En las últimas semanas, y mientras EEUU e Irán no han parado de atacarse mutuamente en Ormuz -que sigue cerrado-, han tenido lugar una serie de acontecimientos que empujan la guerra hacia una nueva fase:
– Ataque de los aliados iraquíes de la teocracia chiíta de Irán al oleoducto Este-Oeste de 1.200 kilómetros de la teocracia sunnita de Arabia Saudi en el Mar Rojo, construido en 1981 durante la guerra entre Irán e Irak para esquivar el estrecho de Ormuz. El transporte de cuatro millones de barriles de petróleo al día se ha paralizado.
– Ataque a la refinería Saudí Aramco en Jizán por el grupo yemení de Ansarolá (“seguidores de Alá”), de extrema derecha chiíta, de la secta Zaidi, alias “los hutíes”, por el apellido de su fundador Badreddin al-Houthi. La instalación, que exportaba 400.000 barriles al día, se ha quedado inhabilitada.
– Como respuesta al bloqueo de los puertos yemeníes por Arabia Saudí, en un conflicto que tiene tres dimensiones, los hutíes han ocupado varias puertos, entre ellos Moka (famoso por su café) bajo el control de Emiratos Árabes Unidos (EAU) y varias islas en el Mar Rojo. Ahora gobiernan un tercio del país y al 70% de la población.
– El rechazo de Trump de repeler la ofensiva huthí que había sido solicitada por Arabia Saudí, donde EEUU cuenta con la base aérea Príncipe Sultán, con unos 2300 efectivos, y unos sistemas integrados de defensa aérea como misiles Patriot. Washington acaba de aprobar la venta de 48 caza F-35 Lightning II y su equipo conexo a Arabia, pero eso no significa que le haya enseñado a manejarlos.
– La reunión de los hutíes (considerados como un “grupo terrorista” por EEUU) con los enviados de Trump en Omán. Prometieron no atacar barcos estadounidenses ni israelíes, informa The Times of Israel. ¿Por qué EEUU no les exigió que dejaran de destruir la economía saudí también?
– El encuentro secreto del jefe del Comando Central de EEUU (Centcom), Brad Cooper, con los jefes militares de Israel, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Baréin, Kuwait, Qatar, Jordania y Egipto, y además celebrada en un país europeo, Alemania, y miembro de la OTAN.
– Reino Unido e Italia, también socios de la OTAN, están barajando participar militarmente para proteger sus intereses en Bab el-Mandeb.
– Washington planea vender 20.000 bombas pesadas MK 84 y 20.000 bombas BLU 117 a un Netanyahu que pasa de agitar el “peligro nuclear iraní” a anunciar su decisión de derrocar a los islamistas de Teherán.
– J.D. Vance, el vicepresidente de EEUU, proclama el fin de la primer fase de la guerra contra Irán, que fue destruir su programa nuclear, y el inicio de una “fase muy diferente” en los próximos meses.
– Irán está considerando retirarse del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), mientras la excongresista republicana Marjorie Taylor Greene asegura que la administración Trump ha discutido la posibilidad de utilizar armas nucleares contra Irán, negada por la Casa Blanca. Trump ya había pedido la fabricación de minibombas nucelares para que sean utilizables.
Donald Trump no consiguió que sus aliados europeos se unieran a la guerra contra Irán ni siquiera cuando los Guardianes Islámicos, ciegos por un espejismo de victoria, cerraron el estrecho de Ormuz. Está hundiendo a Europa desde Irán, y ésta permanece impertérrita ¿Seguirá sin implicarse si se cierra también Bab el-Mandeb, ahora que Riad suspende las exportaciones de petróleo al continente en víspera de la estación fría? Seguramente, esto se lo preguntará Trump.
Sorprende que sin una fuente de financiación continua, un suministro garantizado de armas (los puertos iraníes están bloqueados por EEUU), una inteligencia que les pase información, un mando único entre diferentes batallones y una dirección que administre las zonas conquistadas, esta tropa medieval haya podido poner en jaque a medio mundo.
Es ingenuo creer que unas tropas mal equipados de hombres fanáticos de extrema derecha del país más subdesarrollado del planeta, vestidos con chanclas y chalecos remendados, pudiesen poner en jaque al mundo, ocupando una de las principales arterias comerciales de la tierra. Y sorprende que esto haya ocurrido en presencia de una docena de ejércitos de los países afectados y de unos 50.000 soldados de EEUU desplegados en una veintena de bases, armados con los artefactos más sofisticados jamás fabricados por la humanidad. ¿Qué hace la Fuerza de Tarea Combinada (CTF) 153, formada en 2022 para patrullar el Mar Rojo? ¿Y las bases del Comando de EEUU para Africa (AFRICOM) en Yibuti, Etiopía, Baledogle y Somalia?
El mundo quedó en shock ante la toma sorpresiva de Kabul por los Talibanes y la huida de las tropas de EEUU, pero la autora de esta columna, dos años antes, en agosto de 2019, ya había revelado que “Trump negociaba con los Talibán para entregarles el poder”. La misma farsa “sorpresiva” sucedió con el asalto del 7 de octubre del 2023 del grupo teocrático Hamas: el genocida israelí tenía pleno conocimiento de ello meses antes, y le sirvió para desatar la Solución Final a la causa palestina.
