Israel levanta una enorme barrera al sur de Gaza que paraliza la vida de los desplazados: “Estamos acorralados” 
Territorio palestino cerca de la llamada "línea amarilla", en el sur de la Franja de Gaza.Ramzi Abu Amer / Zuma Press / Europa Press / ContactoPhoto

Mawasi (Franja de Gaza)-21/07/2026

Israel construye desde hace semanas una enorme barrera de arena a lo ancho de la Franja de Gaza, en su parte sur, que está dividiendo el enclave palestino y consolidando su control sobre la zona que ocupa, y cuyas obras afectan además a los gazatíes que viven en tiendas cerca de ella y sufren los disparos mortales de tanques israelíes. La barrera, de la que dan fe varios testigos, tiene entre 10 y 15 metros de alto y su construcción sigue un patrón de este a oeste, sin que Israel haya informado de sus planes para establecerla allí.

La barrera que construye transcurre desde la costa, en la zona de Mawasi, y se adentra hacia el este, paralela al trazado de la llamada línea amarilla desde la que están apostadas las tropas israelíes, sin que se sepa con exactitud cuántos kilómetros de ella se han edificado ya. 


El Ejército israelí reconoció que su despliegue en la zona incluye una “barrera física”. “Por motivos de seguridad operativa, no proporcionaremos más detalles sobre los componentes del despliegue, el trazado de la barrera ni su extensión”, añadió. Justifica su construcción con que busca prevenir “infiltraciones y actividades hostiles, así como proteger tanto a las tropas como a las comunidades (israelíes) circundantes”.

“La vida se ha paralizado por los disparos”

Desde hace unos diez días, Israel la construye cerca del campamento de desplazados Bir 19, en el interior de la zona costera de Mawasi de Jan Yunis, justo encima de Rafah. “Primero nos sorprendió ver muchas excavadoras -unas cinco, seis o siete- y trajeron trabajadores para construir una barrera”, explicó Hasan Al Sufi, jefe del campamento, que cifra su altura en entre 10 y 15 metros.

“Desde que empezaron hace una semana, hemos estado evacuando heridos a diario de la zona de Bir 19”, se queja para añadir que, antes de que llegaran las excavadoras, era una zona “agradable y tranquila” donde los gazatíes iban a jugar al fútbol.

Él mismo vio cómo tanques israelíes, que se apostan en la zona de las obras y encima de la barrera, disparaban hace dos días hacia donde viven los gazatíes. “No es que dispararan a objetivos, sino que lo hacían de forma indiscriminada y salvaje”, resume. Otro testigo de la misma zona, Nawfal Al Ajras, corrobora su versión y cifra en 15 los metros de altura de la barrera. “La vida se ha paralizado por los disparos”, dice.


A 700 metros de allí, en otra zona de Mawasi más cercana a la costa y a solo unos cientos de metros de la barrera, los gazatíes que viven allí en tiendas han temido por sus vidas durante las aproximadamente tres semanas que ha tardado Israel en levantarla.

Los tanques israelíes que protegían a la maquinaria disparaban contra sus campamentos, relataban hace una semana, cuando esas balas llegaron a matar a un niño de 9 años, Moataz, mientras estaba con su madre en la tienda que les sirve de casa. Agujerearon también los depósitos de agua que dan de beber a cientos de personas en esa zona, llamada campamento Al Baj III, y provocaron que los trabajadores humanitarios no se acerquen al lugar. 

El tío de Moataz, Mahmud al Maghari, enseñaba los agujeros de los disparos que atravesaron el techo de plástico de la tienda y alcanzaron al niño en el corazón. Los testigos consultados indicaron que el tiroteo se produjo coincidiendo con un avance de al menos dos tanques, dos excavadoras y tres retroexcavadoras. El Ejército israelí no respondió entonces a las preguntas sobre su muerte.

Los disparos se repetían diariamente mientras se construía la barrera y causaban heridos a diario, según Al Maghari, lo que forzaba a las familias a huir de sus casas durante horas para luego volver. “¡Los niños! Cada día hay alguno herido en el campamento. Los disparos llegan mientras estamos sentados y no sabemos qué hacer”, decía desde el interior de la tienda. “Debido a la cantidad de disparos, incluso el agua de UNICEF lleva ya casi una semana sin llegar, así que estamos bebiendo agua salada”, explicaba el jefe del campamento, Ghassan al Yilat.

Amal Mahmud Abu Hilal hablaba desde su tienda, en medio de la cual la familia instaló una barrera de sacos llenos de arena tratando de prevenir los disparos. “No podemos movernos ni siquiera para salir a por una cantimplora de agua, porque podemos resultar heridos”, relataba. A su lado estaba Ahmad, un niño de unos 10 años con una venda en la pierna. “Le han dado en la pierna mientras estaba dentro de la tienda”, decía Abu Hilal.

“Estamos acorralados. En el 30% de Gaza donde vivimos (los palestinos) hay mucha densidad de población y muchos problemas debido a ello. Los vecinos ya no aguantan más, algunas oenegés ya no están dispuestas a venir hasta aquí, y no llegan ni alimentos, ni ayudas, ni nada de nada”, se quejaba esta mujer.

Información adicional

La división de arena, de entre 10 a 15 metros de altura, afecta a los gazatíes que viven en tiendas cerca de ella, quienes se ven amenazados por los disparos mortales de los soldados israelíes.
Autor/a: EFE
País: Israel
Región: Medio Oriente
Fuente: Público

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