La apuesta de rearme de la OTAN relega a Ucrania y favorece la estrategia bélica de Rusia
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, a su llegada a una cena de trabajo ofrecida por los monarcas neerlandeses en el marco de la Cumbre de la OTAN en La Haya. JJ Guillén / EFE

Zelenski no consigue un compromiso decisivo de la OTAN para derrotar a Rusia y el Kremlin se prepara para afianzar su ofensiva sin contar ya con la opinión de Trump.

26/06/2025. La cumbre que la OTAN celebró esta semana en La Haya se ha saldado con una Europa domeñada por la tiranía presupuestaria del presidente estadounidense, Donald Trump, y su exigencia de que cada uno de los aliados se gaste no menos del 5% del PIB en defensa, para mayor gloria y poderío del bloque militar. Pese a este gran “compromiso” de rearme europeo, los miembros de la Alianza no accedieron a disparar el apoyo financiero y armamentístico a Kiev, y quedó evidente que, tras los acontecimientos con Irán en las últimas dos semanas, la guerra de Ucrania ya no es la prioridad de Occidente. 

En vísperas de la cumbre y con el ataque relámpago estadounidense a Irán, Trump dejó bien claro quién es su aliado militar número uno, Israel, y que el resto de la geopolítica occidental le importa bastante poco, hasta el extremo de amenazar a sus socios en la OTAN si no acataban sus directrices presupuestarias, como ocurrió con España.  

No fue necesario presionar mucho. Los líderes de la OTAN reunidos en la ciudad holandesa el 24 y 25 de junio aceptaron aumentar los gastos de defensa hasta el 5% de sus respectivos PIB de cara al año 2035. Un 3,5% en compra,  fabricación de armas y modernización de los ejércitos, por ejemplo, y un 1,5% adicional para protección de infraestructuras, ciberseguridad y refuerzo de la base industrial de la defensa. 

Ucrania vende ya poco en la OTAN 

En cuanto a Ucrania, la decepción fue notable para los ucranianos presentes en la cumbre. Solo hay que ver la magra declaración final de los 32 miembros de la OTAN. Si el año pasado, en la cumbre de Washington se citó la palabra Ucrania en unas sesenta ocasiones, esta vez solo apareció en dos: “Los Aliados reafirman sus compromisos soberanos duraderos de proporcionar apoyo a Ucrania, cuya seguridad contribuye a la nuestra, y, con este fin, incluirán contribuciones directas a la Defensa de Ucrania y a su industria de Defensa al calcular el gasto en Defensa de los Aliados”. 

En el caso de Rusia, las menciones fueron incluso menores, pese a que se supone que todo este show del rearme es a causa de la amenaza del gigante eslavo y no una mera parafernalia para impulsar el negocio armamentístico: Los países miembros de la OTAN están “unidos frente a las profundas amenazas y desafíos a la seguridad, en particular la amenaza a largo plazo que supone Rusia para la seguridad euroatlántica”. 

La exigua atención prestada a Ucrania corroboró ese creciente desdén de Washington –que llevó la batuta de la cumbre- por la resistencia de Kiev ante Moscú. El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, acudió a La Haya como un invitado más y no como la estrella mediática de cumbres anteriores. De allí retornó con muchas palabras de ánimo y algunas promesas de apoyo, pero sin el golpe de timón que demandaba para cambiar la situación en el frente bélico.  

Aprovechando el ruido levantado por esa demanda del 5% del PIB para la defensa occidental por parte de Trump, el presidente Zelenski solicitó a sus aliados occidentales que dedicaran el 0,25% de su PIB a Ucrania. Nadie le hizo mucho caso y hubo de retornar a Kiev con las palmaditas en la espalda del propio Trump, con quien pudo charlar, y la promesa del líder estadounidense de rebuscar en su arsenal misilístico por si había sistemas Patriot sobrantes para tratar de frenar siquiera los ataques por aire de Rusia. 

En el campo de batalla, el Kremlin sigue marcando el paso y controla los tiempos, aprovechando ahora que EEUU y Europa están ensimismados en la carrera de armamento en ciernes. Las ingentes inversiones en defensa que exige Trump y aceptan con mansedumbre los socios de la OTAN permitirá construir un futuro militarizado, pero no es algo que preocupe en estos momentos a Moscú, centrado en afianzar sus posiciones en Ucrania para tener el mejor de los puntos de partida cuando Trump deje de lado un rato a Irán y Oriente Medio y se acuerde de su promesa de acabar con la guerra de Ucrania en 24 horas. 

El show de Rutte 

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, con su verbo florido rozando el servilismo hacia “papaíto” Trump (como le llegó a denominar), insistió en que la OTAN está “totalmente comprometida” con Kiev y afirmó, un tanto desfasado, que “el camino de Ucrania hacia la adhesión en la Alianza es irreversible”. Olvidaba Rutte que su admirado Trump y sus pretorianos en la Casa Blanca han descartado como inasumible tal demanda ucraniana, que para Rusia supondría una declaración de guerra. 

En el marco de la cumbre, también alabó Rutte de su amado líder Trump la decisión de atacar el domingo pasado las instalaciones nucleares iraníes de Fordó, Natanz e Isfahán, uniéndose a la ofensiva que el 13 de junio lanzó Israel contra Irán. Esa guerra de doce días concluyó con el llamamiento de Trump a un alto el fuego total el pasado lunes que fue observado por todas las partes. 

