Jader Leonel Sánchez Estrada, paisa del barrio 12 de Octubre de Medellín, es un artista de los que podríamos denominar “callejero”, ya que aprendió, realiza y muestra su trabajo en la calle. Porque está convencido de que sus obras se deben enseñar y construir al aire libre y frente al público.
Comenzó en los años 80 del siglo pasado ofreciendo sus artesanías –manillas, aretes, figuras en alambre– en mercadillos de Medellín y, sobre todo, en Carlos E. Restrepo, el barrio bohemio y cultural de la capital antioqueña.
En los tres encuentros mantenidos con el maestro Jader, como le gusta a su esposa que lo llamen, conversamos sobre su vida, sus comienzos, sus aprendizajes y sobre esa preocupación profunda de que con él se acabe el arte que desarrolla.

–¿Quién es Jader?
–Alguien que se siente afortunado de haber sido tocado por el arte. Un privilegiado y honrado de que la vida me haya otorgado esta cualidad para crear mis obras. En cada obra expreso un sentimiento, un recordatorio de quienes somos.
–¿Cuál es su formación?
–En los estudios fui rebelde, tirapiedras, revolucionario. En la búsqueda de un destino, divagué y al final me puse en rebeldía frente al sistema y decidí no trabajar para nadie. No me he enriquecido, pero trabajo libre. Nadie me explota.
Instalado en Santa Fe de Antioquia desde hace casi un lustro, comparte taller con Consuelo, su socia de vida. Allí realiza y exhibe las obras que también expone en calles y plazas de la población. En la “ciudad madre” ha encontrado un lugar tranquilo para inspirarse y desarrollar un arte que lleva casi cuatro décadas realizando con un espíritu artesano, desde abajo –con su firma a pie de obra– y de dentro hacia fuera.
–¿Cuándo empezó con este arte?
–Hace más de treinta y cinco años. En mi juventud, en la búsqueda de mi camino, me preocupaba que mis amigos fueran profesionales y yo no. Sin padre ni madre, me reunía con los artesanos y veía qué hacían, qué materiales usaban. A partir de los 25 me dediqué por completo al trabajo artesanal. Conocí este arte cuando llegaron unos brasileños a la zona de la Playa en Medellín que hacían figuras con los pigmentos y me fijé en su labor y en las herramientas. Como yo trabajaba con alambre, me resultó fácil hacerlas.
–¿Qué materiales utiliza?
–Los envases son de vidrio que recojo y reciclo y que relleno con el componente básico de mi trabajo que es materia prima para óleo, para pintar. Son pigmentos a base de calcio. Voy construyendo figuras desde la imaginación.

En sus piezas plasma las ideas que su mirada de poeta hace bullir en su cabeza. Con paciencia infinita y habilidad innata va rellenando envases con sus pigmentos de óleo y polvo de marmolina hasta dar a luz un trabajo que él denomina ´terrarios` y que se sitúan entre una pintura escultórica, sin pinceles, o una escultura pintada, sin mojar, aunque al final se compactan con agua. Serían algo así como “óleoesculturas”, pinturas que adquieren las tres dimensiones de la escultura con su realización dentro de un envase de vidrio. Desde luego, su obra no es “soplar y hacer botellas”.
–¿Por qué terrarios?
–El nombre terrarios se lo puse porque el material parece arena, tierra, y es más fácil para explicarle a la gente.
–De los simples motivos geométricos pasó a elaborar escenas, paisajes, personajes y lo que más le gusta y motiva
–Las aves, porque creo que más pronto que tarde van a desaparecer. Realizo desde los barranqueros andinos a los titiribíes petirrojos pasando por los colibríes, que en Colombia habitan más del 50% de las especies existentes en el mundo.
Cuando supo que nos íbamos a encontrar para conversar decidió hacer otro Quijote, en el que está trabajando mientras hablamos y que me entregará antes de mi regreso a Bogotá después de unos cinco días trabajando en él.
–¿Y las herramientas?
–Las fabrico yo mismo, principalmente un instrumento en cobre en forma de pincel con una pequeña pala en un extremo y una punta en el otro y que es fundamental para esculpir las piezas. Las limpio con marmolina, que utilizo también para el relleno, y que evita que los colores se ensucien.
–¿Qué reconocimientos ha tenido a lo largo de su vida artística?
–Además de haberme formado como veedor ciudadano por interés personal, he participado en varias ediciones del proyecto “Escuela de Artes y Oficios” organizado por Artesanías de Colombia y la alcaldía de Medellín. Como reconocimientos, obtuve el segundo premio en el festival de Marinilla dedicado a realizar figuras de Cristo, con una obra en arena que se encuentra en el museo dedicado a Jesucristo en esa población y que es el único hecho en este material. También recibí un premio en la XIV Feria de artesanías nacionales de Medellín en 1996, otro a la creación en la V Convocatoria de la Secretaría de Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Medellín en 2005 y una mención honorífica en la 2ª Feria de la “recicreatividad” del municipio de Alejandría (Antioquia).

Su trabajo ha sido recogido por algunos medios como el periódico local Notioccidente, el semanario, ya desaparecido, El Mundo y El Colombiano; también apareció en el catálogo de la II Ventana del Artesano, publicado por las mesas sectoriales del Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena).
Sus piezas las vende a partir de $250.000 pesos y las puede realizar bajo pedido si es que tienen una idea que compartirle para que le dé forma y la convierta en una obra de arte (@jaderterrarios). Trabaja y expone en las plazas, aunque no tenga permiso. Porque las autorizaciones administrativas son lentas y difíciles de conseguir y no le preocupa que le detengan por trabajar. Eso sí, nunca dejaría que le confiscaran sus trabajos y que, encima, luego tuviera que pagar por recuperarlos. Él se mantiene firme con su labor artística que piensa continuar realizando cabalgando con sus obras cual Quijote del arte.
* Sociólogo y comunicador.



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