La segunda administración del presidente Trump ha declarado como uno de sus objetivos de seguridad nacional evitar la dependencia de minerales críticos y tierras raras importados desde China. Definió el abastecimiento nacional como una prioridad de defensa, ya que estos minerales son estratégicos para la transición energética, el sector automotor, el aeroespacial y las tecnologías de guerra.
China mantiene el dominio sobre 17 elementos metálicos conocidos como tierras raras, que forman parte de los minerales críticos para Estados Unidos. Domina 70 por ciento de su extracción, 90 por ciento del procesamiento y 93 por ciento de la fabricación de imanes.
En abril de 2025, el ministerio de Comercio chino impuso restricciones a la exportación de tierras raras en represalia a los nuevos aranceles de Trump a sus productos, y en diciembre del mismo año negó licencias de exportación a cualquier empresa que tuviera nexos con fuerzas armadas extranjeras. Las cadenas de suministro estadunidenses sufrieron escasez, retrasos y paros, e hicieron evidente que la política de tierras raras de Pekín es un instrumento de influencia económica y geopolítica.
Los minerales críticos se han convertido en una moneda de cambio para negociar con Estados Unidos. Ucrania pagó con tierras raras las armas que le proporcionó Washington en 2022. Brasil negoció con sus tierras raras la reducción de aranceles impuestos por Trump a sus exportaciones; la pretensión del magnate de adquirir Groenlandia –territorio inuit, autónomo de Dinamarca– responde a la existencia de importantes yacimientos de estos minerales.
Estados Unidos busca activamente formas de contrarrestar el control de China sobre los recursos mundiales de tierras raras y garantizar las cadenas de suministro a partir de otros países aliados. En diciembre de 2025, impulsó la iniciativa Pax Silica, en la que participan tanto los gobiernos de 26 naciones como corporaciones privadas encargadas de la ejecución operativa.
Entre los países que se integran como proveedores claves están Argentina, con reservas de litio, cobre y uranio; Chile, que puede aportar cobre y litio; Australia, primer productor mundial de litio y potencia en la extracción de tierras raras; India con la tercera reserva de tierras raras; Kazajistán, proveedor de metales raros; Noruega, Suecia y Finlandia de importancia para el suministros de cobalto, níquel y grafito. Estados Unidos también participa en la extracción en su propio territorio.
El 3 de febrero de este año, Estados Unidos convocó a la Cumbre Ministerial sobre Minerales Críticos en la que participaron 54 países, incluido México. Varios gobiernos firmaron memorandos de entendimiento con el país promotor.
El 4 de febrero se puso en marcha el Plan de Acción entre Estados Unidos y México sobre minerales críticos, en la antesala de la negociación para la renovación del T-MEC. Según ese plan, los dos países desarrollarían políticas y mecanismos comerciales coordinados. Identificarían los minerales críticos de interés y proyectos específicos de extracción, procesamiento y fabricación. El Servicio Geológico de Estados Unidos y el Servicio Geológico de México intercambiarían información sobre la ubicación de posibles yacimientos.
En los países del Sur se ubican los procesos de extracción y refinado que provocan los mayores conflictos socioambientales. En Australia, las resistencias a la minería han aumentado por parte de los granjeros y las comunidades rurales por la pérdida de tierras agrícolas de cientos de años de tradición, expropiadas o inutilizadas, además de la sobrexplotación de los acuíferos. Los pueblos indígenas denuncian el avance de la minería sobre sus tierras ancestrales y reportan incluso la destrucción de sus sitios sagrados.
En Groenlandia, territorio inuit, las pretensiones de Trump se topan con su resistencia que no ha permitido llevar a cabo ninguna actividad minera de tierras raras en la isla. El Parlamento inuit aprobó una ley que prohíbe la exploración y la explotación minera en donde exista una concentración de uranio superior a 100 partes por millón y bloqueó el desarrollo de la mina de tierras raras de Kvanefjeld.
En el Congo, las mineras desalojan por la fuerza a la gente, la amenazan e intimidan para que abandone sus comunidades, o la engañan para que den su consentimiento a sus operaciones.
En México, las comunidades y pueblos indígenas están alerta frente a la nueva amenaza a sus territorios que puede significar este Plan de Acción sobre Minerales Críticos con el vecino del norte. La explotación minera en los territorios de los pueblos originarios amenaza sus posibilidades de vida y su autonomía, de ahí que las resistencias hayan crecido después de conocer y sufrir sus resultados. Alrededor del mundo, los pueblos originarios rechazan pagar con sus territorios el costo de la modernidad del sistema.
28 de octubre de 2026
Por, Ana de Ita, Directora del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano


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