01 de agosto de 2026. De unos meses a la fecha, Ucrania ha logrado que la “operación especial militar” del Kremlin se perciba en la parte europea de Rusia, donde reside 77 por ciento de la población del país y se concentran sus infraestructuras, como algo que ocurre no sólo más allá de sus fronteras, a excepción de las regiones colindantes que fueron las primeras en darse cuenta, y que trae muchas desgracias en su propio territorio.
Comenzó con los ataques contra refinerías, depósitos de combustibles, terminales de exportación de petróleo y gas, y también buques cisterna en los mares Negro y de Azov, que provocaron escasez de gasolina y diésel en muchas entidades federales y largas filas en las gasolineras, pero ante todo golpearon una de las fuentes de financiamiento de su operación en Ucrania, así como paralizaron la venta de cereales a otros países.
Esto se acompañó del bloqueo virtual de la península de Crimea, que empezó a tener serios problemas de abastecimiento, falta de combustibles, agua potable y cortes de suministro eléctrico por los bombardeos ucranios de sus puentes, carreteras y vías férreas.
A partir del 18 de julio pasado, Ucrania se centró en destruir la red de distribución de Wildberries, conocida como el Amazon ruso, la compañía de comercio electrónico más grande de Rusia y otra de las fuentes de ingresos más importantes para su presupuesto federal a través de los impuestos que pagaban decenas de miles de pequeños y medianos empresarios que vendían sus artículos mediante esa empresa.
Al dejar en llamas las bodegas de por lo menos 16 centros logísticos, con el ataque de la madrugada de este viernes en Volgogrado, ya es considerable el número de empresarios arruinados, qué perdieron todo y además deben cantidades impagables a los bancos rusos.
Al mismo tiempo, no parece que esta estrategia que pretende que los rusos sientan la guerra en su propia casa vaya a hacer cambiar de opinión al Kremlin, convencido de que puede alcanzar todos sus objetivos proclamados por la vía militar, en primer lugar bombardeando con misiles balísticos las ciudades ucranias. Consciente de ello, Ucrania espera que para este otoño concluya la fase de pruebas de sus misiles balísticos FP-9, que pueden alcanzar Moscú y San Petersburgo, y para fines de 2026, producir hasta 10 mil drones al año.
De unos meses a la fecha, Ucrania ha logrado que la “operación especial militar” del Kremlin se perciba en la parte europea de Rusia, donde reside 77 por ciento de la población del país y se concentran sus infraestructuras, como algo que ocurre no sólo más allá de sus fronteras, a excepción de las regiones colindantes que fueron las primeras en darse cuenta, y que trae muchas desgracias en su propio territorio.
Comenzó con los ataques contra refinerías, depósitos de combustibles, terminales de exportación de petróleo y gas, y también buques cisterna en los mares Negro y de Azov, que provocaron escasez de gasolina y diésel en muchas entidades federales y largas filas en las gasolineras, pero ante todo golpearon una de las fuentes de financiamiento de su operación en Ucrania, así como paralizaron la venta de cereales a otros países.


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