Crece la tensión por la infraestructura espacial que posibilita la vida en la Tierra. La próxima gran guerra podría comenzar a miles de kilómetros de la Tierra, más allá de la atmósfera terrestre.
22 de septiembre de 2026. Los ciberataques, las armas láser y las kinetic kills como sistemas antisatélites son los nuevos términos de las relaciones espaciales internacionales. Mientras la infraestructura orbital de doble uso –civil y bélico– se expande a través de la creciente economía espacial. Los Estados y empresas privadas aprovechan la difusa línea entre ambos usos y crece la tensión por el bienestar de la infraestructura espacial que facilita la vida en la Tierra. En un futuro no muy lejano, se vislumbra la posibilidad de que el espacio pueda transformarse en un campo de batalla para potencias como Estados Unidos, Rusia y China, y que la próxima gran guerra se libre, también, más allá de la atmósfera terrestre.
Alrededor de las 03:00 del 24 de febrero de 2022 , miles de módems satelitales en Ucrania y Europa Central quedaron fuera de servicio. Pocas horas después, comenzó la invasión de Rusia a Ucrania. “El primer ataque de la guerra entre Rusia y Ucrania no fue la entrada de tanques al territorio ucraniano, sino un ciberataque contra un sistema satelital comercial, que posteriormente se atribuyó al Estado ruso”, afirma Kari Bingen, director del Proyecto de Seguridad Aeroespacial del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Estados Unidos, quien también añadió que el objetivo fue debilitar la capacidad de comunicación del ejército y el gobierno ucranianos. Desde entonces se reveló que dos satélites rusos interceptaron las comunicaciones de al menos una docena de satélites europeos desde la invasión.
En esa ocasión nadie tocó un solo objeto en órbita: el ataque ocurrió en tierra y se propagó por un enlace satelital hacia el espacio exterior. Esto tuvo consecuencias secundarias en tierra a modo de daño colateral: en un parque eólico de la empresa alemana Enercon los molinos perdieron contacto con el sistema de la red satelital KA-SAT de la empresa Viasat que los administra.
El Informe Global sobre Capacidades de Contrafuerza Espacial 2026 de la Secure World Foundation confirma que trece países desarrollan capacidades para atacar o interferir satélites ajenos, pero aclara que solo se han empleado medios no destructivos (principalmente ciberataques y guerra electrónica) en conflictos activos; no existe registro público de un satélite dañado físicamente por otro actor en órbita . Algunos de los países desarrolladores son Estados Unidos, Rusia, China, India, Alemania, Israel, Reino Unido, Corea del Norte y Corea del Sur.
Esta semana el secretario de la Fuerza Aérea de EE.UU, Troy Meink, oficializó que su país ha desplegado armas de “control espacial” en órbita, “capaces de defender a la Fuerza Conjunta frente a acciones hostiles de adversarios”. Meink dijo que tienen capacidades bélicas espaciales para la defensa, pero también pueden utilizarse con fines ofensivos. El objetivo no es bombardear la Tierra desde el cielo sino desactivar las armas terrestres del adversario, desconectándolas de sus propios satélites.
Estas tensiones bélicas en el espacio datan desde la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia, y ahora las tensiones vuelven a aumentar, pero con una economía espacial de 626 mil millones de dólares en riesgo.
Consultado por Página/12 sobre posibles escaladas bélicas en el espacio, Juan Cruz González Allonca, abogado especialista en derecho espacial y Director del Centro Interdisciplinario de Estudios Espaciales (CIEE) de la UNLP, explica que el temor actual es que el espacio se convierta en un “campo de batalla”: “Presencia militar en el espacio hubo siempre. Desde el Sputnik 1, en la década del 50, hasta la actualidad. Hubo satélites espías, satélites de comunicaciones militares –el GPS es un desarrollo militar–. Lo que hay ahora es el temor de que el espacio se convierta en un campo de batalla. La comunidad internacional se puso de acuerdo durante 60 años en no trasladar los conflictos que hay en la Tierra al espacio. Y fue efectivo en base a un tratado internacional: el Tratado del Espacio de 1967, donde se establece que el espacio debe ser utilizado exclusivamente de forma pacífica” y ningún Estado o empresa puede reclamar soberanía o propiedad territorial en el espacio exterior, señala el especialista.
González Allonca añade que “el uso de empresas como Starlink para asistir a ejércitos también es algo que viene pasando. En otras guerras las agencias de inteligencia usaron satélites de observación de la Tierra para obtener datos sobre territorios adversarios. Eso está asumido y hay antecedentes”. De todas formas, explica que la responsabilidad final está en los Estados: “ Ellos son los responsables de todo lo que sucede en el espacio. Los Estados tienen la obligación de autorizar y de supervisar qué es lo que hacen las empresas en el espacio”.
