Proyecto soccer
Henry Alfred Kissinger y Pelé

En medio de la banda de sonido de la foto triste en la Casa Blanca, se escuchó “Pelé”. Un presidente que en junio cumplirá 80 dejó escapar un recuerdo congelado de sus 29 años, cuando Edson Arantes do Nascimento llevó lo que quedaba de su fútbol al soccer de los EE.UU.

El 1 de octubre de 1977, en Cosmos 2-Santos 1, Pelé se retiró del fútbol en una extraña geografía para el final de una carrera que fue sinónimo de Brasil. El proyecto a largo plazo, destinado a colocar al soccer estadounidense entre las principales potencias mundiales, quedó congelado por un rato largo. El Cosmos de Nueva York terminó convertido en mal negocio.

Detrás de la llegada de “O Rei” a aquella liga que no despertaba, estuvo Henry Alfred Kissinger. El objetivo del republicano era utilizar al fútbol como puente entre la Casa Blanca y el fenómeno de la multiplicación latina en su territorio.

No se trataba de un funcionario estadounidense que trasplantaba un deporte lejano a su cultura. Kissinger había nacido en Fürth (Alemania) el 27 de mayo de 1923 y dos décadas después se convirtió en ciudadano del país norteamericano.

En aquel pequeño pueblo del sur alemán donde reinaba el fútbol, Kissinger era hincha del Greuther Fürth y en su niñez festejó tres vueltas olímpicas de su equipo, que años más tarde se convirtió en un eterno animador de los torneos de segunda división.

La North American Soccer League, la liga de fútbol profesional que suma equipos de EE.UU. y Canadá, nació en 1968. Dos años después surgió la franquicia del New York Cosmos, por iniciativa de los hermanos de origen turco Ahmet y Nesuhi Erdegun. Ambos eran ejecutivos de la Atlantic Records, la división discográfica de la Warner, el emporio de comunicación de Steve Ross.

El 17 de abril de 1971, el Cosmos jugó su primer partido en la NASL, ante casi cuatro mil espectadores en el Busch Memorial Stadium de Missouri. Triunfó 2-1 con goles del delantero Randy Horton (Bermudas). Al año siguiente el equipo ganó su primer campeonato; en el 72 tuvo una campaña regular y tocó fondo con los malos resultados de 1974. Decidido a cambiar la situación de la mano de un ídolo que se transformara en símbolo del juego y el negocio, Ross encabezó el operativo Pelé. La Warner analizó al brasileño como marca global (botines, camisetas y cualquier licencia que llevara su nombre) y dejó la negociación en manos del presidente del Cosmos, Clive Toye.

En ese momento, el 10 tenía ofertas de Inglaterra, España, Italia y México. El encargado de volcar la balanza a favor del Cosmos fue Kissinger. El por entonces secretario de Estado no se sentó a negociar con el Santos, directamente lo hizo con la dictadura brasileña.

Cuando comenzó a trabajarse la operación, Ernesto Geisel se negó a aceptarla. Defendió al crack como “Tesoro Nacional No Exportable” y, por lo menos, pedía que jugara un año más en el Santos antes de unirse al equipo neoyorquino.

La Warner pidió ayuda a Nelson Rockefeller, por entonces vicepresidente de EE.UU. La decisión del petrolero fue dejar todo en manos de Kissinger, único integrante del gabinete que conocía al fútbol y a Pelé.

El brasileño debutó el 15 de junio de 1975 en Nueva York. Treinta mil espectadores en el Downing Stadium como testigos del empate ante el Dallas Tornado 2-2. Pelé señaló un gol y para el marketing se trató del 1221 en 1254 partidos.

A partir de 1976 se sumaron otras estrellas en la recta final de su carrera, como Chinaglia, Beckenbauer, Neskeens y Carlos Alberto. Otras franquicias siguieron el camino del Cosmos y concretaron la llegada de George Best, Cruyff, Gordon Banks y Rodney Marsh.

El contrato que le ofreció Ross a Pelé era por tres años, pero tuvo que aceptar que el jugador solo quería jugar dos temporadas más. El empresario se aseguró por 10 años los derechos de explotación de imagen a nivel mundial y por 14 lo nombró encargado de las Relaciones Públicas del equipo. En ese momento, el brasileño se convirtió en el deportista con mejores ingresos del mundo.

El Cosmos cerró sus puertas en 1984. Casi una década después de iniciar una revolución inconclusa en el soccer, la empresa quebró.

En el verano de 1978, Enzo Magnossi, presidente de la Asociación de Fútbol de Nueva York, envió a Bob Kap a Buenos Aires, para reforzar con 15 jugadores argentinos a cinco equipos (Houston Hurrican, Dallas Tornado, Oakland Stompes de San Francisco, San José Earthquakers de California y Washitong Diplomat). La operación fue un fracaso.

Kissinger y el fútbol siempre hicieron muy buenos negocios. Desde una productora con sede en Suiza se obtenían los fondos para financiar a los grupos de tareas que operaron en América Latina, a través de todos los procesos dictatoriales de los 70, abrazados a la doctrina de la seguridad nacional y el terrorismo de Estado. Muchas de estas empresas fueron las que tiempo después integraron el “Club de Sponsors”, los patrocinadores oficiales de las Copas del Mundo, que coordinaba Joseph Blatter (Adidas, Coca-Cola, Fuji, Master Card, Visa, Sony, Castol, Budweiser, KIA, Mc Donald’s, Hyundai y Continental).

El 11 de mayo de 1978, Constancio Vigil viajó a Washington para firmar con Henry Kissinger, el contrato que habilitaba a Editorial Atlántida a publicar sus memorias en español.

Cuando en junio llegó a Buenos Aires para asistir al Mundial, las usinas mediáticas de la dictadura lo trataban como un hombre en funciones, cuando había dejado de serlo en enero del 77. Quedó para los tiempos aquel recibimiento de Daniel Mendoza, cuando le preguntó en Ezeiza si conocía “el especial cariño que le tienen en la Argentina, dentro de las personalidades mundiales”.

Antes del 6-0 a Perú, Videla y Kissinger irrumpieron en el vestuario visitante, como protagonistas de una operación de pinzas, entre el soborno a algunos y la siembra de terror para todos.

El 24 de junio brindó una charla en la Sociedad Rural, en la que auspició la libertad para secuestrar, torturar y matar: “El riesgo de aplicar indiscriminadamente la política de derechos humanos a todas las naciones es convertirnos en el poder policíaco internacional”.

En 1994, EE.UU. fue sede de la Copa del Mundo y el exsecretario de Estado fue presidente del Comité Organizador. Dos años después, la FIFA le otorgó la Orden del Mérito por su contribución al desarrollo del deporte en todo el planeta.

La comparación Messi-Pelé posiblemente haya sido el resultado de un recuerdo dormido en la cabeza octogenaria del ladrón de petróleo que esperó medio siglo para despertar. La segunda posibilidad es que Trump, como discípulo de Adorni, haya optado por ningunear a Diego; emulando al libertario cuando olvidó a Dios el día de los zurdos de 2024. La recordada respuesta del profe Signorini sirve tanto para aquel ridículo vocero como para el actual sheriff hitleriano del planeta: “Algunos serán olvidados en el trayecto del velorio al cementerio”.

09 de marzo de 2026

Información adicional

Autor/a: Gustavo Campana
País: Estados Unidos
Región: Norteamérica
Fuente: Página12

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