Irán desprecia el doble juego de Trump: un plan de paz “engañoso” mientras envía tropas de élite a Oriente Medio
Protestas contra la guerra de EEUU e Israel en Irán. REUTERS/Francesco Fotia

El recelo de Irán, la ambición hegemonista de Israel y el envío por EEUU de fuerzas de desembarco a Oriente Medio ensombrecen el plan de paz de 15 puntos de Trump.

25/03/2026. Teherán ya no se fía de las tretas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dado el historial de contradicciones y la estrategia de desinformación desplegados por la Casa Blanca desde que, junto a Israel, desató esta guerra contra Irán hace casi un mes. Funcionarios iraníes confirmaron este miércoles la recepción, por mediación de Pakistán, del plan de paz de 15 puntos anunciado a bombo y platillo por Trump la víspera, dando por hecho unas inminentes negociaciones entre Washington y Teherán. Tras reconocer la recepción del plan, la televisión estatal iraní informó de su rechazo por parte de la cúpula de poder de Teherán. Es una propuesta “engañosa”, afirmaron.

Tropas listas para desembarcar si falla la negociación

Los iraníes amanecieron así este miércoles con el doble juego de Trump: EEUU ofrece negociar, pero se prepara para atacar a su enemigo por tierra, en una escalada que, de producirse, alejaría la paz de forma definitiva. 

El Pentágono está organizando el despliegue de hasta 5.000 soldados adicionales en Oriente Medio, que se sumarían a los cerca de 50.000 efectivos con los que cuenta en esa región ya, estacionados en bases situadas en sus aliados árabes, en Irak y Siria, y a bordo de las flotas de guerra que navegan el Mediterráneo Oriental, el océano Índico, el mar Rojo y el propio Golfo Pérsico.

De esos nuevos militares que llegarán a la región, cerca de 3.000 pertenecen a la 82 División Aerotransportada, una agrupación de tropas de élite que habitualmente son desplegadas como preparación de una invasión por tierra. En diversas ocasiones, el propio Trump ha hablado sobre la eventualidad de un ataque estadounidense a la isla iraní de Jarg, el núcleo de su exportación de crudo y gas, y cuya conquista por EEUU supondría un golpe de timón a la guerra muy peligroso.

Este miércoles, de hecho, Irán amenazó con bloquear otro estrecho clave para la navegación mundial, el de Bab el Mandeb, que enlaza el océano Índico con el mar Rojo, si EEUU intenta “soluciones estúpidas para Ormuz”.

Es en esta situación, sin ningún movimiento previo hacia la desescalada bélica, sino más bien lo contrario, cuando se ha producido esta oferta de “paz” por parte de Trump. Su plan de 15 puntos demanda a Irán, entre otras cuestiones, la renuncia a su programa nuclear. Sobre esto, precisamente, estaban negociando las delegaciones iraní y estadounidense días antes de que, el 28 de febrero, EEUU e Israel lanzaran su ofensiva aérea sobre Irán. 

Se había incluso llegado a un principio de acuerdo que Trump dinamitó con el comienzo de la guerra, a la que acudió en buena parte arrastrado por su buen amigo, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y en contra de la opinión de sus propios asesores, que no veían ninguna amenaza directa de Irán en esos momentos para EEUU, menos aún en el ámbito de las armas nucleares.

Un plan que ya habían evaluado los iraníes antes

A los iraníes les ha sorprendido que muchos de los 15 puntos del plan de paz sean una repetición casi exacta de los presentados en Ginebra justo antes de la guerra y que ya habían aceptado en buena parte. Es por eso que, través del canal Press TV, los mandos iraníes calificaron la nueva propuesta como “engañosa” y “alejada de la realidad que supone el fracaso de EEUU en el campo de batalla”.

Según los intermediarios pakistaníes, el nuevo plan de Trump demanda, además del desmantelamiento del programa nuclear iraní y la confiscación del uranio enriquecido en manos de sus científicos, la limitación de la capacidad misilística del país persa y la reapertura del estrecho de Ormuz. A cambio, EEUU levantaría las sanciones impuestas al régimen islámico.

Un mediador egipcio participante en los contactos entre estadounidenses e iraníes señaló que el plan también exigía el fin del apoyo de Teherán a las milicias chiíes que, agrupadas en el llamado Eje de Resistencia chií, sostienen los intereses de Irán en buena parte de Oriente Medio y que son armadas y respaldadas por el régimen de los ayatolás. 

A Trump se le acaba el tiempo…

El plan de paz de Trump no ha sido una muestra de magnanimidad por parte de la Casa Blanca ante la destrucción causada por los bombardeos estadounidenses e israelíes, que continúan sin cesar, al igual que las réplicas iraníes. A la presión internacional por los daños ocasionados al trasiego de crudo y gas por el estrecho de Ormuz, bloqueado en parte por los ataques iraníes a los países árabes de la zona, se suma un imparable malestar dentro de los propios EEUU por los efectos de una guerra que todo el mundo desaconsejaba y que ha mostrado con toda crudeza la ineptitud de Trump y su supeditación a Netanyahu y los intereses del extremismo judío.

Los ataques paralelos a la ofensiva contra Irán que Israel está realizando sobre el Líbano, con el desplazamiento de un millón de personas del sur del país y su inminente conquista por el Ejército judío, han evidenciado también que la crisis actual beneficia a Tel Aviv y que EEUU está poniendo todo su potencial bélico para respaldar esos intereses.

