Israel prolonga la detención de dos activistas de la flotilla Global Sumud
Saif Abu Keshek, miembro de la Flotilla Global Sumud, es llevado al Tribunal de Primera Instancia de Ashkelon, Israel. (EFE/EFE)

Al brasileño Ávila y al español de origen palestino, Abu Keshek, se les levantó cargos por presuntos delitos de “colaborar con el enemigo y pertenecer a una organización terrorista”. Para las abogadas, “es un proceso plagado de irregularidades”.

04 de mayo de 2026. Israel construye una realidad paralela basada en las violaciones que comete al derecho internacional. Acaba de prorrogar la detención de los activistas humanitarios, el brasileño Thiago Ávila y el español-sueco de origen palestino, Saif Abu Keshek, y les levantó cargos por los presuntos delitos de “colaborar con el enemigo en tiempos de guerracontactar con un agente extranjero, pertenecer a una organización terrorista y prestarle servicios, y transferir bienes para una organización terrorista”.

Mientras los mantiene secuestrados y confinados en la cárcel de Shikma, en Ashkelon, el Centro por los Derechos de la Minoría Árabe en Israel, Adalah, denunció que ambos fueron torturados y sometidos a un interrogatorio del Shin Bet, la Agencia de Seguridad Interior del régimen sionista, a cargo de la contrainteligencia y la seguridad interna. Lo mismo se esperaba que hiciera el Mossad.

Al lugar solo han tenido acceso el organismo de DD. HH. y la embajada de Brasil en Tel Aviv, que constataron los tratos vejatorios que recibieron desde el momento en que fueron abordados en aguas internacionales cuando viajaban en la flotilla Global Sumud. Las abogadas de Adalah, Hadeel Abu Salih y Lubna Tuma, aseguraron ante el tribunal de Ashkelon que los juzgaría, que “todo el proceso está plagado de irregularidades”.

Ávila y Abu Keshek fueron separados del resto de los activistas secuestrados muy cerca de la isla de Creta y retenidos por la fuerza naval israelí. Ahora se encuentran en una prisión ubicada 13 kilómetros al norte de la Franja de Gaza y a donde son enviados ciudadanos palestinos. La organización de la flotilla informó que el brasileño “ha sido torturado, golpeado y maltratado” y su compañero permanecía “maniatado y con los ojos vendados, obligado a permanecer boca abajo en el suelo desde el momento de su captura hasta la mañana del sábado”, hecho que le habría causado “hematomas en la cara y en las manos”, señaló Adalah.

El régimen de Benjamín Netanyahu se ensañó con los dos porque son referentes de la causa palestina. En el caso de Ávila, Global Sumud señaló que “a pesar de haber sido examinado por un médico, no se le ha prestado la atención médica adecuada”. Su esposa Lara grabó un video donde recordó que Thiago se encontraba a 500 millas náuticas de Israel, que no era su lugar de destino, sino territorio palestino, y que estaba a varios días de navegación y en aguas internacionales.

Israel continúa acumulando violaciones al derecho internacional. Es uno de los países con más condenas recibidas en Naciones Unidas —que se tornan inocuas por el veto de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad— y no detiene hasta hoy sus asesinatos por goteo en Gaza.

A comienzos de mayo llegan a 72.608 los palestinos muertos en la Franja, hoy en ruinas e inhabitable. Eso sucede desde que empezó la operación que el régimen sionista llamó Espadas de hierro en octubre de 2023, aunque, según datos oficiales, el número total de víctimas desde la declaración del alto al fuego del 11 de octubre de 2025 no se detiene. Alcanzó 828 palestinos asesinados, además de 2.342 heridos y 767 cuerpos recuperados de entre los escombros.

Todavía se calcula que hay decenas de miles sepultados debajo de edificios demolidos por los misiles y las bombas. Una política de arrasamiento de la infraestructura en Gaza para la que Israel creó una doctrina. Su nombre es Dahiya. Estrategia que definió públicamente el general Gadi Eizenkot como el uso “de una fuerza desproporcionada” que no repara en daños civiles. Toma su nombre de un barrio de Beirut que fue destruido por la fuerza aérea israelí durante el conflicto del Líbano en 2006. Eso en tierra.

Pero en el Mediterráneo, cuando los marinos israelíes asaltaron las embarcaciones que llevaban ayuda humanitaria a la Franja, violaron la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM/CONVEMAR). Una norma que define la libertad de navegación y que la asegura con fines pacíficos, y prohíbe que cualquier nación pueda ver sometida su capacidad de maniobra en alta mar.

Sorprendidos en ese contexto, donde Israel cometió un acto de piratería contra bienes y personas de distintas nacionalidades, Ávila y Abu Keshek no fueron entregados a las autoridades de Grecia como el resto de los 175 prisioneros tomados por asalto en la flotilla. Todo indica que la operación fue planificada con antelación y que iban a ir por ellos. El brasileño había sido junto a Greta Thunberg uno de los coordinadores de la primera flotilla. Saif brindó tareas de apoyo logístico y viajaba en un buque de observación en esta segunda misión.

La acción del régimen sionista no hubiera sido posible sin el apoyo velado del gobierno griego, liderado por el partido conservador Nueva Democracia (ND). Mientras la mayoría de los secuestrados eran liberados en Creta, Thiago y Saif fueron conducidos al INS Nahshon, un buque de desembarco anfibio de la Armada israelí, diseñado para el transporte logístico de tropas y vehículos y construido en Estados Unidos.

Tras ser llevados a la nave donde Abu Keshek fue torturado, según denunció la organización Global Sumud, los gobiernos de España y Brasil difundieron un comunicado donde condenaron “en los términos más enérgicos el secuestro de dos de sus ciudadanos en aguas internacionales por parte del Gobierno de Israel”. En el texto, también definieron la acción como “flagrantemente ilegal” y cometida “fuera de su jurisdicción”.

Para las dos cancillerías, el secuestro de los dos militantes constituyó “un atropello al Derecho Internacional, susceptible de ser invocado ante tribunales internacionales, y puede constituir un delito en nuestras respectivas jurisdicciones nacionales”.

Las últimas noticias que se tienen de Ávila y Abu Keshek son que el primero había perdido el conocimiento en dos ocasiones producto de los golpes recibidos y que junto a su compañero decidieron hacer una huelga de hambre. Saif, como ciudadano español, aunque nacido en el campo de refugiados de Askar, en Nablús, tiene familia en Cisjordania, pero vive hace dos décadas en España. Hoy reside con sus tres hijos en Barcelona y su esposa Salisa declaró que “no tiene ningún sentido lo que ha pasado”.

Según la mujer, “él es solo un activista humanitario, que siempre ha trabajado para defender al pueblo palestino”. Pero el régimen de Netanyahu no piensa lo mismo. Lo considera sospechoso de mantener vínculos con Hamás, “algo descabellado”, según su entorno más cercano.

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Información adicional

Acelera el derrumbe del derecho internacional
Autor/a:  Gustavo Veiga
País: Israel
Región: Medio Oriente
Fuente: Página12

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