La importancia de los satélites y cómo destruirlos
Los satélites juegan un rol crucial como infraestructura de múltiples actividades elementales para la vida en la Tierra, tanto en usos militares como civiles.Intervienen en la sincronización de las redes eléctricas, En las comunicaciones globales y los sistemas de navegación: un día sin capacidades espaciales resulta casi inconcebible. Los ataques a satélites pueden afectar a la estabilidad económica debido al parate que supone en muchas actividades.
Hay varios tipos de sistemas antisatélites (ASAT, por sus siglas en inglés) para neutralizar bienes espaciales de diferentes maneras. “Cuando solemos pensar en conflictos armados en el espacio, se nos ocurre Star Wars y una nave tirándole un misil a otra y que explote. Bueno, las armas en el espacio no son así. De hecho, lo último que se quiere es que las cosas exploten, porque si están en órbita baja, sus escombros empiezan a orbitar y pueden terminar golpeando algo. Es muy peligroso”, explica González Allonca.
Hay sistemas antisatelitales mucho más eficientes para deshabilitar activos espaciales. Entre los más conocidos están los ataques cinéticos, pruebas militares reales que Estados Unidos, Rusia, China e India han ejecutado en los últimos años, pero que no han ejecutado contra un enemigo por su alto nivel de daño colateral por escombros. Se trata de misiles o satélites que impactan físicamente contra otros, generando peligrosos desechos orbitales. En cambio, los sistemas láser ofrecen una alternativa más “limpia”: utilizan energía dirigida para dañar sensores ópticos o componentes electrónicos, afectando el rendimiento sin destruir el satélite por completo.
Otras técnicas apuntan a la manipulación de señales para confundir y desorientar. El jamming, o bloqueo de señal, interrumpe las comunicaciones al saturar los receptores con interferencias, mientras que la suplantación de señal engaña a los sistemas enviando información falsa de posicionamiento o sincronización.
El terreno digital también es vulnerable. Los ciberataques buscan infiltrarse en el software de los satélites o en las estaciones terrestres que se comunican con los satélites y que envían comandos a los mismos –control de órbita, ajustes técnicos, activación de sensores–. Un ciberataque a este nodo terrestre del sistema espacial podría implicar el robo de datos, la manipulación de señales, la toma de control de los sistemas o la desconexión de los satélites con la Tierra.
En el extremo más devastador, los ataques nucleares representan la amenaza total: una detonación en órbita puede inutilizar decenas de satélites mediante pulsos electromagnéticos y crear cinturones de radiación que persisten durante años.
Debate sobre definiciones
González Allonca se pregunta qué es un arma antisatélite: “Es lo que muchas universidades y organismos de Naciones Unidas están tratando de resolver, porque es difícil definirla. Un satélite para limpieza de basura espacial que tenga una red o un brazo robótico, también puede ser un arma antisatélite. Entonces ahí entra la cuestión de las definiciones. ¿Qué entendemos por un ejercicio militar en el espacio? Porque si no nos ponemos de acuerdo en las palabras que vamos a usar, es difícil después generar tratados y normas que prevengan esta carrera armamentista”.
Con respecto a la seguridad de los satélites, según explica un informe del Equipo de Analisis e Investigacion (ART) del Secretariado General del Consejo de la Unión Europea, hay normas que establecen la obligación de medidas de alto nivel común de ciberseguridad para la infraestructura terrestre relacionada al espacio, como estaciones de control en tierra, centros de datos y antenas o terminales. Sin embargo, estas directivas de seguridad no se extienden a la infraestructura en el espacio exterior, como los satélites. Así los satélites se transforman en blancos fáciles que pueden causar una escalada bélica sin precedentes.
¿No hay marcha atrás?
Las maniobras anticooperativas de las principales potencias mundiales han tensionado los consensos de paz espacial. Además del ciberataque de Rusia a Ucrania, Donald Trump, desde que asumió su presidencia en 2025, ha debilitado múltiples mecanismos de cooperación internacional al retirar a Estados Unidos de organismos clave, rompió compromisos climáticos y confrontó aliados estratégicos como la OTAN. Estas decisiones han aislado al país y generado tensiones con socios europeos, asiáticos y de Medio Oriente. Son rupturas diplomáticas que complicarían seriamente cualquier intento de avanzar hacia acuerdos de paz en el espacio por debilitamiento de la confianza multilateral.


Leave a Reply