Resistencia global al boom de los centros de datos
La revolución de la IA ha reforzado considerablemente el poder de clase de la clase capitalista trasnacional. Foto Europa Press

28 de julio de 2026. El afán implacable de las grandes empresas tecnológicas por expandir la construcción de centros de datos a todos los continentes ha desencadenado un creciente movimiento de resistencia masiva –desde Estados Unidos hasta Irlanda, y desde Chile hasta Malasia–, en el que comunidades de base protestan contra el agotamiento de los recursos hídricos, el aumento desorbitado de las facturas de servicios públicos, la contaminación atmosférica y acústica, y la destrucción del medio ambiente. 

Detrás de este auge de los centros de datos se encuentra la revolución de la inteligencia artificial (IA). La cantidad de capital y energía necesaria para el entrenamiento de la IA y la potencia de cálculo se está disparando. A su vez, el enorme incremento en la potencia de cálculo exige cantidades ingentes de electricidad y agua. Este cambio sísmico en las necesidades energéticas ha provocado una carrera mundial por asegurarse terrenos dónde ubicar los centros de datos, fuentes de energía para abastecerlos y los minerales críticos que requieren las nuevas tecnologías impulsadas por la IA.

El auge de los centros de datos no ha dejado ningún continente al margen. China y Estados Unidos experimentan el crecimiento más rápido en este sector. El sudeste asiático vive un auge sin precedentes, con importantes centros neurálgicos en Malasia, Tailandia, Vietnam, Filipinas, Indonesia y Singapur. América Latina experimenta su propio auge, similar al del sudeste asiático, con centros clave en México, Brasil, Chile, Colombia y Perú. África atraviesa un auge de construcción similar, con centros clave en Sudáfrica, Kenia, Nigeria y Marruecos. Los centros de datos proliferan en Oriente Medio, impulsados por la disponibilidad de terrenos económicos, abundantes combustibles fósiles y miles de millones de dólares procedentes de fondos soberanos de inversión. Un centro de datos en construcción en el estado estadunidense de Utah permite hacerse una idea de las dimensiones colosales de estas megainversiones. Una vez finalizado, ocupará una superficie el doble de grande que la isla de Manhattan, generará más energía de la que consume todo el estado y absorberá enormes cantidades de agua en una zona azotada por la sequía. 

La IA está profundizando las redes globales de acumulación, generando nuevas relaciones de clase y de poder, y promete tener un efecto transformador no menos trascendental que el descubrimiento del fuego. Se está convirtiendo rápidamente en una tecnología de propósito general; al igual que la electricidad, se extiende por todas las ramas de la economía y la sociedad, integrándose en todo. El uso de la IA se está disparando en todo el mundo. La creciente dependencia de la IA no se limita a los países centrales del sistema capitalista mundial. La cifra de 78 por ciento abarca todas las regiones geográficas: fue de 72 por ciento en Asia-Pacífico, 80 por ciento en Europa, 82 por ciento en Norteamérica, 75 por ciento en China y 77 por ciento en los “mercados en desarrollo”, categoría que incluye a la India, Oriente Medio y el norte de África, así como a América Central y del Sur. 

La revolución de la IA ha reforzado considerablemente el poder de clase de la clase capitalista trasnacional (CCT) sobre la clase trabajadora global y su poder estructural sobre los estados capitalistas. Las corporaciones, los Estados, las instituciones políticas y militares, las escuelas y los hospitales no pueden funcionar sin ellas. Esta dependencia de toda la economía y la sociedad globales respecto a dichas tecnologías otorga a las grandes corporaciones tecnológicas un enorme poder estructural sobre los Estados y los pueblos. La nueva clase dominante se está consolidando como un bloque triangular de capital trasnacional que reúne a los gigantes tecnológicos, al capital financiero trasnacional y al complejo militar-industrial-represivo; o, dicho de otro modo, el bloque aglutina a Silicon Valley + Wall Street + el Pentágono. 

El Departamento de Estado de Estados Unidos ha denominado al nuevo orden de la IA como “Pax Silica”. Durante el primer año de su segundo mandato, el gobierno de Trump emprendió una desregulación desenfrenada de la IA y prometió fomentar una enorme expansión de los centros de datos. Encabezada por el nuevo complejo de capital hegemónico, la CCT ha desatado una fase depredadora de expansión impulsada por lo digital en todo el mundo, orientándose hacia formas más salvajes de acumulación extractivista al apropiarse de tierras, energía y recursos minerales para satisfacer las demandas de la tecnología de IA y los centros de datos. 

En manos de la CCT, la IA es un instrumento de lucha de clases contra las clases trabajadoras y populares globales. La guerra, el control social y la represión se están digitalizando y automatizando. Las cadenas de suministro globales de IA abarcan desde la extracción de minerales y la manufactura hasta los centros de datos. Cada etapa del proceso conlleva el desplazamiento de comunidades, la explotación laboral y la represión de la resistencia. El Estado de IA es un Estado bélico con una capacidad reforzada de vigilancia y control. La tendencia general de la inversión y la acumulación de capital a escala mundial se está desplazando hacia una militarización avanzada impulsada por la IA. 

Vista bajo esta óptica, la creciente resistencia mundial al auge de la construcción de centros de datos constituye una lucha de la clase trabajadora desde abajo. Se han registrado en meses recientes protestas en masa desde Irlanda hasta México, Chile, los Países Bajo, Malasia, el Reino Unido, Brasil, España, Australia y en todo Estados Unidos, en otros países, a medida que surge un movimiento global para oponerse a los multimillonarios oligarcas tecnológicos. 

Por, William I. Robinson, profesor distinguido de sociología en la Universidad de California en Santa Bárbara. 

Información adicional

Autor/a: William I. Robinson
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Fuente: La Jornada

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