La escasez hídrica alcanza niveles críticos en el golfo Pérsico por la crisis climática y la sobreexplotación. El agua potable llega a través de unas desaladoras que están siendo bombardeadas. La ONU advierte, por primera vez, que este recurso vital se está agotando en muchas regiones del planeta.
Este domingo se celebra el Día Mundial del Agua. En enero, Kaveh Madani, director del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH, por sus siglas en inglés) y uno de los científicos internacionales que más ha investigado sobre la problemática sistémica del agua a escala planetaria, llamó a “la cordura y a la acción política” ante un escenario inédito en la historia de la humanidad: la “bancarrota hídrica global”.
Para los expertos que asesoran a la ONU, el mundo ha entrado en un “punto de no retorno” por sistemas en “donde la demanda humana ha agotado irreversiblemente los ahorros acuíferos y secado los pozos del futuro, poniendo en riesgo el conjunto del sistema hídrico del planeta”. “Es como tener una cuenta bancaria a la que se le extrae dinero cada día sin que entre un solo depósito: el saldo ya es negativo”, explicaba Madani al presentar el informe del organismo adscrito a la ONU, titulado precisamente Global Water Bankruptcy.
“Esta situación nos obliga a gestionar la quiebra. Esto implica renegociar el contrato con la naturaleza, transformar la agricultura, repartir justamente un recurso menguante y blindar los ecosistemas que aún producen agua”, pedía el científico, de origen iraní, en la presentación del estudio. Nada de eso ha ocurrido. Todo lo contrario. La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel, con bombardeos cruzados a desaladoras y la destrucción de los sistemas de saneamiento, está profundizando la bancarrota.
A diferencia de los ataques a instalaciones petroleras, que afectan principalmente a la producción y al comercio, los dirigidos contra infraestructuras hídricas golpean “el corazón de la civilización”, resume José Fernando Pérez, doctor en Ingeniería Química y Ambiental y profesor de la Escuela de Arquitectura, Ingeniería y Diseño de la Universidad Europea.
Javier Lillo Ramos, colaborador honorífico en el Grupo de investigación sobre Cambio Global Terrestre y Geología Ambiental de la Universidad Rey Juan Carlos, explica que el uso del agua como arma “no es nuevo”. Hay numerosos ejemplos que han ocurrido desde la antigüedad en diferentes zonas del globo.
Sin embargo, para evitar estos daños —con sus devastadores impactos en la sociedad civil— en 2019 se presentó la Lista de Principios de Ginebra sobre la Protección de las Infraestructuras Hidráulicas, un documento de referencia para su uso en conflictos armados. La protección de las infraestructuras de agua figura entre las principales normas a acatar. “Es imprescindible que los países apoyen y sigan estas iniciativas a escala global. Si no es así, todos perderemos en las guerras”, advierte este experto.
Los ataques
Desde el inicio de la guerra se han reportado varios ataques a infraestructuras hídricas. Teherán denunció que los misiles alcanzaron una planta desalinizadora en la isla iraní de Qeshm, en el estrecho de Ormuz, de la que dependen unas treinta localidades en la que viven cientos de miles de personas. El ministro iraní de Exteriores, Seyed Abbas Araghchi, calificó la operación estadounidense de “crimen flagrante” y advirtió de que atacar infraestructuras civiles iraníes “sentará un precedente peligroso con graves consecuencias”.
Días más tarde, Bahréin, país que abarca más de 30 islas en el golfo Pérsico, denunció que Irán lanzó un dron contra una de sus plantas desalinizadoras. Aunque la instalación no quedó destruida por completo, el ataque puso de manifiesto la enorme vulnerabilidad de este tipo de infraestructuras críticas. Dubai también notificó que los ataques contra el puerto de Jebel Ali impactaron muy cerca de una de las plantas desalinizadoras más grandes del mundo.
Más países denunciaron ataques a infraestructuras hídricas en los últimos días, como un incendio cerca de la Planta Independiente de Agua y Energía Fujairah F1, en Emiratos Árabes Unidos, o la planta Doha West de Kuwait, que también reportó daños por la caída de restos provenientes de ataques con drones.
