Dos opciones

Tras el fracaso de la ofensiva del ejército ruso este verano, el Kremlin insiste en querer “liberar” el territorio que le falta de la región de Donietsk, la zona más fortificada de toda Ucrania, formada por Kostiantynivka, Druzhkivka, Kramatorsk y Sloviansk, que no ha podido doblegar desde que ordenó invadir el vecino país eslavo hace cuatro años y medio.

Para poder conseguir lo que el presidente Vladimir Putin proclamó como uno de los objetivos de la incursión en Ucrania y antes de que se acabe el dinero para financiar su “operación especial militar”, Rusia tiene dos opciones, igual de malas.

La primera es que, a pesar de los 700 mil soldados que se estima tiene en Ucrania, necesitaría por lo menos medio millón más de efectivos, pero ya no alcanzan los recursos para atraer suficientes personas dispuestas a servir por contrato en el ejército ruso. Quien acepta correr el riesgo de ir a morir a Ucrania lo hace a cambio de algo que piensa que vale la pena: dinero (los habitantes de las regiones rusas menos favorecidas), libertad (presos comunes que aspiran a obtener el indulto si sobreviven seis meses) y ciudadanía (inmigrantes, sobre todo del espacio postsoviético).

Después de las legislativas de otoño, se comenta que el Kremlin podría convocar una movilización general, pero es una medida de suyo impopular. Podría tener más soldados, aunque mal preparados y, lo peor, no sabe cómo justificarlo porque no es lo mismo defender la patria que ir a conquistar la tierra de otro. Y tampoco puede excluirse una rebelión de hombres tan indignados como armados.

La segunda opción, sólo impulsada desde los sectores más irracionales de la élite gobernante, es todavía peor. Creen que nada pasaría si Moscú recurre a su arsenal nuclear para forzar la capitulación de Ucrania. Sería el comienzo del fin para todos, Rusia incluida, por los efectos negativos que desataría.

Hasta ahora existe la certeza de que las armas nucleares, como recurso de disuasión, no van a ser usadas nunca. Nadie quiere pasar a la historia como sátrapa que mandó asesinar a civiles indefensos. Nadie quiere establecer el precedente para que otros hagan lo mismo contra sus enemigos jurados. Y si se llegara a cometer semejante barbaridad, cómo explicar que los cientos de miles de muertos propios pudieron haberse evitado.

Información adicional

Apuntes postsoviéticos
Autor/a: Juan Pablo Duch
País: Rusia
Región: Euroasia
Fuente: La Jornada

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