Totó: tambores al cielo (III)

Totó la Momposina fue una de las artistas más importantes de la música tradicional colombiana y una voz fundamental para la preservación de las raíces africanas, indígenas y campesinas del Caribe. La importancia de su quehacer para los pueblos negros es profundo porque no sólo llevó la música afrocolombiana a escenarios internacionales, sino que defendió la memoria, la espiritualidad y la dignidad cultural del pueblo negro en Colombia y América Latina. Uno de sus mayores mensajes fue que la música no era solamente entretenimiento, sino también memoria, resistencia y territorio.

Su nombre real es Sonia Bazanta Vides y nació en Talaigua Nuevo, en la región de Mompox, Bolívar. Aprendió directamente de cantadoras, tamboreros y sabedores populares. Su trabajo ayudó a que muchas músicas ancestrales no desaparecieran y fueran reconocidas mundialmente.

En una sociedad marcada por el racismo y el clasismo, Totó apareció siempre con orgullo desde su identidad afrocaribeña, usando los sonidos, vestuarios y narrativas de su territorio sin “blanquear” su cultura para agradar a mercados comerciales.

Ese ejemplo ha sido inspiración para jóvenes músicos, intérpretes y diversos artistas. Muchas cantadoras, investigadores y promotores afrocolombianos reconocen en ella una inspiración para continuar defendiendo la música tradicional y los derechos culturales. Su figura se asocia con la resistencia cultural y con la capacidad de transformar la oralidad en arte perdurable.

La vez que la visité en su casa del barrio Restrepo, en Bogotá, fui testigo de cómo llegaban con ella todo tipo de actores de lo cultural musical y danzario en busca de una mano amiga que les diera ese primer aliento para continuar en la noble tarea. Platicando sobre el tema, me dijo: “Este camino no es nada sencillo. Las personas que aquí miras están pasando por momentos difíciles; momentos que tienen que ver con desplazamientos, episodios de racismo y una constante lucha por reivindicar las músicas tradicionales en escenarios dominados por el mercado.

“Considero que uno debe estar atento a todo y más a la necesidad que se tiene de dar a conocer sus improntas. Uno viene a la vida a hacer algo específico y aprender a compartir. El regalo que tienes, en mi caso el de la voz, crece a la vez que se comparte. Lo que yo he aprendido puede servirle al otro para que lo canalicen en su trabajo. Eso es lo que vale: el respeto hacia uno mismo y el respeto para los otros. Si tengo que reclinarme después de un concierto es por respeto a quien me ha ido a escuchar. Es una manera de respetarme y de proyectar respeto sobre la gente que me mira realizarme y también sobre los que me siguen o han escuchado hablar de mí”.

Totó tenía muy claro lo que le movía y hasta donde podía llegar. “Yo no quiero ser una estrella en la Tierra, quiero ser una estrella del firmamento”, me decía con cierta gracia. “Y el firmamento es mi cultura ancestral.”, afirmaba. Los últimos años de su vida estuvieron marcados por la adversidad. En 2021 una clínica médica en Francia le diagnosticó Alzheimer. Al año siguiente, en México, afasia, un trastorno neurológico que altera la capacidad de comunicarse, lo que la obligó a retirarse de los escenarios cerrando así una destacada carrera artística.

El 17 de mayo de 2026, lamentablemente, falleció en la ciudad de Celaya, Guanajuato, donde residía con su hija Angélica María. Tenía 85 años de edad. La noticia conmocionó a miles de seguidores, entre ellos, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien en su cuenta de X señaló: “Ha muerto Totó la Momposina, mi familiar y excelsa del arte y la cultura caribeña colombiana. Que vuele alto hasta las estrellas”. Decretando tres días de duelo nacional y condecorándola póstumamente con la Cruz de Boyacá.

El legado que nos deja Totó, aparte de una obra musical relevante registrada en alrededor de 20 álbumes discográficos, que son verdaderos documentos de la cultura afrocolombiana, es haber situado en el centro del escenario cultural aquello que durante décadas permaneció en los márgenes: las músicas tradicionales del Caribe y su riqueza oral. Hoy, musicólogos y académicos reconocen su papel en la preservación de tradiciones musicales que forman ya parte del patrimonio inmaterial de Colombia. Así lo reconoció la Biblioteca Nacional y su Centro de Documentación Musical al destacar en su condolencia la importancia que tuvo en la divulgación de esas culturas: “Gracias, Totó, por crear un legado, por hacer memoria, por el sentido de pertenencia y por celebrar la riqueza de nuestra cultura sonora que es ya patrimonio del mundo.”, expresaron al saber su deceso.

Por, Ernesto Márquez / III y última

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Información adicional

Tumbando caña
Autor/a: Ernesto Márquez
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: La Jornada

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