En versión masculina y femenina, U1 usa IA generativa para dar afecto digital simulado. Apuntan al mercado de adultos solteros y mayores viudos o sin hijos, como servicio de compañía que les alegre la vida.
07 de julio de 2026 . Esta semana la tecnología Made in China volvió a asombrar al mundo con un video de robots humanoides de realismo pasmoso, no solo por su rostro y expresividad, sino la fluidez al caminar cual modelos top en un escenario derrochando belleza humana acorde al estereotipo. Vienen con IA incorporada y el CEO de UBtech –Zhou Jian– rompió el tabú: “La próxima generación de humanos podría enamorarse de robots humanoides”. Para ello presentó bellísimos objetos de deseo: “el primer robot humanoide ultrabiónico tamaño real del mundo, diseñado para el acompañamiento emocional”, en versión masculina y femenina.
Los robots se llaman U1, independientemente del género. Y si no hubiesen nacido en Shenzhen, serían considerados los Adán y Eva de la era de los robots. Ambos son asiáticos rubios. Este “primer hombre” mide 1.83 metros y pesa 42 kilos con musculatura de gym. Ella es una sílfides de 1.68 metros y 35.2 kilos, pechos turgentes y boquita corazón. Ambos tienen sedosa piel de silicona y 88 articulaciones –lejos de las 140 humanas– con una columna cervical biomimética y movimientos de cabeza, ojos y boca con sincronización casi perfecta entre el habla y los labios. Replican el 90% de nuestros movimientos y les alcanza para una movilidad nunca vista, en el rostro para expresar emociones y en piernas y brazos.
Pero les falta mucho para ser confundidos con humanos: parecen maniquíes muy bien articulados. Aunque en ellos la movilidad es secundaria: lo que más importa –y lo que mejor hacen– es hablar con las personas gracias a sus algoritmos de IA para interactuar con quienes viven solos. Por eso, mientras el CEO presentaba sus creaciones, de fondo había un gran corazón encerrando la frase “Love is the cure”. Zhou Jian sabe que lo que más falta en este mundo el amor. Y cree haber descubierto la forma de satisfacer esa demanda: en verdad no vende robots sino sentimientos.
El maridaje entre robótica e IA
Nada de esto sería posible sin la combinación entre la plasticidad robótica con la IA generativa –el invento de ChatGPT– más una serie de sensores que le permiten al acompañante mecanizado identificar en la persona veinte estados emocionales: detecta si uno está cansado, ansioso o triste y regala frases de apoyo emocional personalizado y adaptadas a la circunstancia: posee un “modelo de IA afectiva”. Incluso tiene un “motor de cuidado proactivo” que inicia interacciones sin necesidad de una palabra de activación al estilo Siri o Alexa, respondiendo al contexto emocional del usuario.
Su autonomía de carga es de 4 horas y está conectado a internet. El nivel real de eficiencia está por verse: las únicas interacciones con humanos fueron mostradas en videos generados por IA con imágenes hiperrealistas, pero digitales al fin. Lo único analógico que se conoció fue el breve e impactante desfile de humanoides por una pasarela fashion.
La empresa aclaró que U1 no hace tareas domésticas ni ofrece relaciones sexuales, sino apenas “afectivas”. Este “compañero emocional” puede jugar videojuegos, mirar series con el acompañado en el sillón y conversar durante horas sin la “fricción típica de las relaciones humanas”.
Black Mirror ya llegó
El lanzamiento generó controversia y la mayor fue la “Iniciativa de acompañamiento humano-robot”: Ubtech donará 100 humanoides a los que se les hará una reconstrucción facial con réplica de voz para recrear a personas reales, acaso muertas. En casa tendremos la versión robótica de un familiar, haciendo realidad el capítulo “Enseguida vuelvo” de la serie Black Mirror en que una viuda compra un replicante de su marido. Ubtech dice apuntar con esto a niños con padres separados y ancianos solitarios.
El contexto sociológico es local y global: la tasa decreciente de natalidad con envejecimiento de población, el auge de los departamentos monoparentales y el crecimiento de la interacción y las relaciones hombre-máquina vía IA. Es la primera vez que se lanza un robot de venta masiva al mercado para introducirlo al hogar, ya no como excentricidad mecánica decorativa sino un objeto “animado” para simular relaciones afectivas de un nuevo tipo, aun por definir.
El robot está preparado para ir estudiándonos y conocernos cada vez mejor: así establecerá un vínculo duradero y sólido. El target es un conjunto de adultos que viven solos –90 millones en China– y adultos mayores que viven en un “nido vacío”, otros 118 millones. En la preventa han vendido 13.000 unidades. Pero habrá que ver qué pasa cuando llegue el momento de hacer realidad las promesas. La interacción física será bastante limitada y solo dentro de la casa, donde no pueden subir escaleras.
