Colombia en disputa: El triunfo legislativo del cambio frente a la fragmentación conservadora

Tras una jornada histórica para el Pacto Histórico en el Congreso, el panorama electoral revela un país en profunda transición. Mientras la izquierda consolida su fuerza urbana, la derecha se reconfigura entre el uribismo tradicional y el ascenso de propuestas radicales, anticipando una segunda vuelta de contrastes existenciales para el futuro nacional.

La anécdota de la defensora
de los votos del Tigre

Dos días antes del 8 de marzo escuché en mi barrio, de chismoso, a una señora con su negocio –en donde atiende en la puerta a sus clientes– explicarle a otra señora por qué el domingo estaría en el puesto de votación del colegio como testigo electoral, cuidando los votos de las listas del Tigre. Que ella no iba a permitir que le robaran ningún voto a Abelardo y que, si no fuera por lo mal que lo han tratado, hubiera votado por Paloma Valencia en la consulta presidencial de la derecha.

Entiendo que solo es una anécdota sin ningún valor muestral. Pero me pareció significativa por varias razones. Lo primero, porque es claro que Colombia no es un país de izquierdas ni progresista, y sí un país en un momento de transición política que todavía no ha definido una tendencia clara. Colombia es un país en disputa desde la firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno de Santos y las Farc, ya que la excusa de la guerra como prioridad sobre todo lo demás –que supo imponer el proyecto de la Seguridad Democrática de Álvaro Uribe Vélez– dejó de ser creíble para una parte significativa de la gente que vota cada ciclo electoral.

La disputa política en Colombia, con los resultados del 8 de marzo, se dibuja claramente en los dos grandes bloques mayoritarios del Congreso de la República: por un lado, el Pacto Histórico y, por el otro, el Centro Democrático, como grandes ejes estructurantes de la conversación política en el país.

Pero, al mismo tiempo, es clave entender que las izquierdas en su mayoría giran gravitacionalmente alrededor del gran polo de atracción que es hoy el Pacto Histórico como personería jurídica, con intención de convertirse en el gran partido político de masas de las izquierdas y los movimientos sociales y populares en Colombia; pero otra es la configuración de fuerzas con las derechas. Para eso es clave que revisemos primero los números.

La paradoja de la participación: récord legislativo vs. desplome en consultas

Al hacer un análisis cruzado de los datos compartidos en su cuenta de X por el Instituto de Pensamiento Progresista, se revelan varios puntos importantes:

• Récord en el legislativo: Las elecciones al Congreso movilizaron al 50,6% del censo, la cifra más alta en 36 años, evidenciando un fuerte voto de opinión para la conformación del nuevo periodo legislativo.

• Colapso en las consultas: Paradójicamente, este ciclo de consultas presidenciales fue el de menor participación electoral registrada. Apenas 7.072.078 votantes participaron, lo que representa solo el 17,1% del censo electoral, una caída drástica frente a los 11.733.865 votos (30,2%) de 2022 y los 9.337.541 votos (25,6%) de 2018. Lo que implica que el bloqueo institucional a la participación de Iván Cepeda y la decisión de no participar en las mismas por parte de Abelardo y Sergio Fajardo le restó participación a las consultas presidenciales.

• Abstención activa: El 66,1% de los electores decidieron NO votar en ninguna consulta o anularon su voto. El dato más contundente es que 12.592.191 personas (el 60,2% de la votación total) votaron para el Senado, pero ignoraron deliberadamente las papeletas presidenciales de las consultas. Ya veremos en primera vuelta si esos votos son de Abelardo de la Espriella o de Iván Cepeda.

La izquierda: hegemonía
legislativa y consolidación urbana

En el frente legislativo, el Pacto Histórico (PH) capitalizó la alta participación, obteniendo una victoria como la principal fuerza con 25 curules en el Senado (4.413.636 votos, el 22,7% del total) y consolidándose en la Cámara de Representantes con 34 escaños. Según los datos del preconteo –ya veremos en próximos días o para cuando salga este artículo impreso cuántas curules más aumentó en ambas cámaras–, para el momento en que escribo este artículo, vamos en la posible 26 o 27 en el Senado y en 40-41 en Cámara de Representantes.

• Expansión territorial: El PH creció en 1.070 municipios frente a 2022, logrando ganar en 194 de ellos, incluyendo 15 capitales departamentales estratégicas (Bogotá, Cali, Barranquilla, entre otras). No hay que perder de vista que el Centro Democrático ganó en 235 municipios y el Partido Conservador en 185.

• Alerta en consultas: Sin embargo, la participación general en consultas presidenciales cayó fuertemente en la costa Caribe, el Pacífico y el sur del país, que son, paradójicamente, los bastiones históricos donde la izquierda tiene su “núcleo duro” de votación legislativa. En otras palabras, se puede suponer con la evidencia nuevamente que la exclusión de Iván Cepeda de su participación en las consultas fue leída negativamente por buena parte de los votantes que participaron el 8 de marzo en las elecciones y explica la bajada en la participación para esos tarjetones; que no compraron la narrativa de Roy Barreras de que ese tarjetón era la consulta de las izquierdas.

