Por qué es importante que el ser humano vea por primera vez en la historia la cara oculta de la Luna
Vista de la Luna tomada por un miembro de la tripulación de Artemis II a través de la ventana de la nave espacial Orión, a 6 de abril de 2026.NASA / Reuters

Aunque ya conocemos este lado del satélite, los astronautas pueden aportar nueva información en tiempo real sobre los colores, las texturas y las estructuras geológicas.

Todo ello permite allanar el camino para futuras exploraciones ‘in situ’ del astro, cuyo estudio aporta conocimiento sobre la formación e historia temprana del sistema solar.

06/04/2026. La tripulación a bordo de la nave Orion ha hecho historia este lunes, cuando han alcanzado el punto más lejano del cosmos al que un ser humano ha llegado jamás –a más de 400.000 kilómetros de la Tierra–. Además, se han convertido también en las primeras personas que han observado in situ el lado oscuro de la Luna, que permanece oculto desde nuestro planeta. Esto no significa que nunca reciba la luz del Sol o que nos resulte totalmente desconocido. De hecho, el programa espacial chino ya ha recogido muestras de esta zona y se encuentran en fase de análisis. No obstante, el satélite alberga todavía muchos misterios por descubrir.

Otro valor añadido que puede aportar la experiencia visual humana tiene que ver precisamente con la mirada crítica de quien observa. Este factor aporta “un criterio para elegir un sitio específico para analizar”, declara a este diario Íñigo Chacartegui Rojo, investigador predoctoral del CEA París-Saclay, centro dedicado al estudio de la energía atómica o la física aplicada, entre otros campos científicos. Incluso si la NASA ya tiene toda la superficie mapeada a través de imágenes satelitales, “podría haber algún tipo de nuevo descubrimiento o una llamada de atención para los científicos”.

Las tareas de Artemis II en la cara oculta de la Luna

Que esta sea la primera vez que unos ojos humanos hayan visto la cara lejana de la Luna no significa que no supiéramos ya sobre ella. De hecho, Marín recuerda que la misión Artemis II tiene como objetivo ser una “puesta a punto” de la nave Orion. Y así lo afirma también el geólogo planetario del CSIC Jesús Martínez Frías: “Si Marte es París y la Luna es Barcelona, es como si hubiéramos hecho este viaje hace medio siglo con un coche antiguo y ahora lo hacemos con uno supermoderno, donde además podemos retransmitir en directo lo que está pasando”, ejemplifica.

“Su valor no está en descubrir nada nuevo, sino en algo más básico: observar con perspectiva humana –geometría, iluminación, escala–, validar interpretaciones orbitales y preparar misiones que sí harán ciencia directa”, añade a este medio Eloy Peña Asensio, profesor de Ingeniería Aeroespacial Universitat d’Alacant. “Es una misión de capacidad operativa, no de resultados científicos inmediatos”. Para el experto, la importancia de Artemis II reside en la “validación directa y el contexto geológico fino”.

Con este propósito, “la nave Orion cuenta con 32 cámaras para capturar imágenes tanto del interior como del exterior”, informa por su parte Silvia Martínez-Núñez, astrofísica e investigadora del Instituto de Física de Cantabria (IFCA). “La labor de los astronautas, según la NASA, consiste en realizar observaciones visuales y fotografías detalladas de la superficie lunar, así como describir en tiempo real los colores, las estructuras geológicas y el relieve”. Para Martínez Frías, estas tareas tienen un carácter “subsidiario” en el marco de la misión Artemis II y afirma que cobrarán un mayor peso a partir de Artemis IV, cuando el ser humano vuelva a pisar el astro. La misión actual no tiene por tanto la intención de traer grandes avances en cuanto al conocimiento sobre este lado del satélite, sino más bien abrir la vía para que futuras misiones puedan hacerlo.

