La inflación y la guerra con Irán amenazan el poder de Trump tras dos años tratando de gobernar sin controles
Trump abandonando el Despacho Oval para dirigirse a un mitin político de campaña en Daytona, (Florida), a 30 de octubre de 2026, en la Casa Blanca.Matt Kaminsky / ZUMA vía Europa Press

Washington-31/10/2026

Cuando Donald Trump llegó a la presidencia en 2025, Estados Unidos llevaba dos años apoyando en la distancia a Ucrania mientras la ciudadanía seguía sufriendo el efecto inflacionista del conflicto. Ahora el país está inmerso en una guerra directa con Irán —algo que no pasaba desde la invasión de Irak— mientras el precio de la cesta de la compra y la gasolina sigue en aumento. Para los estadounidenses que van a votar el próximo 3 de noviembre, la preocupación sigue siendo la misma que cuando estaba Joe Biden: el coste de vida.

La percepción que los ciudadanos tenían de la economía con Biden no ha cambiado demasiado con Trump. Cuando el demócrata abandonó la Casa Blanca, solo un 28% de los estadounidenses consideraba que la economía del país iba bien. Ahora, ese porcentaje ha disminuido aún más bajo el mandato del republicano: solo un 24% tiene una visión positiva, según datos del Pew Research Center.

Sin embargo, los datos macroeconómicos sí muestran un empeoramiento considerable. En diciembre de 2024, la inflación se situaba en el 2,9% y se habían creado unos 256.000 puestos de trabajo, mientras que la tasa de paro rondaba el 4,1%. Ahora, los últimos datos macroeconómicos muestran una inflación del 3,7% y una tasa de paro del 4,2%. Pero el indicador que usan los ciudadanos para evaluar realmente la economía es otro mucho más modesto: el precio del surtidor y de la carne picada.

En diciembre de 2024, al final del mandato de Biden, el precio medio de una libra de carne picada de vaca (unos 453 gramos) era de 5,62 dólares; ahora ya ronda los 6,79 dólares, según los datos de la Reserva Federal de St. Louis. Este aumento del 20% en casi dos años poco tiene que ver con la supuesta “edad dorada” que prometía Trump en sus actos de campaña.

Además, las bases republicanas que votaron por el magnate creyendo en la promesa del “America First” han descubierto que en realidad se trataba de “Trump First”. En el lapso de dos meses, el presidente estadounidense exhibió su unilateralismo geopolítico primero con la incursión militar en Venezuela y luego con el bombardeo sobre Teherán. El éxito del secuestro de Nicolás Maduro logró calmar la decepción entre sus seguidores, pero no ha sido así con la guerra en Irán. Cuanto más se ha alargado el conflicto, más se han erosionado los apoyos al presidente entre sus bases.

Venezuela e Irán son los síntomas externos de cómo Trump ha ido erosionando los límites al poder ejecutivo. Internamente, el gran indicador es cómo el magnate no se ha molestado en esconder los conflictos de intereses que plagan su segundo mandato. “Cosas que antes ocurrían a puerta cerrada ahora suceden en retransmisiones en directo: vemos a los consejeros delegados de las empresas y a los líderes extranjeros llevar regalos a Trump”, explica a Público Zach Everson, miembro de Public Citizen, una organización dedicada a rastrear los conflictos de intereses del magnate.

El matrimonio con Silicon Valley se hizo explícito el mismo día de la investidura, con la presencia en primera fila de Elon Musk (X, Tesla), Mark Zuckerberg (Meta), Jeff Bezos (Amazon), Sundar Pichai (Google, Alphabet), Tim Cook (Apple) y Shou Zi Chew (TikTok). Esta alianza ha ayudado a Trump a enriquecer su fortuna. Según calculaba The New York Times, solo durante el primer año de su segundo mandato, el republicano habría aumentado su fortuna en unos 1.408.500.000 dólares. Aunque esa cifra también ha sido regada con los regalos de los petroestados del Golfo.

La sensación de pérdida de poder adquisitivo entre las clases media y trabajadora resulta aún más sangrante cuando ven las estatuas ecuestres de Washington recientemente chapadas en oro o las filigranas doradas con las que ha transformado la Casa Blanca. Los aires versallescos del presidente estadounidense no son solo una cuestión de formas, sino también de contenido.

La impunidad con la que ha estado actuando el presidente estadounidense se explica, en gran parte, porque los checks andbalances no han funcionado. El Congreso, controlado por la mayoría republicana, ha abdicado prácticamente de sus funciones, mientras que la mayoría conservadora en el Supremo ya ha emitido diversas sentencias favorables a Trump.

El interrogante que queda por responder ahora —y que se empezará a atisbar después de la jornada electoral del próximo 3 de noviembre— es si se pueden restablecer los límites que el republicano erosionó. Aunque los demócratas recuperen el control del Senado y de la Cámara de los Representantes, hay que ver si Trump respetará la autoridad del Congreso.

Información adicional

El encarecimiento de los alimentos y la gasolina, el desgaste entre sus bases y las tensiones institucionales ponen a prueba el respaldo al presidente en las elecciones de medio mandato.
Autor/a: Antònia Crespí Ferrer
País: Estados Unidos
Región: Norteamérica
Fuente: Público

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