La decisión de Trump de atacar el programa nuclear iraní fue “extremadamente impresionante”, dijo entusiasmado Rutte en La Haya, pues “envía al resto del mundo la señal de que este presidente, cuando llega el momento, sí, es un hombre de paz, pero, si es necesario, está dispuesto a usar la fuerza”. 

Los halagos de Rutte a Trump, el abrupto fin de la guerra “de los doce días” justo en vísperas de la cumbre de la OTAN a donde pudo acudir Trump con los laureles de su “victoria”, la puesta en escena autoritaria del mandatario estadounidense para imponer ese incremento descomunal en los presupuestos de defensa de los 32 miembros de la Alianza, todo ello recordó a una elaborada puesta en escena que rozó la parodia. 

Hasta el propio Zelenski, muy dado a sobreactuaciones ante sus aliados para recabar más financiación y armas debió quedar perplejo y optó por no llamar mucho la atención en sus reuniones al margen de la cumbre. En cualquier caso, poco podía obtener de sus amigos occidentales cuando estos andaban pensando en otras cosas, como los pingües beneficios y los gastos del nuevo militarismo europeo. 

Trump tampoco vende ya para Rusia 

En Rusia las cosas se veían de otra forma. Se asistía a la representación en marcha en La Haya con curiosidad, al tiempo que con alivio. De momento, el fracaso de Trump a la hora de lograr una negociación productiva entre ucranianos y rusos pese a sus esfuerzos desde que asumió el poder en enero pasado no se reflejó en esta cumbre de la OTAN en una acción agresiva contra Moscú, aunque podría suceder pronto. 

Trump se reunió con cordialidad con Zelenski en La Haya, cosa que no había hecho unos días antes en Canadá, en la reunión del G7,  y muy lejos de la trampa que le tendió en la Casa Blanca para humillarlo en febrero, quizá como respuesta a los ninguneos que le ha hecho el presidente ruso, Vladímir Putin, a quien ha llamado en varias ocasiones su “amigo”, pero que en estos momentos es uno de los pocos mandatarios en el planeta que osa desdeñar sus propuestas.

Consecuencia de la creciente distancia que están tomando Putin y Trump fue la decisión de éste de desechar la mediación rusa en la guerra entre Israel e Irán. El presidente estadounidense le llegó a recomendar al ruso, después de la oferta que le hizo éste de interceder ante sus aliados iraníes, de acabar primero con la guerra en Ucrania antes de tratar de resolver conflictos ajenos.  

Pero el pragmatismo ruso se impuso sobre la cumbre de la OTAN. Desde que Rusia invadiera Ucrania en febrero de 2022, todas las cumbres de la Alianza Atlántica han definido a Moscú como el mayor peligro al que hace frente Occidente. De hecho, esta apuesta por el rearme europeo y el crecimiento militar de la OTAN es consecuencia de ese temor al gigante ruso que Occidente ha utilizado como pretexto para disparar los presupuestos en defensa. 

El 5% no le preocupa mucho a Moscú 

Este jueves, el Kremlin dejó claro que esos incrementos en defensa no le preocupan, pues no solo son a largo plazo, sino que además posiblemente no puedan implementarse en todos los miembros de la OTAN.  

“En cuanto al objetivo de la OTAN de destinar el 5% del PIB a defensa, no creo que vaya a tener un impacto significativo en nuestra seguridad”, afirmó este jueves el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov. En realidad, dijo, esos presupuestos suponen “una amenaza para los contribuyentes de los países de la Unión Europea y el Reino Unido”. Según Lavrov, “en los últimos tres años simplemente les roban y en vez de utilizar los recursos recaudados a través de los impuestos para solucionar los agudos problemas socieconómicos, el dinero se emplea para financiar una guerra sin sentido en Ucrania”. 

Ucrania, incapaz de comunicar su inquietud a Occidente

Esta calma de Moscú a la hora de evaluar la cumbre de la OTAN ha pasado desapercibida en los Gobiernos occidentales, pero no en Kiev. El presidente ucraniano lleva meses alertando sobre la inminencia de una ofensiva rusa a gran escala y así lo apuntaría la efervescencia de acciones bélicas emprendidas por el ejército del Kremlin en lugares del frente tan alejados como Donetsk, en el este de Ucrania; Sumi y Járkov, en el norte; Dnipropetrovsk, en el centro; Zaporiyia, en el sur, o los ataques aéreos contra la ciudad portuaria de Odesa.  

Para Zelenski, algo está bullendo en los cuarteles rusos y así se lo hizo saber a sus aliados occidentales en las reuniones que mantuvo en el marco de la cumbre de la OTAN. El presidente ucraniano se reunió con sus homólogos de Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Polonia, con Rutte también presente, y en esos encuentros no parece que el secretario general de la OTAN estuviera tan chisposo como en sus reuniones con Trump.  

Zelenski está avisando de que la guerra no solo no ha terminado, ni está encaminada hacia una negociación, sino que podría acabar en una catástrofe para Ucrania si se cortan los suministros armamentísticos. Y quien más puede contribuir a ese abastecimiento es precisamente Estados Unidos. No parece que los cincuenta minutos de conversación con Trump le sirvieran mucho a Zelenski para convencerlo

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Autor/a: Juan Antonio Sanz
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Fuente: Público

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