Ni tan oscuro, ni tan oculto

En cualquier caso, no hace falta esperar hasta esos vuelos para conocer esta cara de la Luna. De hecho, “la conocemos relativamente bien”, afirma Marín. Aunque desde la Tierra no es nunca visible porque “su período de rotación coincide con el de traslación“. Es decir, que a medida que gira sobre su propio eje, se mueve también alrededor del planeta. Por esta razón, “hay gente que se piensa que la zona oculta está siempre oscura, pero no”, aclara el divulgador. En fases de luna nueva la cara visible está oscura, mientras que “la cara oculta está totalmente iluminada” y viceversa en fases de luna llena. Daniel Marín, astrofísico: “La cara oculta la conocemos relativamente bien”

La primera imagen de la historia tuvo lugar en el año 1959 con la sonda automática soviética Luna 3. La primera misión del programa Artemis, Artemis I, también fotografió este lado de la Luna en 2022. Asimismo, las últimas hazañas en este ámbito vienen por parte del programa espacial chino, Chang’e. El gigante asiático lanzó en 2018 la primera sonda espacial hacia esta cara del satélite, que aterrizó en enero de 2019. Esta misión, Chang’e 4, incluía también un rover que ahora rueda por su superficie. La misión Chang’e 6, lanzada en el 2024, trajo consigo las primeras muestras del lado oculto de la Luna. Estas rocas se encuentran bajo el análisis de los investigadores involucrados en el programa espacial chino.

La “Sierra Nevada” de la Luna

Chacartegui Rojo es uno de los científicos que forma parte del programa Chang’e. En concreto, se encarga del estudio de materiales radiactivos en la superficie lunar. La composición de dichos elementos, como el uranio o el torio, “es bastante menor en el lado oculto que en el lado visible”, indica. También el polvo lunar “está menos compactado” en este lado del astro. El científico pone de relieve que las diferentes informaciones sobre los minerales de un suelo permiten entender la manera y el tiempo en que este se ha formado. 

“Las rocas de Canarias tienen una composición de minerales distinta de las rocas de Sierra Nevada, por ejemplo, porque la manera en la cual se han formado es diferente y porque Sierra Nevada es mucho más antigua, geológicamente hablando”, aclara. Por lo que han podido analizar hasta ahora, “la composición de minerales del lado oculto sugiere que esa zona es bastante más antigua que el lado cercano [la zona visible], que presenta más volcanismo”. Siguiendo entonces la analogía terrestre, “podríamos decir que el lado cercano es el archipiélago canario, mientras que el lado oculto es Sierra Nevada”.

El misterio de la dicotomía lunar

El investigador apunta que esta es precisamente la pregunta científica que se realiza sobre la asimetría geológica de la Luna, una pregunta conocida como “dicotomía lunar“. “El lado oculto difiere del lado visible en que presenta más cráteres y menos llanuras volcánicas (mares lunares), así como grandes cuencas de impacto”, explica Silvia Martínez-Núñez. Estos mares lunares son las manchas más oscuras que se pueden observar desde la Tierra. En realidad, “son zonas de basalto más oscuras”, describe Daniel Marín. La razón por la que el lado oscuro carece de estos enclaves tiene que ver con que “su corteza es más espesa que la de la cara visible”, añade el divulgador. Subraya que el interés de estudiar la cara oculta tiene que ver con entender esta diferencia, “saber por qué ha ocurrido y cómo se ha originado”.

“Los impactos no han llegado al manto como en las cuencas basálticas de la cara visible”, explica Martínez Frías. En su lugar, “tenemos sobre todo una craterización enorme de las tierras altas, que tienen otra composición”. Los detalles conocidos hasta ahora sobre la dicotomía lunar sugieren que el lado oculto es más antiguo que el visible. Esto abre una ventana de oportunidad para comprender mejor el satélite, pero también el conjunto del sistema solar y su historia. Y es que “la Luna, tanto en su lado visible como en su lado oculto, conserva pistas sobre su historia temprana”, remarca Martínez-Núñez.

Esto se debe a que el satélite cuenta con una tenue exosfera, a diferencia de las numerosas capas de la atmósfera de la Tierra. En consecuencia, “no hay erosión”, apunta Daniel Marín. No es una cuestión baladí, ya que por este motivo “tiene un registro de todos los impactos y de toda la historia del sistema solar prácticamente desde la formación hace 4.500 millones de años hasta la actualidad”. “Estudiar la Luna también es estudiar la formación y la historia del sistema solar”, remarca el divulgador científico. Así, mientras avanzan las investigaciones del programa Chang’e, la misión Artemis II abre la vía para futuras exploraciones in situ sobre nuestro satélite.

Información adicional

Autor/a: Adhik Arrilucea
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Fuente: Púbico

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