Ya ni siquiera se considera que esta guerra es un intento burdo de Trump para dejar a China, el adversario global de EEUU, exhausta del crudo iraní, pues los petroleros chinos sí pueden cruzar por Ormuz y además Pekín ha multiplicado sus compras de otros actores internacionales, como Rusia. No, la continuación de la guerra solo beneficia a Israel.

… y a Netanyahu le sobra

Este miércoles el primer ministro israelí lo dijo con claridad: la guerra en Irán “continúa en pleno apogeo” e Israel no tiene intención de quitar el pie del acelerador. Si hay alguien en estos momentos que puede boicotear un proceso de paz con Irán es precisamente Netanyahu, empeñado en destruir el Estado persa y a sus aliados de Hizbulá en el Líbano y, de paso, apoderarse de una buena porción de este país que se añada a las conquistas de Israel en Gaza y a la absorción de parte de Cisjordania acelerada desde la crisis de octubre de 2023 con el ataque terrorista de Hamás en territorio israelí.

Aun así, Trump quiere una salida a esta crisis que se le ha ido de las manos, en el campo de batalla, donde Irán está mostrando una capacidad de resistencia militar y de su población que no esperaba el Pentágono, y en los mercados financieros, sacudidos por la estrategia exterior errática de la Casa Blanca, con miles de millones de dólares en pérdidas y la amenaza de una inflación a nivel global. 

La imagen de EEUU con Trump se ha deteriorado a niveles inverosímiles. Tras hacer temblar la economía mundial con su cruzada arancelaria, amenazar a sus aliados europeos con la toma de Groenlandia y el desmantelamiento de la OTAN, tras arrodillarse ante Netanyahu y el líder ruso, Vladímir Putin, y después de dar a China todas las razones para armarse y blindarse en la región de Asia Pacífico, ahora Trump hunde al planeta en una crisis sin parangón de la que cree que puede salir incólume.

No solo no ha concluido la guerra de Irán cuando decía que ya estaba el régimen iraní en sus últimos estertores, sino que ahora incluso se habla de una eventual fase terrestre del conflicto, despertando todos los fantasmas de la guerra de Irak de 2003 y del desastre dejado en las relaciones con el mundo musulmán.

Ni siquiera si Trump declara unilateralmente y por mera volición el fin de la guerra se habrá solucionado esta hecatombe. Israel no va a dejar pasar esta oportunidad y la rabia de Irán tampoco se va a cortar de raíz.


Lo explicó hace unos días el ministro de Exteriores de Omán, Hamad Al Busaidi. “EEUU ha perdido el control de su propia política exterior. La Administración actual ha sido arrastrada a un conflicto que no les corresponde. La dirigencia de Israel parece haber convencido a Washington de que Irán caería como un castillo de naipes tras el asesinato de sus líderes. Esto fue un grave error de cálculo. No habrá rendición incondicional; solo una disputa eterna. Su incompetencia es tan grande como su crueldad”.

También lo resaltó este miércoles el secretario general de la ONU, António Guterres: la guerra está “fuera de control” y “ha ido demasiado lejos”. El político portugués comunicó el nombramiento del diplomático francés Jean Arnault como su enviado especial para la crisis, en un intento desesperado de Naciones Unidas para mediar donde nadie respeta su mediación. Y tuvo palabras de preocupación ante lo que está pasando en el Líbano, donde igualmente las expectativas de la ONU son mínimas, tras el genocidio cometido por Israel en Gaza. 

El modelo de Gaza no debe replicarse en el Líbano”, subrayó Guterres. Tarde llegan estas palabras, pues el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ya señaló que es precisamente esa estrategia la que está imponiendo en el sur del Líbano y en los suburbios de Beirut, donde los ataques contra la población civil son ya parte de la hoja de ruta militar israelí. Netanyahu podría detener a regañadientes sus bombardeos en Irán, pero no parará la tierra quemada que Israel quiere dejar en el sur del Líbano.

Irán quiere tener la última palabra… y Ormuz

Tampoco Irán va a poner fácil la conclusión del conflicto. Sabe ahora que puede estrangular la economía mundial en Ormuz y el Golfo Pérsico y no va a dejar sin castigo la agresión israelí y estadounidense. Cuando este martes, Trump afirmó en el Despacho Oval que Estados Unidos “está hablando (en Irán) con las personas adecuadas, y estas tienen muchas ganas de llegar a un acuerdo”, las carcajadas en los búnkeres donde se protegen los líderes iraníes supervivientes de este primer de guerra debieron ser estruendosas.

Por eso Irán rechazó el plan de Trump e hizo su propia contrapropuesta. El mando iraní subrayó que, para detener la guerra, es indispensable el fin de las “agresiones y asesinatos” cometidos por EEUU e Israel contra Irán y sus aliados, con garantías de seguridad para que no se repita esta agresión.

La clave de las demandas iraníes, sin embargo, hace imposible un acuerdo en estos momentos: el reconocimiento de la soberanía sobre el estrecho de Ormuz, como “un derecho natural y legal” de Irán. En este estado de cosas, no parece que la paz vaya a firmarse en breve, salvo que haya una capitulación militar o política de alguno de los contendientes. 

Información adicional

Autor/a: Juan Antonio Sanz
País: Irán
Región: Medio Oriente
Fuente: Público

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