UBtech promete crear acompañantes a medida: el comprador los encargará con el aspecto físico que desee y su vestuario. Uno podría pedir –si se firma el contrato entre UBtech y la celebridad– a Jackie Chan o Taylor Swift.
Los riesgos de dependencia emocional podrían erosionar más las relaciones humanas. Se teme que la máquina absorba datos del usuario que alimenten un big data exponiendo la intimidad: UBTech asegura que toda información está protegida y no se acumula fuera del aparato. Y prometen que el robot “nunca te traicionará”: será pura condescendencia, como ya lo son los sistemas de IA con los que conversamos a diario.
A la venta hay tres modelos. El U1 Lite cuesta US$ 12.000 y es un mero torso. El U1 Pro es un cuerpo completo que cuesta US$ 24.900. Y el U1 Ultra es un cuerpo completo de alto dinamismo: US$ 137.000.
Zhou Jian es un hombre que piensa en grande: promete a sus clientes una máquina que ofrece “amor eterno”. Si encuentra la fórmula convincente, será el hombre más rico del mundo.
Cuando la ciencia ya no es ficción
La novela de Kazuo Ishiguro, “Klara y el Sol”, se adelantó a todo esto. Es la historia de Klara –una AA o amiga artificial—, una robota comprada por una madre como compañía para su hija Yosi mortalmente enferma. Klara es una muy buena oyente ante quien confesarse, sin recibir juicios de valor. Es una amiga que va estudiando a la niña para absorber su personalidad y hacerla sentir bien, sin contradecirla. Los niños de un futuro cercano –también los adultos– dialogarán cada vez más con asistentes virtuales y muñecas robot: los preferirán antes que a un niñe de “vieja carne” y tendrán poca tolerancia a la otredad, encerrados en burbujas de mismidad. La AA es una esclavita dispuesta a cumplir cada capricho de Yosi y soportar humillaciones.
En diálogo con Página/12, Darío Sandrone –investigador en Filosofía de la Tecnología, director de la Escuela de Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba- explicó: “Pronto se acelerarán el desarrollo y la inserción social de este tipo de robots. Las condiciones sociales globales allanan el camino. Y el desarrollo de la IA genera las condiciones tecnológicas, así como los avances en la sensorización: la capacidad del robot de leer el entorno. Esto permite captar los patrones de reacción de las personas analizando comportamientos: saber cuándo alguien se enoja o sonríe, o si algo le llama la atención o lo entristece. El robot reaccionará a esa reacción e identificará cómo reacciona el humano a esa reacción de la reacción. Estos loops permiten ajustar el algoritmo para que el humanoide se relacione cada vez mejor con la subjetividad de cada quien. Los robots serán funcionales: si le hacés un chiste se reirá y si le decís algo inadecuado, pondrá cara de sorprendido. Tendrá identificados los gestos de cada persona. La Human Robot Interaction es una disciplina que estudia las reacciones psicológicas, lingüísticas, semánticas y gestuales de los humanos en contacto con robots, permitiendo crear gestos robóticos que generen la ilusión de que hay una experiencia subjetiva del robot. Una cosa es que tengas un robot que interactúa con vos a nivel general y otra es que lo haga de tal manera, que tengas la sensación de que el robot tiene una experiencia subjetiva: no solo pone cara triste: se “entristece”. Esto incluye todo un estudio de la mecánica del rostro del robot para generar esas ilusiones”.
–Caeremos en la trampa de la condescendencia robótica como ya sucede con la IA generativa que nos soba el lomo.
–El robot siempre te va a decir que sí. Lo más riesgoso es que impulsen una sociedad en la que perdamos el deseo de interactuar con humanos que nos dicen que “no”, que no nos hacen caso y nos cuestionan: esto genera malestar psíquico. Y si en cambio, puedo interactuar con un ser artificial que me genera un bienestar general permanente, la elección es fácil. Es como en la película M3gan, sobre una niña huérfana a quien le regalan una muñeca robot muy empática y cuando se la quitan, tiene síndrome de abstinencia: ya no quiere jugar con niños. ¿Qué haremos en una sociedad en que empecemos a perder el deseo de interactuar con humanos? La robótica le está agregando a la IA el poder de las apariencias. Es una IA corporizada con gestos, piernas y brazos. Para que tenga un efecto más potente de “compañía”, no basta con que la IA dialogue de manera convincente: le faltaba la referencia a la corporalidad humana para generar cierta satisfacción emocional. Los vínculos sociales requieren en gran medida de la interacción con otros cuerpos. La robótica genera ya actores sociales sintéticos, incorporando al cuerpo en el vinculo entre máquinas y humanos.



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