La guerra de Irán se recrudece marcada por las mentiras de Trump y el ansia de Netanyahu por conquistar el Líbano
Foto de archivo de Donald Trump y Benjamin Netanyahu.Evelyn Hockstein / REUTERS

EEUU e Israel redoblan sus ataques a Irán y el Líbano, en una guerra llena de sombras que refuerzan a Netanyahu, pero que podrían estallarle en la cara a Trump.

08/03/2026 Los habitantes de Teherán amanecieron este domingo con nubes tóxicas por toda la ciudad tras el bombardeo de varias refinerías de petróleo. Los ataques de Estados Unidos e Israel ya no tienen solo como objetivo destruir la cúpula de poder iraní y desmantelar sus lanzaderas de misiles y fábricas de este armamento. La nueva fase de la guerra, que comenzó el 28 de febrero y ha causado ya más de 1.700 muertos y 11.000 heridos entre Irán y el Líbano, quiere arrasar las infraestructuras críticas del país persa. Con una capacidad bélica muy dañada, este responde con ataques puntuales, como el de este domingo contra una desalinizadora en Baréin y otros bombardeos en Emiratos Árabes Unidos o Kuwait, pero sin alcanzar, en todo caso, la brutalidad desatada contra la población civil iraní y la libanesa por los bombardeos de EEUU e Israel.  

En el caso de estos dos países, el objetivo es también desencadenar algún tipo de insurrección popular que, en estos momentos, es muy difícil que suceda, por la falta de unidad de la oposición y por la enconada resistencia del régimen islámico, capaz de regenerarse en medio de los bombardeos con el proceso de elección del sucesor de su líder supremo Alí Jameneí, asesinado por Israel y EEUU el primer día de los ataques.

La Asamblea de Expertos de Irán, encargada de designar al sucesor de Jameneí, indicó este domingo que ya había alcanzado el consenso para elegir al nuevo líder supremo, pero que no lo comunicará de momento a fin de no comprometer su seguridad. Tanto Washington como Tel Aviv han jurado que acabarán con todo aquel que se ponga al frente del régimen teocrático.

Nuevas fases de la guerra, con Israel ganando protagonismo   

Por mucho que insista Trump, el régimen iraní no está finiquitado. La guerra se agrava, entra en nuevas fases a cada cual más destructiva, y sus consecuencias perniciosas se extienden por todo el Golfo Pérsico y la economía mundial, y afectan como el golpe de un bumerán a los propios EEUU. 

El único que parece satisfecho es Israel. Este país sigue arrasando Irán con su aviación y las armas suministradas por EEUU, desviadas muchas de ellas de su original destino en Ucrania para combatir al ejército ruso. Y al tiempo, como parte de esa campaña contra Irán, el ejército israelí continúa su guerra particular en el Líbano, con ataques masivos sobre el sur y el este de este país, y en la misma capital, Beirut, supuestamente para acabar con la resistencia de las milicias de Hezbolá, aliadas de Irán.  

La realidad es que todo marcha acorde con los planes del primer ministro israelíBenjamín Netanyahu, para que Israel se haga con el control de amplias franjas del Líbano, como zonas de seguridad y para el establecimiento de colonos judíos. Tras la destrucción de Gaza y la anexión de facto de más de la mitad de esta franja palestina, el Líbano aparece como el siguiente objetivo de la agenda de Netanyahu. 

Rechazo de los estadounidenses a la guerra de Trump   

Pero si mientras Netanyahu obtiene con esta estrategia un apoyo mayoritario en su país, no ocurre igual en EEUU, con el presidente Donald Trump cada día más enfangado en la guerra, no solo por el coste brutal que ya está teniendo para Oriente Medio y el resto del mundo, sino sobre todo por la inconsistencia de su estrategia, la desinformación y confusión que promueve, su confrontación con sus aliados en Europa y por las tergiversaciones con las que teje su discurso bélico.  

Además del creciente rechazo al intervencionismo en Irán, en unos momentos nada propicios por el creciente deterioro económico y social en EEUU, la forma errática con la que Trump gestiona la guerra daña la imagen de la Casa Blanca y el Partido Republicano en el poder a ocho meses de las elecciones de medio término en las que se renovará buena parte del Congreso estadounidense, el próximo 3 de noviembre.  

La manipulación y desinformación de las que hace gala Trump en torno a su política exterior y más en concreto sobre la guerra que ha desatado en Irán hacen temer, en este sentido, que el presidente de EEUU pudiera recurrir a alguna añagaza para retrasar o suspender esos comicios. La desaprobación del propio Trump, según la media de esas encuestas analizadas por RealClearPolitics es del 54,6%. Como señaló la página web de análisis Axios, “el riesgo crece por todas partes” y eso se refleja en la consideración de Trump por su gente. 

Una guerra de alto riesgo… para EEUU   

Es el riesgo, señala Axios, de que su guerra contra Irán “salga mal”, de que la pérdida de empleos (en EEUU) de febrero “sea una tendencia y no un fenómeno pasajero”, de que “la bolsa siga cayendo” o de que sus aranceles sobre medio planeta, sumados a la subida del petróleo derivada de la guerra, “estén impulsando los precios al alza” especialmente en territorio estadounidense. 

Un riesgo, añade, de que “el entusiasmo demócrata lleve a una derrota aplastante en las elecciones de mitad de mandato”. Un riesgo, insiste, que “está aumentando en todas partes”. Paradójicamente, esta es la posición que no hace tanto tiempo mantenía el vicepresidente de EEUU, J.D. Vance, quien como muchos otros republicanos sostenía que una guerra en Irán sería “catastrófica” para el país.  