El cuento de las milagrosas “guerras asimétricas”, que fueron protagonizadas por los yihadistas, es un invento de los servicios de inteligencia de EEUU e Israel, y está al servicio de cinco objetivos globales de ambas potencias.
¿Por qué los hutíes atacaron Israel durante el genocidio palestino pero se han mantenido al margen cuando Irán está siendo agredido?
La importancia de Bab el-Mandeb
Cerca de cinco millones de barriles de petróleo y el 8% de los envíos mundiales de gas natural licuado (GNL), procedentes de países del Golfo Pérsico, Océano Índico y del Golfo de Adén, deben cruzar esta garganta para acceder al Canal de Suez con destino a Occidente.
Esta “puerta de las lágrimas”, nombre que se le ha dado por sus temibles corrientes y vientos que enturbian la navegación, tiene 115 km de longitud, es la ruta marítima más corta entre Europa y Asia, y la tercera vía marítima más importante del mundo, después de Gibraltar y el Ormuz.
Aun, Riad puede enviar algunos barriles al canal de Suez y de allí al Mediterráneo pasando por el cabo de Buena Esperanza, lo que añadiría tiempo y costos de combustible y seguros al ya elevado precio del crudo. La reducción de 2,5 millones de barriles diarios de petróleo que fluían por el oleoducto SUMED (Suez- Mediterráneo) a través de Egipto, está perjudicando también los ingresos de Egipto.
Israel, por su parte, se ha negado a atacar a los hutíes bajo el pretexto de las elecciones parlamentarias que celebrará en breve, e insta la formación de una coalición internacional a disuadir a Ansarolá. En 2023, y antes del ataque de Hamas a Israel, cerca de 100 millones de toneladas de importaciones de Israel, incluidos alimentos, transitaron por el estrecho de Bab al-Mandeb. Si bien esta crisis ha llevado al Puerto de Eliat al borde de la bancarrota, al militarismo israelí le viene como anillo al dedo.
Netanyahu ha ofrecido “servicios israelíes” a Arabia Saudi en una “guerra integral” contra los hutíes. Con ello, pretende salir del aislamiento que le generó el genocidio palestino. Hay sospechas de que puede haber instalado una base militar en la autoproclamada República Somalilandia, reconocida únicamente por Tel Aviv, a donde pretendía enviar a miles de gazatíes durante la reciente limpieza étnica. También cuenta con una base secreta de inteligencia electrónica en Eritrea para monitorear el Bab al-Mandeb. Por los Acuerdos de Abraham, Israel puede utilizar las bases de su aliado EAU en Yibuti, Eritrea además de en las islas de Perim y Socotra en Yemen. Con los EAU y Baréin, Israel ha participado en maniobras navales en el Mar Rojo, junto con las armadas de EEUU.
Ante la inacción de los miembros del Pacto de Defensa de la Meca a ayudar a Arabia Saudí, y la del Consejo de Estados Árabes y Africanos con Vigilancia del Mar Rojo y el Golfo de Adén (2020) ante el presente conflicto, Netanyahu le ofrece a los Salman los Acuerdos de Abraham para que entren en su órbita, vía alianzas militares.
La estrategia de Israel para imponer su hegemonía sobre la región ha sido asombrosa. A través de los islamistas chiitas abortó la revolución progresista iraní en 1978 en colaboración con EEUU y las potencias europeas; luego les vendió armas a los ayatolás en 1981 para que destruyeran Irak en la guerra, y de paso acabasen con el nacionalismo árabe (sobre todo a Yaser Arafat y Moammar al Gadafi), y ahora mediante sus misiles desmantela las infraestructuras de los países árabes ricos con los que Israel rivaliza: Arabia Saudí y Qatar.
Te Aviv amplía su influencia en el Mar Rojo. De hecho, fue trasladado por Trump del Comando Europeo (EUCOM) al CENTCOM, para crear un Nuevo Oriente Próximo a su medida.
El mar Rojo, que es el único acceso directo de este país a Asia y África, forma parte de su doctrina de seguridad. La normalización de sus relaciones con El Cairo, Amán y Jartum está en esta dirección.
Por su parte, los países de la OTAN pueden participar a “título individual” en la fase final de la guerra de EEUU e Israel contra Irán, exactamente lo que hicieron en la guerra contra Irak en 2003. No querrán quedarse fuera del reparto del pastel.
En dos semanas, al menos 112.000 yemeníes han huido de sus hogares en una guerra “no civil”, dejando atrás sus cultivos y ganados, y miles han cruzado el Golfo de Adén en embarcaciones para alcanzar Yibuti. Sus 25 millones de habitantes que ya sufrían una brutal crisis humanitaria desde 2015, empezarán a sufrir hambre y otras calamidades, mientras las potencias regionales y mundiales disputan sus grandes recursos de petróleo y gas, minerales (oro, plata, cobre, níquel), extensas costas y un importante potencial pesquero. La vida de los yemeníes importa, aunque los movimientos antimilitaristas del mundo hace tiempo que han desparecido o se ponen del lado de una de los bandas en las guerras intercapitalistas.
Por, Nazanin Armanian. Analista política y traductora persa y dari


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