La última carta
El secretario del Vaticano para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales, Mons. Paul Richard Gallagher, reafirmó durante su visita a Rusia la posición de la Santa Sede de que el conflicto con Ucrania "no puede ser resuelto con medios militares".

A raíz de los viajes a Moscú del jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) estadunidense, John Radcliffe, y del canciller del Vaticano, arzobispo Paul R. Gallagher, se especula que las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania, suspendidas hace seis meses coincidiendo con la aventura bélica de Estados Unidos contra Irán, podrían reanimarse en septiembre.

Ucrania está interesada en que se sepa que existe dicha posibilidad y así lo hizo público por boca de Kyrylo Budanov, director de la Oficina de la Presidencia, al mostrar su disposición a participar, toda vez que el mandatario Volodymir Zelensky adelantó que está casi listo un borrador de propuesta a Moscú, elaborado por Kiev, Washington y Bruselas, el cual presupone establecer un alto el fuego inmediato, proceder al retiro simultáneo de tropas creando una zona desmilitarizada, otorgar a Donietsk y Lugansk un estatus especial bajo control de un tercer país e involucrar a Europa en asegurar que no se reanuden las hostilidades.

Rusia, en cambio, dio a entender a través del presidente Vladimir Putin que el Kremlin no ha recibido ninguna propuesta oficial y que circulan sólo algunas “ideas exóticas” y “poco viables”, por lo cual ordenó a su portavoz Dimitri Peskov decir que demostrada la inutilidad de las negociaciones, el ejército ruso se ve obligado a continuar la “operación especial militar” hasta alcanzar los objetivos anunciados hace cuatro años y medio, que se resumen en dos exigencias para Moscú innegociables: que Ucrania retire sus tropas de las cuatro regiones que Rusia proclamó como suyas y que renuncie a ingresar en la OTAN.

Pero cuando se haga oficial la iniciativa tripartita, si la declina de plano el Kremlin quedaría muy mal ante el único que le interesa no poner en su contra, Donald Trump, que a su vez, ridiculizado al no poder doblegar a Irán, necesita un “triunfo” antes de las elecciones de noviembre.

Por eso no se descarta que vuelva a “negociar” para dar largas, mientras Putin se juega su última carta para conseguir que Zelensky, sin recursos contra misiles balísticos, acepte condiciones menos draconianas: los bombardeos de la red eléctrica y energética de Kiev y otras ciudades el próximo invierno. Si Ucrania resiste, Rusia tendrá que negociar sin ultimatos o la guerra de desgaste seguirá hasta que uno de los dos no pueda más.

Información adicional

Apuntes postsoviéticos
Autor/a: Juan Pablo Duch
País:
Región: Euroasia
Fuente: La Jornada

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