Hablar del orgullo (Pride) es un poco complejo, mucho más en un país donde se vive una ola fascista que busca arrebatar las vidas de quienes sobreviven desde la disidencia de género y sexual. Durante el 2024, aproximadamente 164 personas de la comunidad fueron asesinadas según el informe “Con permiso para despreciar” publicado por Caribe Afirmativo. Esto equivale a una víctima cada 2 días y 5 horas.

A raíz de esto, diversos colectivos, como SeraLeyTrans, Colectivo Afrotrans, Red Comunitaria Trans, entre otras organizaciones sociales que han estado luchando por la aprobación y materialización de la Ley Integral Trans, la cual busca garantizar un espacio en el que las personas trans puedan llevar una vida tranquila y respetada. Un claro ejemplo de ello es el artículo III, que propone el respeto a todas las identidades y expresiones de género en cualquier ámbito.


Desde esta perspectiva, la contramarcha se convierte en un espacio abierto al debate y en contra de la marcha “Pride” oficial. Su propósito es visibilizar esta problemática y hacerle frente de manera real a la situación. La contramarcha no existe solo en junio: existe y resiste todos los meses del año. Surge en el año 2020 como un acto de resistencia ante la violencia y la estigmatización hacia la comunidad a nivel mundial. Este espacio no se da únicamente en Colombia, sino también en gran parte de América Latina. La contramarcha no celebra; por el contrario, conmemora a lxs compas que han resistido toda la vida y han luchado por un 28J lleno de libertad y lucha, un ideal muy debilitado debido a la instrumentalización de la comunidad por parte de sectores cisgénero.


Para entender el sentido profundo de esta lucha, es importante recordar por qué se conmemora el Pride. Según la página oficial de National Geographic, el mes del orgullo Lgbtq+ tiene su origen en los disturbios de Stonewall, ocurridos en Nueva York en junio de 1969, cuando una comunidad históricamente marginada –compuesta por personas trans, racializadas, homosexuales, drag queens y trabajadores sexuales– se levantó contra una redada policial en el bar Stonewall Inn. Esta revuelta marcó el nacimiento del movimiento moderno por los derechos Lgbtq+ y plantó las bases para una lucha global por la visibilidad, la dignidad y la justicia.


El Pride nace entonces como un acto político, no como una fiesta. Es una memoria viva de la resistencia y la rebeldía ante la represión estatal y social. Sin embargo, con el paso del tiempo, el sentido de lucha del 28 de junio se va diluyendo, cooptado por discursos institucionales o campañas de marketing que muchas veces excluyen o silencian a quienes más han sufrido históricamente: personas trans, no binaries, racializadas y empobrecidas. Es por esto que el espacio de la contramarcha se convierte en un lugar seguro para quienes tienen una conciencia social clara y entienden que el Pride debe repensarse de acuerdo con los contextos históricos actuales.

Adicional a esto, el pasado domingo 29 de junio, durante la marcha, varios colectivos y organizaciones se manifestaron con pancartas que pedían justicia por quienes han perdido la vida debido a la discriminación. Este espacio fue creado para acoger a todas las identidades y dar un lugar a las personas excluidas de los mismos espacios mainstream. Asimismo, fue un espacio para recordar y exigir justicia por quienes fueron asesinadxs este año. Una de las víctimas más recordadas fue Sara Millerey Gonzáles, una mujer trans de 32 años, asesinada y abandonada a orillas de un río en Bello, Antioquia.


Finalmente, ¿qué es la contramarcha? En palabras de unx de lxs organizadorxs, la contramarcha es:
“Somos un proceso asambleario, abierto y horizontal. Todas las decisiones sobre nuestras acciones las realizamos en conjunto a través de consensos de manera democrática y directa. Cualquier persona y organización que comparta estos principios es bienvenida a participar y a sumarse a la propuesta que busca radicalizar las despolitizadas discusiones que se dan en torno al orgullo y la disidencia sexual y de género en la ciudad. Así mismo, cualquier persona o colectivo que se enuncie desde este espacio crítico, pero que no haga parte del ejercicio asambleario y horizontal de discusión colectiva, no hace parte de la contramarcha. Nadie habla por nosotrxs, sin nosotrxs”.
No hay orgullo hasta que estemos todxs y hasta que haya justicia y verdad por quienes ya no están.
IG: Katarsis.jpg


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