Tras la escalada de este tipo de ataques, el portavoz del Ministerio de Exteriores de Qatar, Majed al Ansari, alertó de las consecuencias “irreversibles”. “Atacar infraestructuras vitales, ya sean plantas de desalinización de agua, tanques de agua, reservas de alimentos, reservas de medicamentos o plantas de producción de medicamentos; cualquier tipo de infraestructura que sustente la vida de las personas, constituye un grave peligro para la población de la región y más allá”, advirtió.
Aunque más invisible, la contaminación de los acuíferos —los depósitos de agua subterránea— es otro problema grave en lo que respecta al suministro. Los bombardeos de Trump y Netanyahu contra las refinerías de Irán dejaron un “lluvia negra ácida” —dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno, partículas PM2,5— que se ha filtrado por muchas vías fluviales.
Si el agua marina está contaminada, las plantas desalinizadoras pueden “saturarse o fallar”, explican los expertos sobre este otro riesgo. También puede ocurrir que no se eliminen todos los contaminantes químicos complejos y que el agua potable contenga trazas contaminantes.
Al mezclarse con la humedad atmosférica, el hollín, las cenizas y los residuos de crudo están provocado un “desastre ambiental de gran magnitud con impactos inmediatos y a largo plazo”, advierten los científicos de Conflict and Environment Observatory (CEOBS), un observatorio especializado en el impacto ambiental de las guerras.
Esta ONG explica que si bien el Golfo es una zona dominada por la industria de los combustibles fósiles —y sus consiguientes problemas de contaminación—, “aún existen zonas de gran importancia ecológica”. “Los riesgos se extienden más allá de la región: la fragata iraní Dena fue torpedeada cerca de la costa de Sri Lanka, y la consiguiente mancha de petróleo de 20 km de longitud amenaza ahora zonas de gran importancia ecológica a lo largo de su litoral. Las autoridades de Sri Lanka están llevando a cabo labores de limpieza y muestreo”, se detalla en la última actualización.
Los buques hundidos y las infraestructuras portuarias dañadas —explican los expertos que integran este organismo— pueden presentar “riesgos significativos de contaminación, incluso por combustibles y aceites”. Los derrames de petróleo son otro foco de preocupación. “Se han registrado al menos 12 ataques a buques mercantes en puertos o en el Golfo Pérsico; a medida que aumenta el número de ataques, también aumentan los riesgos de un incidente ambiental grave”, alerta el observatorio.
Un panorama similar denuncia Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (WHO). Días atrás, alertó que las “lluvias cargadas de petróleo” contaminan alimentos, agua y aire, “peligros que pueden tener graves consecuencias para la salud, especialmente en niños, personas mayores y personas con afecciones médicas preexistentes”.
Sin desalinizadorasno hay agua potable
Según un estudio publicado en la revista Nature en enero de este año, de las casi 18.000 plantas desalinizadoras operativas en todo el mundo, unas 4.900 se encuentran en Oriente Medio. En conjunto, estas instalaciones generan una capacidad de desalinización de 29 millones de metros cúbicos de agua al día, lo que equivale a aproximadamente el 42% de la producción mundial.
La cifra permite dimensionar la importancia estratégica de estas infraestructuras en esta región. Las desalinizadoras proveen la mayor parte del suministro de agua potable en la mayoría de los países: el 93% en Kuwait, 86% en Oman, 70% en Arabia Saudi, 48% en Qatar y 42% en Emiratos Árabes Unidos, según las últimas cifras del Instituto Francés de Relaciones Internacionales.
El dato clave es que la región del Golfo tiene el 6% de la población mundial, pero alberga apenas el 2% de las reservas mundiales de agua dulce renovable. ¿Uno de los motivos? Las fuertes presiones que el auge de la industria petrolera —iniciado en la década de 1950— ejerció sobre la zona. Por lo tanto, en esta parte del mapa mundial, las desalinizadoras son sinónimo de agua potable.
De los 25 países que enfrentan un estrés hídrico extremadamente alto en todo el mundo (es decir, que utilizan más del 80% de su suministro de agua renovable), 15 se encuentran en Oriente Medio, según la investigación publicada en Nature, liderada por Noman Khalid Khanzada, del Centro de Investigación del Agua de la Universidad de Nueva York en Abu Dabi (NYUAD).
21 mar 2026


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