Han pasado más de mil días, hoy –16 de julio de 2026— se cumplen exactamente mil trece días desde el inicio del genocidio, y en Palestina siguen asesinando inocentes. Masacrando ‘handalas’, niñas y niños como el representado por Naji Al Ali que dan la espalda a un mundo que no se atreve a mirarlos a la cara. Es el mundo el que está dando la espalda a esos miles de niños y niñas que sobreviven a las bombas sionistas y a la indiferencia global.
Después de casi treinta y cuatro meses sigue sin pasar nada. Nada que no sea la muerte, el crimen de lesa humanidad televisado y ‘aceptado’ por la comunidad internacional que, aunque pueda parecer mentira, no ha sido capaz de pararlo. La mayor lacra social de la historia de la humanidad sobre la faz de la Tierra sigue manchándonos de sangre y de culpa. Dicen desde Oxfam que saben que la pobreza tiene solución, y sería cierto si los gobiernos le apostaran a ello. Pero no hemos sido capaces de solucionar nuestra pobreza de espíritu. Da igual el credo religioso, el color de piel, la filiación política, nada justifica la inhumanidad.
En pleno siglo XXI, con todos los avances tecnológicos y las IA, casi tres años no han servido para parar un genocidio cuyas cifras engordan cada día. En la guerra de los mil días, realmente 1130, en Colombia murieron, según datos no muy certeros, pero comúnmente aceptados, cerca de cien mil personas entre los dos bandos en lucha. Desde el 7 de octubre de 2023, según datos oficiales del Gobierno local, y que no han sido rebatidos por el país agresor, en Gaza han sido asesinadas más de 73000 personas, entre ellas más de 21500 niñas y niños, y algo más de dos millones de personas se han visto obligadas a desplazarse de sus hogares convertidos en ruinas. Allá las víctimas las pone solamente un bando, desarmado y sin soldados.
Son números que nos deberían hacer temblar y vomitar por la culpa. Pero hemos normalizado la muerte, algunas muertes. No se puede entender, no quiero hacerlo, que un mundial de fútbol, por muy importante que se pueda considerar, ocupe las portadas y opaque la realidad mortal de Gaza y el resto de Palestina, junto al Líbano y otros territorios masacrados por el ejército de la estrella de seis puntas. Igual que ha ensombrecido otras tristes realidades como las de Cuba, Venezuela o el Sahara.
Es muy triste que, salvo raras excepciones, como el caso del seleccionador de Egipto, ninguna figura destacada del planeta balompié rompa el silencio y denuncie públicamente, más allá de ondear alguna bandera, lo que sigue sucediendo en aquel lugar. Algunos se han atrevido a desafiar las normas reclamando la propiedad sobre unas islas colonizadas, pero nadie denuncia con contundencia el genocidio.
Seguro que las y los palestinos saben que una parte de la población mundial está con ellos y con su lucha, pero seguirán sin entender que, siendo así, los sigan matando, de hambre y con las armas. Bushra Khalidi, responsable de política humanitaria de Oxfam, defendió a Palestina en su intervención ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del pasado 18 de junio y pidió tres cosas simples y de sentido común: protección de la población, alto el fuego definitivo y acceso humanitario sin restricciones. Señalando en su alocución que lo que piden las personas en Gaza es muy sencillo: poder vivir, poder desplazarse, reconstruir sus hogares y ver que sus hijas e hijos despierten al día siguiente.
Para el responsable humanitario de Naciones Unidas, Tom Fletcher, Gaza sigue siendo “el lugar más peligroso del mundo” para distribuir ayuda y afirmó que “No basta con silenciar las armas; hay que restaurar la dignidad”.
Creo que nada podrá salvarnos de la tristeza y la impotencia, ningún dios ni ningún santo podrán perdonar esta barbarie y que la vida siga como si nada. Algo se nos rompió dentro y nada ni nadie lo podrá zurcir.
Aun así, una lanza rota, una bandera blanca, una palabra herida y un grito acallado por la población palestina y su fortaleza y tenacidad. Una loa por todas y todos los ´handalas` que, como la planta que le da nombre, mantienen sus raíces profundas en la lucha y la resistencia sin perder la esperanza de recuperar sus territorios y de que les devuelvan su dignidad.
Que la paz, en algún momento y lugar de esta tragedia, sea con ellas y que la historia nos condene o absuelva según nuestras acciones. Por más #metoo, por más amor y menos odio, por más libros y menos balas. Palestina libre, salvemos Gaza. Haciéndolo, salvaríamos a la humanidad.


Leave a Reply