Israel rechaza la composición del organismo nombrado por el presidente estadounidense, algo que podría entorpecer aún más la difícil reconstrucción de la Franja de Gaza.
19/01/2026. La Franja de Gaza entra oficialmente en la fase dos del plan que Donald Trump, presidente de EEUU, diseñó para el territorio mediterráneo y que contó con la aprobación a su homólogo israelí, Benjamín Netanyahu. De momento, lo único que se conoce con claridad de esta fase son sus objetivos: la reconstrucción de Gaza y el desarme de Hamás.
La decisión de qué pasos concretos se darán para llegar a estas metas las tomará una Junta de Paz internacional. Otro organismo,la Junta Ejecutiva Fundadora, se encargará de desarrollar dichas decisiones, mientras que el Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG por sus siglas en inglés), gestionará del día a día de la Franja de Gaza.
La Junta de Paz estará presidida por Donald Trump, quien también se ha reservado el derecho de designar al resto sus miembros. El mandatario ha enviado misivas a unos 60 países a los que invita a participar en el foro, que viene a duplicar la labor de otros espacios multilaterales, como la Asamblea de las Naciones Unidas. Varios jefes de estado ya han respondido afirmativamente a esta propuesta, como la italiana Giorgia Meloni, el argentino Javier Milei o el paraguayo Santiago Peña, si bien ninguno ha puesto todavía su rubrica en ella.
Quien también está sopesando unirse a la Junta es el presidente ruso, Vladimir Putin, aunque de momento no se ha pronunciado ante tal oferta. La firma de tres jefes de estado de la declaración de la Junta de Paz podría suponer su automática puesta en marcha, según el borrador del documento al que tuvieron acceso Bloomberg y Reuters. Eso sí, para participar en ella los países también deberán abonar 10.000 millones de dólares para financiar la reconstrucción de Gaza. Trump tendrá plenos poderes sobre este organismo y la administración de sus recursos.
Millonarios y diplomáticos en la Junta Ejecutiva
El 15 de enero,un hiperbólico Trump adelantó en redes sociales que la Junta Ejecutiva Fundadora de Gaza sería “la más grande y prestigiosa jamás reunida”. Y, si bien es cierto es que sus miembros gozan de admiración por parte de los sectores más conservadores del hemisferio norte, la mayoría de ellos cuentan con un perfil empresarial bastante alejado de las bases de la diplomacia internacional.
Tres de ellos forman parte del círculo más cercano del presidente estadounidense: Marco Rubio, secretario de Estado de EEUU; Steve Witkoff, magnate y amigo de Trump que opera como emisario del presidente para asuntos de política exterior; y Jared Kushner, yerno de Trump.
Kushner lleva acompañado a Trump en sus aventuras en Oriente Medio desde el primer mandato del republicano. El esposo de Ivanka Trump, hija del presidente estadounidenses, tuvo un papel fundamental en la firma de los Acuerdos de Abraham, que buscaban normalizar las relaciones entre Israel y el mundo árabe y musulmán. Los acuerdos fueron firmados por Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Qatar, Kuwait y Sudán.
De paso, Kushner logró que algunos de estos países invirtieran en Affintiy Partners, el fondo de capital riesgo que creó por aquel entonces. Para la administración Trump, que el yerno del presidente trate de sacar rentabilidad de las negociaciones de paz en Gaza no es un problema. Al fin y al cabo, Kushner es un “voluntario no remunerado” y, como recoge un perfil del New York Times, “no está sujeto a las mismas leyes y requisitos de divulgación que un empleado del gobierno”. Esto permite a Kushner y al resto de miembros de la Junta, operar y negociar con opacidad.
Los otros cuatro nombres que integrarán este organismo son personas que llevan orbitando alrededor del presidente estadounidense desde su primer mandato. Entre ellos se encuentra Marc Rowan, director de la firma de gestión de activos Apollo Global Management y uno de los mayores donantes de las dos campañas electorales del republicano. También formará parte de ella Ajay Banga, un empresario millonario que integra el Consejo Empresarial Internacional del Foro de Davos. En 2023, Banga comenzó a presidir el Banco Mundial gracias a la nominación del expresidente demócrata, Joe Biden.
En la Junta también se sentarán Robert Gabriel,asesor de seguridad nacional de Trump antes dedicado a la industria de la televisión, y Tony Blair, primer ministro de Gran Bretaña entre 1997 y 2007 y, posteriormente, enviado especial del Cuarteto (EEUU, ONU, UE y Rusia) para Oriente Medio. Su legado en política exterior marcó el inicio del siglo. Entre sus tres hitos más destacados está la liberación “por razones humanitarias” del dictador chileno Augusto Pinochet, quién había sido detenido por las autoridades británicas durante un viaje a Londres. La justicia española pedía la extradición para juzgarlo por varios de los crímenes cometidos durante su mandato, pero Blair decidió devolverlo a Chile, donde nunca fue juzgado.
La segunda cuestión por la que será recordado fue por la participación de Gran Bretaña en la Guerra de Afganistán de 2001 y, en tercer lugar, por la invasión de Irak de 2003. Esta intervención militar ilegal fue impulsada por el entonces presidente de EEUU, George W. Bush, y en ella tuvo un papel relevante el expresidente español, José María Aznar (PP). El visto bueno del Blair a esta operación fue duramente criticada por la sociedad británica y por sus compañeros del Partido Laborista.