La reconfiguración de la derecha: el Eje Andino como bastión

Mientras la izquierda dominó el Congreso, la derecha evidenció una profunda reestructuración geográfica de cara a las presidenciales a través de la “Gran Consulta por Colombia”, la cual aglutinó 5.857.395 votos (el 28,0% de la votación total que sí participó). La derecha perdió terreno crítico y sus maquinarias se hundieron en la costa Caribe ante la falta de liderazgos regionales comprometidos con el Centro Democrático. Atlántico pasó de una participación en la consulta de derecha del 20,0% en 2022 a solo 8,9% en 2026. Córdoba cayó del 16,3% al 6,4%, y Magdalena del 13,2% al 7,9%. También experimentaron un retroceso sorpresivo en Medellín y el Pacífico. No debemos dejar de lado el hecho de que el candidato Abelardo de la Espriella, de extrema derecha, no participó en esta consulta y por ahora sigue siendo uno de los punteros en estas encuestas. Se puede suponer con bastante seguridad que esos apoyos de la costa Caribe y de las maquinarias regionales están comprometidos en primera vuelta con la opción de extrema derecha para las presidenciales.

• Crecimiento masivo en el centro: El déficit costero fue compensado por un crecimiento orgánico en la región andina y centro-oriental. La derecha más que duplicó su votación en Bogotá D.C., pasando de una participación del 9,2% al 22,1%, un fenómeno directamente jalonado por la votación de Juan Daniel Oviedo (quien aportó más de 500.000 votos a este bloque), pero en donde seguramente se colaron votos progresistas que no son orgánicos del Pacto Histórico o que terminaron siendo convocados de manera carismática por la fuerte operación mediática que Oviedo realizó días antes de la consulta.

• Efecto de arrastre: Este crecimiento se replicó agresivamente en Boyacá (pasando del 4,1% al 17,6%), Cundinamarca (del 6,9% al 18,7%) y Santander (del 6,8% al 17,6%). El problema hoy, que sabemos que Oviedo es la fórmula vicepresidencial de Paloma, es si esos votos de la consulta son endosables a Paloma en primera vuelta; lo cual, por su origen geográfico correlacionado con los resultados del Pacto, da a entender que será poco probable.

Dinámica legislativa y escenarios de coalición

A pesar de las victorias individuales, la Cámara de Representantes quedó altamente fragmentada. Con el PH logrando más de 34 curules y el Centro Democrático 24, la llave de la gobernabilidad quedó en manos de los partidos tradicionales (Liberal con 27, Conservador con 17 y la U con 11). A nivel de Senado, aunque la izquierda fue la lista más votada, las simulaciones matemáticas advierten que si las derechas programáticas hubieran logrado traducir su universo ideológico (Centro Democrático, Conservador y Salvación Nacional) en una lista única al Senado, habrían alcanzado los 5.605.302 votos, obteniendo 32 curules y desplazando al Pacto Histórico al segundo lugar.

La crisis existencial de las
derechas en Colombia

Uno de los grandes errores de las izquierdas en Colombia es suponer que el enemigo es estúpido. Hay personajes lamentables dentro de esa amalgama de derechas como, por ejemplo, Miguel Polo Polo, que fue uno de los célebres quemados de la jornada; pero al mismo tiempo entró otro quizás más lamentable como Josías Fiesco –que confesó en medios que se cambia de andén cuando se encuentra en la calle con una persona afrodescendiente–, jalado por la votación más alta que tuvo cualquier congresista electo el 8 de marzo, que fue la del representante a la Cámara electo Daniel Briceño.

Cuando hacemos la misma operación de sumar los votos de Centro Democrático, Salvación Nacional y el Partido Conservador en Bogotá, como si hubieran ido todos a una misma lista, quedarían 8 curules para esa lista, 8 para el Pacto Histórico y 2 para el resto de los partidos en disputa.

Hoy las derechas están divididas evidentemente y eso juega a favor del proyecto del Pacto. Pero están divididas por el agotamiento de la figura de Álvaro Uribe Vélez como el gran articulador de su proyecto de país, no porque no tengan apoyos significativos en la ciudadanía. Aunque el expresidente esté en su ocaso por el agotamiento obvio del dominio hegemónico que tuvo durante casi dos décadas y los golpes del giro de Juan Manuel Santos hacia el Acuerdo de Paz y el proceso judicial que lo ha enfrentado a Iván Cepeda durante años, el uribismo sigue siendo relevante y es por eso que Paloma Valencia ganó la gran consulta.

Al mismo tiempo, en estos años, la influencia de Donald Trump, Javier Milei o Nayib Bukele en las formas y propuestas de las derechas –cruzadas por la deformación del discurso político propio de las preferencias ideológicas de dueños del tecnofeudalismo como Elon Musk, que han comprado plataformas corporativas como X con el objetivo explícito de hacerlos más visibles– ha empujado a las derechas del mundo, incluyendo la colombiana, hacia una mezcla de libertarismo, valores cristianos conservadores prosionistas y espectáculos mediáticos de mano dura que siguen vendiendo como la propuesta de seguridad más efectiva a costa de los valores democráticos más básicos, como la presunción de inocencia o la igualdad ante la ley.

