“Toda política es local”, decía Tip O’Neill, el presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos durante la década de los 70 y 80. No hay duda de que los triunfos electorales del Partido Demócrata surgen a raíz de la crisis económica que afecta a familias en Estados Unidos. Ante una feroz campaña, la población rechazó la victimización de sus vecinos inmigrantes. Tampoco aceptaron el sacrificio económico que la guerra contra Irán impone. Esfuerzos por reprimir el voto de afrodescendientes movilizaron a la población a votar tanto en pueblos rurales como en centros urbanos. En gran medida, la victoria de los demócratas derivó de la energía entre votantes de color y los jóvenes en comunidades que han cambiado como consecuencia de la migración. Las rebeliones en Mineápolis y Los Ángeles, y manifestaciones contra el ICE por todo el país el año pasado prefiguraron los resultados electorales.
Los demócratas obtuvieron casi una mayoría calificada en el Senado, una mayoría de más de 50 por ciento en la Cámara de Representantes y una mayoría de gobernadores. Hay muchas primicias para mujeres y personas de color: la primera gobernadora indígena, Deb Haaland, en Nuevo México; la primera gobernadora afrodescendiente, Keisha Lance Bottoms, en Georgia; la primera gobernadora latina, Gina Hinojosa, en Texas; el primer senador demócrata en Kansas desde 1932, Adam Hamilton, y muchos más.
Muchos reciben estos resultados como una reafirmación de la razonabilidad fundamental de Estados Unidos. Para otros, las elecciones significan una nueva era, como ocurrió en 1932, cuando se inició el sistema del Estado de bienestar, o en 1980, que inauguró el neoliberalismo. Aunque no somos tan optimistas, no hay duda de que algo importante ha ocurrido en Estados Unidos.
La ineptitud de Donald Trump y sus asesores aseguraron que los candidatos republicanos fueran incompetentes y corruptos, llevando al Partido Republicano a una derrota histórica. La política impulsada por Trump, la imposición de aranceles y su guerra contra Irán en particular, provocaron una inflación persistente. Mientras esto ocurre, Trump, su familia y un grupo de amigos cercanos operan como si el gobierno fuera su cajero automático personal.
La corrupción de esta administración no tiene precedente en la historia de Estados Unidos. La revista financiera Forbes estima que desde que llegó a la Casa Blanca hace dos años, la fortuna personal de Trump ha aumentado en 2.7 mil millones de dólares. Y ni hablar de su familia. La revista Vanity Fair recién publicó una investigación sobre Jared Kushner, yerno de Trump, quien manejaba cuentas clandestinas de miles de millones de dólares.
Tradicionalmente, los estadunidenses toleran la desigualdad e incluso hasta respetan a los ricos. En California, a pesar de la ola liberal, la Proposición 40, que impondría un impuesto único a los multimillonarios para financiar la salud y la educación, fue rechazada por los votantes. Sin embargo, la mayoría de la población rechaza el uso del Estado para enriquecerse y reconocen que el sistema político es injusto y desigual. El caso más concreto en esta elección fue el multimillonario Elon Musk, quien invirtió más de 500 millones de dólares de su propio dinero en candidatos republicanos para determinar los resultados de las elecciones y fracasó. Encuesta tras encuesta, la mayoría de la población indicaba que la economía y la corrupción motivaron sus votos.
Aunque es posible que Estados Unidos esté ante una nueva época, es dudoso que los dirigentes del Partido Demócrata estén dispuestos a hacer lo que los votantes están exigiendo. A pesar de la elección de más de ocho integrantes de los Democratic Socialists of America, los líderes del Partido Demócrata no van a desafiar a los sectores pudientes, ya que éstos también financian sus campañas y comparten su ámbito social. Cuando los demócratas controlaban el gobierno (presidencia, Senado y Cámara de Representantes) durante las administraciones de Barack Obama y Joe Biden, iniciaron importantes reformas, pero nunca promulgaron una reforma migratoria, ni tampoco un plan de salud universal ni mucho menos un proyecto para impulsar la igualdad económica.
Aun cuando las condiciones locales suelen ser determinantes, la ola demócrata en Estados Unidos se nutre de corrientes globales. Como México en 2018, los votantes en Estados Unidos rechazan la corrupción descarada de este gobierno, una característica clave de gobiernos de la derecha populista. Como Nerón ante Roma en llamas, Trump se jactaba públicamente de los millones que él y sus familiares ganaban en criptomonedas, contratos gubernamentales y otras supuestas inversiones.
La ola contra la derecha populista mundial se ha manifestado este año en Hungría, Serbia y Brasil. Protestas contra la austeridad neoliberal han surgido en Francia, Italia, Austria, Albania y otros países europeos. Los derechistas nunca cumplieron lo prometido. Para los jóvenes, la expansión descontrolada de la inteligencia artificial amenaza con producir desempleo y aumentar los desastres ecológicos. El uso de la “política de distracción”, promoviendo el odio contra los inmigrantes, los que practican una fe diferente o las personas trans, sólo funciona por poco tiempo en condiciones de crisis económica. A largo plazo, no logran sostener a gobiernos incompetentes y corruptos.
La gran mayoría de la población resulta indiferente ante la ideología. Esto es una realidad no sólo para la derecha, sino también para la izquierda. El dramaturgo Bertolt Brecht escribió en La ópera de los tres centavos que “primero va el comer, después lo moral”. Si no aseguramos una vida próspera y segura para todos y todas, no contaremos con un futuro sustentable.
El camino es claro: los demócratas tienen que impulsar una reforma migratoria y desautorizar las acciones del ICE, promover nuevas leyes electorales que restrinjan el poder de los multimillonarios e impulsar un paquete de garantías sociales y económicas, al igual que avances ecológicos. Este es el reto que enfrentan los demócratas. ¿Estarán a la altura del momento?
*Profesores eméritos, Departamento de Historia, Pomona College



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