamos las instancias de la justicia internacional: terroristas. O todo es Hamás, como recitan los partidarios del gobierno israelí en todo el mundo. Por lo tanto, hay que dejar que el espantapájaros respire, pretendiendo a la vez querer “erradicarlo”.
El genocidio sigue su curso
Sí, Hamás grava a los comerciantes, principalmente el gas y los cigarrillos. Si Reuters lo sabe, los israelíes también lo saben. Tienen los medios para evitarlo, pero no los utilizan. La existencia de Hamás justifica el obstáculo a la ayuda humanitaria en Gaza, pero se le permite recaudar algunos impuestos para mantenerlo vivo. Los israelíes podrían dejar que la Autoridad Palestina, reconocida por todo el mundo, gobierne Gaza, pero no quieren. Prefieren una “comisión internacional” con competencias poco claras.
Y nos entierran para que nos callemos. El genocidio sigue su curso. El verdadero objetivo de esta guerra, desde el principio, no ha sido Hamás, es la población de Gaza. Porque el mayor peligro para Israel no es Hamás, es el Palestino. Hay que debilitar su voluntad de permanecer en su tierra. Así que tiene que ser un “terrorista”, adecuado para ser asesinado, encarcelado o deportado al extranjero.
Netanyahu podrá así cumplir su sueño del “Gran Israel” que reivindica públicamente sin que esto escandaliza a nadie. Esta es la razón por la que asistimos a grandes resoluciones de las Naciones Unidas, proyectos vagos de fuerza internacional, grandes conferencias… todo en vez de la solución más sencilla: dejar que los palestinos gobiernen la Franja de Gaza y Cisjordania. Como Mahmoud Abbas es un “terrorista”, los israelíes bloquean los impuestos de importación palestinos, que deben entregar a la Autoridad ya que Israel controla sus fronteras. El juego israelí es simple, de hecho consiste en crearnos una vida tan difícil que solo pensemos en sobrevivir, en conseguir bebida y comida, para finalmente irnos. Olvidando que el verdadero problema es la ocupación.
19/11/2025
Rami Abou Jamous escribe su diario para Orient XXI. Fundador de GazaPress, una oficina que proporcionaba ayuda y traducción a periodistas occidentales, tuvo que abandonar su apartamento en la ciudad de Gaza en octubre de 2023 con su esposa Sabah, sus hijos y su hijo Walid, de tres años, bajo la amenaza del ejército israelí. Se refugiaron en Rafah, luego en Deir El-Balah y más tarde en Nusseirat. Después de un nuevo viaje tras la ruptura del alto el fuego por parte de Israel el 18 de marzo de 2025, Rami regresó a casa con su familia el 9 de octubre de 2025. (En viento sur se pueden leer algunos de sus artículos en https://vientosur.info/author/jamous/)


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