El analista estadounidense G. Elliott Morris realizó otro promedio de encuestas y evidenció que apenas el 38% de los estadounidenses apoya los ataques militares de EEUU en Irán, una cifra inferior al apoyo retrospectivo a la guerra de Irak (2003) en 2014. Es cierto que los políticos republicanos en su mayor parte respaldan la guerra, pero son incapaces de movilizar a la opinión pública a su favor, menos aún ante el cúmulo de insensateces lanzadas por Trump, cuyo nerviosismo empieza ya a preocupar mucho, incluso a sus pretorianos. 

Trump echa balones fuera en la masacre en una escuela de niñas   

Una de esas desinformaciones la lanzó este sábado el presidente estadounidense cuando atribuyó al propio ejército iraní la masacre cometida por el bombardeo durante la ofensiva de una escuela de niñas en el sur de Irán, con cerca de 180 muertos, la mayor parte menores. 

“Basado en lo que he visto, eso lo hizo Irán”, espetó Trump,  a pesar de que todos los indicios apuntan a un crimen de guerra cometido por EEUU e Israel. El propio secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, incómodo ante tales afirmaciones, salió al paso señalando que en estos momentos se “está investigando” lo ocurrido en ese centro escolar. Según Reuters, hay un informe del propio ejército estadounidense que contempla el ataque como una acción propia. 

Las informaciones con imágenes satelitales apuntan también a un bombardeo estadounidense, a pesar de que en un principio se atribuyó a Israel, cuyo ejército tiene mucha experiencia en matanzas similares de civiles en Gaza. Miembros de la ONU y de la organización humanitaria Human Rights Watch (HRW) han calificado este ataque como un posible “crimen de guerra”

No es el único ataque a unas instalaciones civiles por parte de los dos aliados. Muchos de los 1.300 muertos iraníes en esta guerra estaban en sus residencias, en parques y en otros lugares públicos destrozados por las bombas estadounidenses e israelíes. Otro reflejo más de Gaza. 

Confusión en torno a la ayuda a los kurdos   

También está mintiendo Trump una y otra vez sobre la eventualidad de que pueda haber pronto soldados estadounidenses sobre el terreno, combatiendo en Irán, aunque sea como apoyo a facciones étnicas rebeldes como los kurdos iraníes. Primero Trump dijo que no haría falta ningún despliegue terrestre. Días después no lo descartó y ahora, las noticias que llegan del Kurdistán apuntan en aquella dirección. 

La CIA y los asesores estadounidenses se mueven a su antojo por el este del vecino Irak, especialmente en la ciudad de Erbil, capital del Kurdistán iraquí que acoge dos bases de EEUU, animando a los kurdos iraníes, un 15% de la población de Irán, para que se subleven y extiendan su insurrección por todo el país, incluso al coste de una guerra civil. Una posibilidad que es aplaudida por Israel, cuyo principal objetivo en esta contienda es convertir Irán en un Estado fallido e inerme para el futuro. 

Este domingo se difundió incluso la idea de que comandos estadounidenses podrían entrar en Irán para apoderarse de los 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60% que los ayatolás tienen escondidos en alguna parte. Si eso ocurriera y no se quedara en una baladronada más de una Casa Blanca necesitada de cabelleras enemigas para justificar una guerra injustificable, el riesgo alarmante del que habla Axios se dispararía, sobre todo para los soldados estadounidenses. Oficialmente son seis los militares de EEUU muertos en esta guerra. Si hay muchos más efectivos sobre el terreno, aquella cifra de caídos en combate se multiplicaría, al tiempo que se desplomaría el respaldo de Trump. 

Al contrario de la oleada de descontento que crece en EEUU contra la guerra, en Israel el belicismo impregna toda la sociedad y si ya el genocidio cometido en Gaza por órdenes de Netanyahu y sus acólitos ultraderechistas no levantó a la gente contra el primer ministro, ahora la guerra de Irán y su reflejo en el Líbano tienen una aprobación popular aplastante. Según la encuesta del Instituto para la Democracia de Israel elaborada el 2 y 3 de marzo, un 93% de la población judía israelí apoya este conflicto y un 74% defiende la gestión de Netanyahu de esta crisis.  

Esta respuesta belicista obvia también las matanzas cometidas por Israel en el Líbanosegundo escenario de la contienda de Irán. Este domingo, una veintena de personas fueron asesinadas en un bombardeo israelí que destruyó un edificio en la localidad de Sir al Gharbiya, en el sur del Líbano. En este país, al que ya se había extendido la guerra de Gaza en octubre de 2024, hay ya 400 muertos por esta nueva contienda, una cuarta parte de ellos niños. También hay 200.000 desplazados por el avance del ejército de Israel, que aprovecha la atención que el mundo presta a Irán para acometer su campaña contra Hezbolá, aliado de Teherán, y así hacerse con la mayor porción posible del Líbano. 

Está en juego la promesa de Netanyahu de crear el Gran Israel, que se extendería por los dos territorios palestinos, Gaza y Cisjordania, cuya anexión va en camino, gracias precisamente al apoyo sin fisuras de Trump, y por algunas zonas arrebatadas al Líbano, Siria e incluso Jordania. Si hay alguien que sale ganando en esta guerra, es precisamente aquel que azuzó a Trump para empezarla, es decir, Netanyahu.

Información adicional

Autor/a: Juan Antonio Sanz
País:
Región:
Fuente: Público

Leave a Reply

Your email address will not be published.