Las derechas en Colombia están en un momento de reconfiguración propio de la transición política que vive el país. Es curioso, por ejemplo, cómo alrededor de Daniel Briceño –que tiene un discurso posturibista marcado por ese cristianismo sionista con un fuerte acento en el libertarismo mileísta que sataniza todo lo público y confunde instituciones públicas con gasto innecesario– esté todo un ecosistema de influencers que han crecido de la mano de su figura en redes sociales que hoy le están haciendo campaña abiertamente a Abelardo de la Espriella. El problema de Briceño es que cuando buscó aval para su paso breve y oportunista por el Concejo de Bogotá no existía Salvación Nacional, repotenciada por Abelardo que existe hoy. No estaba siquiera en el mapa el propio Abelardo como candidato. Es tan claro que él está en el medio de su actual partido y el del Tigre, que esta semana de escrutinios ha hecho llamados a votantes de Paloma y Abelardo a no olvidar que el verdadero enemigo es Iván Cepeda.

Otro hecho que no podemos dejar de lado es cómo el matrimonio Cabal-Lafaurie ya inició su transición hacia Salvación Nacional, después de que Álvaro Uribe decidiera imponer a Paloma sobre la victoria en las encuestas internas que hicieron para definir la candidatura presidencial del Centro Democrático de María Fernanda. Después de casi 12 años de una María Fernanda Cabal disciplinada y obediente, que se dejó imponer a Óscar Iván Zuluaga e Iván Duque –a pesar de que ha sido ella la que primero olfateó los vientos de cambio ideológicos en el mundo y construyó puentes con Bolsonaro, Milei, Orbán, Abascal y Bukele–, con el declive de Uribe Vélez, el matrimonio Cabal-Lafaurie hizo pública su molestia y críticas al partido Centro Democrático que venían cargando hace años. Y con una Cabal sin ataduras legales al no ser ya congresista después del 20 de julio, será evidente para una eventual segunda vuelta cómo se volcarán con su esposo y todo el apoyo de los terratenientes ganaderos –que históricamente han sido la caja menor del paramilitarismo en Colombia– a Abelardo de la Espriella contra Iván Cepeda y Aída Quilcué.

En unas semanas…

La primera vuelta presidencial, entonces, se vuelve un pulso por quién orientará la conversación política de las derechas en Colombia, representadas en esos tres grandes partidos políticos claramente definidos por lo menos hasta el 2030. La diferencia en votos seguramente será poca. Pero la apuesta que hicieron tanto Paloma como Abelardo con sus fórmulas vicepresidenciales apunta a que, por lo menos para primera vuelta, jugarán a ser más moderados que lo que han venido proponiendo sistemáticamente al país en los últimos años. Abelardo, con la escogencia de Restrepo, busca demostrarles a los grandes capitales legales –que se podrían volcar a financiar su campaña en primera vuelta– que serán protegidos por alguien que lo hizo durante el gobierno de Iván Duque en dos carteras clave en medio de la crisis del Covid. Por el otro lado, Paloma, con Oviedo, busca repetir la operación de maquillaje mediático que llevó a que votos de personas que eventualmente votaron por el Pacto el pasado 8, o probablemente por opciones de centro representadas en el partido Verde o Nuevo Liberalismo, se mantengan en su apoyo para la primera vuelta, a pesar de que sea una fórmula encabezada por el uribismo pura sangre, lo cual es una apuesta más difícil que la del Tigre.

Si no se cometen errores garrafales en próximas semanas, es claro que la segunda vuelta será entre la fórmula Iván Cepeda-Quilcué y quien gane el pulso entre Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. El problema para el Pacto Histórico en segunda vuelta será el mismo que tuvo Gustavo Petro en su confrontación con Rodolfo Hernández. Aunque a Rodolfo se volcaron todos los partidos tradicionales en el 2022 a apoyarlo, la diferencia entre ambos fue muy pequeña, solo de 700 mil votos. Aunque no estamos en la Colombia del 2022 y hoy Gustavo Petro es el gran elector de las izquierdas en Colombia con más del 50% de favorabilidad, la segunda vuelta será una disputa existencial por el país de la vida que representa el proyecto del Pacto Histórico, cara a cara con el país de la muerte y las maquinarias tradicionales que se juntarán con esa quimera de tres cabezas que son hoy Centro Democrático, Salvación Nacional y el Partido Conservador. Tendremos mejores claridades en algunas semanas, con el avance de la campaña y los errores de todos los actores involucrados.  

* Analista y asesor político. Sígueme en todas las redes como @ShameelThahir

Información adicional

Autor/a: Shameel Thahir Silva*
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo N°333, 19 de Marzo - 19 de Abril de 2026

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