17 jul 2026 . Las incursiones mortales bajo el pretexto de las “amenazas” de Hamás por parte de las IDF continúan siendo lo habitual en Gaza, donde el objetivo de Israel sigue siendo el hacer que el territorio sea completamente inhabitable, a pesar de haber firmado un alto el fuego y haberse comprometido con la Administración Trump, artífice de la denominada “Junta de Paz” que tendría que reconstruir el enclave, pero que, a día de hoy, sigue parada.
Bloqueo y más asesinatos
Con casi 74.000 palestinos muertos a sus espaldas —entre los que se encuentran unos 20.000 niños y niñas—, según los datos que maneja la Oficina de Prensa del Gobierno en Gaza, Israel habría violado el alto el fuego hasta en 3.689 ocasiones, según el citado departamento. Esto se traduce en 1.122 palestinos asesinados desde que se alcanzara el supuesto alto el fuego y casi 3.600 personas heridas.
Hace apenas unos días, Médicos Sin Fronteras (MSF) reiteraba la urgencia de que se lleven a cabo evacuaciones médicas desde el enclave palestino, donde “miles de pacientes con lesiones relacionadas con la guerra o con enfermedades crónicas y otras potencialmente mortales, como el cáncer, necesitan una atención que el sistema sanitario de Gaza, prácticamente aniquilado por las fuerzas israelíes y que padece una grave escasez de suministros médicos esenciales, no puede brindar”.
Mientras Tel Aviv continúa bombardeando a los gazatíes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que hay 18.500 personas en estado crítico, entre los cuales se encuentran 4.000 niños. Tal y como recuerda MSF y con los datos del Ministerio de Sanidad de Gaza “más de 1.400 pacientes han muerto mientras esperaban una evacuación. Según la OMS, una media de 65 pacientes al mes falleció mientras esperaban una evacuación”. En este contexto, desde la organización se mira hacia, una vez más, hacia el comportamiento y la responsabilidad de los Estados miembros de la UE, que apenas han acogido al 2% de todos los pacientes evacuados por motivos médicos desde Gaza desde principios de 2026.
Objetivo: arrasar con todo
Además de un violencia que no parece tener fin, el deterioro de las condiciones de vida en Gaza no deja de aumentar. Las miles de personas desplazadas de manera forzosa y el colapso de la gran mayoría de infraestructuras mantiene a la población gazatí sumergida en una crisis permanente. “Las necesidades crecientes no pueden ser cubiertas por un sistema sanitario prácticamente aniquilado por las fuerzas israelíes y que no tiene capacidad para proporcionar el nivel de atención necesario. Con gran parte de la infraestructura sanitaria de Gaza destruida, una grave escasez de suministros médicos esenciales y vías limitadas para que los pacientes accedan a tratamiento fuera de la Franja, la brecha entre las necesidades y los servicios disponibles sigue ampliándose”, reiteran desde MSF.
Además de bloquear la entrada de los suministros médicos necesarios —según las autoridades gazatíes solo se está autorizando la entrada de un 35% de los camiones con ayuda humanitaria— y la entrada de personal sanitario, el gobierno israelí impide que las personas que necesitan atención fuera del enclave palestino puedan salir. Se calcula que del 100% de personas que precisan ayuda médica, solo el 36% consigue salir del enclave. Israel mantiene una serie de barreras administrativas absurdas que tienen como objetivo continuar con el genocidio del pueblo palestino, vulnerando de esta manera —y por enésima vez desde 1948— los principios más básicos del derecho internacional. La comunidad política internacional, sin embargo, continúa manteniéndose en silencio ante los numerosos quebrantamientos del derecho internacional por parte del Estado sionista.
Además de bombardear a civiles, Israel ha proseguido a lo largo de estos meses con la destrucción de hospitales y las pocas escuelas que quedan en pie, con la meta de barrer de manera definitiva la poca vida que queda en el enclave palestino. A pesar de que el pasado 6 de julio Hamás anunció la disolución de su comité administrativo —para ceder las competencias a un grupo de tecnócratas— para cumplir con los acuerdos alcanzados por la “Junta de Paz”que dirige Donald Trump y mantener sus compromisos para con el alto el fuego, Israel no está dispuesto a cumplir con su parte.
Los bombardeos sionistas no solo cercenan la vida de personas inocentes, sino que impiden cualquier atisbo de transición política y reconstrucción del enclave. En este contexto, las acciones de la denominada Junta de Paz se mantienen paralizadas. Ocupado con una guerra contra Irán de la que no sabe cómo salir, Trump parece haber abandonado la cuestión gazatí a su suerte, algo que es aprovechado por Tel Aviv para proseguir con su plan de aniquilación.
La comunidad internacional permanece impasible pero Israel pierde apoyos
Todo lo mencionado anteriormente ocurre ante los ojos de una Unión Europea que sigue sin anular el comercio con los asentamientos israelíes en Cisjordania. El pasado 13 de julio, y reunidos en el Parlamento Europeo en Bruselas, los titulares de Exteriores de la UE no lograron —una vez más— llegar a un consenso sobre un posible paquete de sanciones al Estado sionista por los crímenes cometidos. Para sacar adelante la medida se necesita unanimidad; pero hay diferentes voces críticas que apuestan porque se vote y se pueda aprobar por mayoría cualificada.
Los Veintisiete, si bien sí con capaces de ponerse de acuerdo para la adopción de medidas migratorias que atenta contra los derechos humanos de las personas migrantes, no parecen llegar a un acuerdo para sancionar a un Estado que, según la Justicia internacional, está cometiendo un genocidio. Entre los países más complacientes con Israel se encuentra Alemania, que se continúa oponiendo a señalar al gobierno de Netanyahu por sus crímenes. La Unión Europea, insiste en perder, de nuevo, una oportunidad para cortar lazos con Israel.
Mientras tanto, en Estados Unidos, el miércoles 15 de julio, 103 congresistas demócratas votaban a favor de una enmienda a un proyecto de ley de asignaciones presupuestarias que tenía como objetivo cancelar la ayuda estadounidense a Tel Aviv. La enmienda no prosperó pero señala el deterioro de la imagen de Israel en Estados Unidos. La asignación presupuestaria a Israel no solo levanta ampollas entre algunos sectores demócratas, sino también en algunos sectores del Partido Republicano y en una parte importante del movimiento MAGA (Make America Great Again), a los que Trump prometió centrarse en Estados Unidos y no inmiscuirse en asuntos exteriores. Lo mismo ocurre con la guerra contra Irán, cada vez más impopular entre la ciudadanía del país, que ve cómo la contienda se alarga sin que Trump consiga doblegar a los iraníes.


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