Voces expertas advirtieron sobre el impacto del encuentro de Donald Trump con Xi Jinping. Taipéi afirmó no tener información sobre los “ajustes”
25 de mayo de 2026. El secretario interino de la Marina de Estados Unidos, Hung Cao, afirmó que Washington pausó una venta de armamento a Taiwán valorada en 14.000 millones de dólares para garantizar el suministro de municiones en la campaña militar contra Irán.
Durante una audiencia en el Subcomité de Defensa del Comité de Asignaciones del Senado, Cao explicó que la medida responde a la necesidad de asegurar suficientes reservas de misiles e interceptores, aunque sostuvo que el país aún dispone de “abundantes” existencias.
El funcionario añadió que las ventas militares al extranjero se reanudarán cuando la Administración lo considere oportuno.
Además, durante la audiencia indicó que la decisión final sobre la reactivación del acuerdo con Taipéi dependerá del secretario de Guerra, Pete Hegseth, y del secretario de Estado, Marco Rubio.
En declaraciones recogidas por la agencia CNA, la portavoz de la Oficina Presidencial de Taiwán, Karen Kuo, señaló que el Ejecutivo había tomado nota de este hecho, pero que “actualmente no existe ninguna información sobre ajustes por parte de Estados Unidos respecto a esa venta de armas”.
La vocera expresó además su deseo de que el proyecto de presupuesto especial para financiar adquisiciones militares “no sufra complicaciones innecesarias” en el Parlamento y “pueda completarse de forma fluida y dentro del calendario previsto”.
La suspensión de la venta fue adelantada el viernes pasado por la Administración del presidente, Donald Trump, el mismo día que volvió de su visita de Estado a Beijing.
Horas antes de anunciar la suspensión de la venta, Trump había asegurado en una entrevista con Fox News que Taiwán había sido el tema central de sus conversaciones con su homólogo Xi Jinping.
Durante el encuentro entre los mandatarios, Xi advirtió a Estados Unidos que cualquier apoyo a la independencia de la isla sería visto como una provocación que podría llevar a un choque militar.
Desde 1979, Estados Unidos tiene un tratado con Taiwán de relaciones bilaterales donde se enmarca la venta de armas como una medida defensiva y durante décadas se registraron múltiples ventas; en noviembre pasado se registró la más reciente, valorada en 19.000 millones de dólares.
Aunque la venta de armas a Taiwán está enmarcada en la jurisprudencia estadounidense, otras administraciones como la de Barack Obama pausaron de manera estratégica la venta cuando existen tensiones con Beijing.
Las repercusiones de la cumbre de Beijing
Sergio Cesarín, docente de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) e investigador del CONICET, afirmó en diálogo con Página/12 que China está ordenando la política exterior estadounidense, y que Estados Unidos “no se moverá de la ambigüedad estratégica respecto a Taiwán”.
“Periódicamente hay muestras de buena voluntad como esta suspensión de armas. Sin embargo, que se haya suspendido no quiere decir que se haya cancelado, con lo cual, en caso de que haya algún movimiento que Washington perciba como sospechoso, podría movilizar nuevamente esos recursos”, explicó Cesarín.
“Es un juego en muchos casos muy nebuloso y muy dinámico, que puede cambiar la situación rápidamente”, destacó el analista.
Por su parte, Gabriel Merino, profesor e investigador de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y del CONICET, afirmó en conversación con Página/12 que la cumbre de Beijing confirmó una China en ascenso y un Estados Unidos con problemas y en declive relativo.
“Se trata de dos potencias que están a la par; ya no hay una superioridad estratégica de Estados Unidos. En el primer mandato, Trump inició una guerra comercial y tecnológica con China; esa guerra fracasó y hoy los gigantes tecnológicos estadounidenses tienen pares chinos y dependen de China para sus negocios globales”, añadió Merino.
Merino señaló que la cuestión de Taiwán se inserta en “un escenario de guerra mundial híbrida y fragmentada con distintos focos, como el de Ucrania, Gaza, Irán y esa región del Medio Oriente”. A pesar de que Taipéi no llega a tener una guerra, “es un conflicto político con mucha carga estratégica y con carrera armamentística”.
Dentro de este escenario, para Merino, el encuentro entre los mandatarios, además de tener como objetivo llevar adelante negocios puntuales, buscó algún tipo de presión de China sobre Irán para mejorar la posición negociadora de Estados Unidos.
“Buscó poner sobre la mesa cartas como el tema de Taiwán para negociar con China. Sin embargo, China no acepta ese tipo de juego; no es que va a negociar una cosa por la otra. Una cosa es lo que quiera Trump, otra cosa es cómo piensa China la relación con Taiwán y otro conjunto de cuestiones” sostuvo Merino.
Por su parte, Cesarín recordó que Irán es un socio importante para China: Beijing es el principal comprador de petróleo iraní, pero también tiene millones de dólares invertidos en infraestructura portuaria, estratégica y en refinerías. Ambos países integran los BRICS y también son parte de la Nueva Ruta de la Seda.
Además, indicó que “es un proveedor de tecnología y armas que han servido para mejorar su sistema de defensa”. En este sentido, Cesarín afirmó: “China tiene un ascendente y una influencia muy fuerte sobre Irán como para promover un diálogo y un acuerdo que no resulte humillante para ninguna de las dos partes”.
“El papel de China y esto es, de alguna manera, lo que me parece que Trump le ha transmitido a Xi Jinping, sería tratar de ayudar a Estados Unidos a salir del atolladero en el que se ha transformado el conflicto con Irán”, subrayó Cesarín.
En la misma línea, Merino manifestó: “China también está interesada en que se resuelva lo de Ormuz y lo de Irán, pero no está interesada en que Irán firme la rendición”.
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