Tras dejar Downing Street, durante su etapa como enviado de la ONU, Blair estrechó sus lazos con los gobiernos del Sahel y de la península arábiga, así como con las empresas y fondos de inversión vinculadas a los mandatarios de estos. Posteriormente, el político británico utilizaría estos contactos para lograr inversiones en sus empresas. En 2016, fundó el think tank Tony Blair Institute for Global Change. Según reveló el Financial Times, este instituto participó en el diseño del proyecto inmobiliario que buscaba convertir a la Franja de Gaza en la “Riviera de Oriente Medio”. En este plan también participó el Boston Consulting Group, en el que trabaja Jared Kushner.
Palestinos, turcos y qataríes en la Junta del NCAG
La función de la Junta será la de supervisar y dirigir la reconstrucción de la Franja, así como el trabajo del Comité Nacional para la Administración de Gaza, que se encargará de gestionar el día a día en el enclave como una suerte de “gobierno tecnócrata”, según la definición de Trump. La composición de este segundo organismo fue anunciada por Gobierno egipcio de Abdelfatah Al Sisi el pasado 18 de enero. A la cabeza de este organismo se encuentra Ali Shaaz, un ingeniero gazatí residente en Cisjordania que ocupó el cargo de viceministro de Transporte de la Autoridad Nacional Palestina durante los años 90.
Nickolay Mladenov, exministro de Defensa y Exteriores búlgaro y antiguo enviado de la ONU a Oriente Medio. Este antiguo eurodiputado del partido conservador Ciudadanos por el Desarrollo Europeo de Bulgaria cuenta con el visto bueno de los israelíes y de los palestinos, según las informaciones recogidas por ABC. En2021, la investigación periodística Pandora Papers reveló que Mladenov había creado una sociedad offshore en Seychellesdurante su trabajo como enviado de la ONU.
El control militar y securitario del enclave será impartido por una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF por sus siglas en inglés) que, según Trump, colaboraría con el ejército de Israel y Egipto. Este punto está aún por perfilar, si bien en octubre del pasado año el presidente estadounidense aseguró que contaría con 20.000 efectivos, que podrían provenir de Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Qatar, Turquía y Azerbaiyán. La creación de estos tres organismos -junta ejecutiva, NCAG y las ISF- constituyen los puntos nueve, diez y quince del Plan Integral de Trump para poner fin al conflicto de Gaza.
La oposición de Israel y otros escollos de la fase dos
Muchos expertos en la región han señalado la dificultad para que ambas organizaciones desarrollen la labor que Trump les ha encomendado. Para empezar, porque pese a que Hamás ha celebrado la creación del Comité y ha afirmado que respetará su labor en la Franja, no se ha comprometido a deponer las armas, tal y como exigen EEUU e Israel. Mediadores de Qatar, Turquía y Egipto están negociando con el brazo armado de Hamás este punto, sin que todavía haya trascendido el resultado de esta negociación.
En segundo lugar, porque la tregua que supuestamente se alcanzó durante la primera fase del plan de paz, no parece haberse logrado. Prueba de ello es el hecho de que lo gazatíes han continuado siendo atacados por el ejército israelí. Según los datos del Ministerio de salud de Hamás, han sido asesinadas unas 464 personas desde que el 10 de octubre comenzara oficialmente el alto el fuego. Raquel Martí, directora de la UNRWA en España, ha explicado que “otro aspecto muy importante que contemplaba la primera fase era la entrada de ayuda humanitaria. De acuerdo con el plan de Trump, se debería estar permitiendo la entrada de 600 camiones diarios y, sin embargo, apenas entra una media de 119 camiones al día”. Por ello, considera que, “al menos, en lo relativo a los aspectos humanitarios del plan, la fase uno se haya desarrollado con éxito.”
Pero la fase uno no sólo se ha incumplido respecto a la violencia explícita. También lo ha hecho en relación a la simbólica. Según el plan de 20 puntos de Trump, las tropas israelíes debían haberse retirado de Gaza hasta la “línea amarilla”, un perímetro creado por este plan y que se encuentra entre los 1,5 y los 6,5 kilómetros de la frontera actual de la Franja de Gaza. Esta línea ha sido traspasada en numerosas ocasiones por el ejército israelí, a veces con consecuencias mortales para los gazatíes, según las investigaciones de BBC verifica.
Otra razón es la oposición explícita de Tel Aviv a la Junta nombrada por la Casa Blanca y cuya composición “no ha sido coordinada con Israel“. Sin el visto bueno del mandatario, el trabajo de ambos organismos es prácticamente imposible. Israel controla todos los accesos a la Franja de Gaza, por tierra, mar y aire. Sin el visto bueno de sus autoridades israelíes, ni la Junta ni el Comité podrá introducir en el enclave la maquinaria pesada y otro tipo de materiales necesarios para el desescombro y la reconstrucción de la Franja.
Por último, varios expertos han señalado que el problema de base del “plan de paz para Gaza”, no resuelve las aspiraciones nacionalistas y de autonomía de los palestinos. Sin ir a la raíz del conflicto, es de esperara que, tal y como lleva ocurriendo desde la creación del Estado de Israel, la insurgencia palestina vuelva a surgir una y otra vez.


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