Los hutíes abren un nuevo frente entre Irán y Arabia Saudí y enredan aún más la guerra de Trump
Partidarios de los hutíes de Yemen exhiben fusiles durante una manifestación en solidaridad con el pueblo de Gaza, en una imagen de archivo.EUROPA PRESS / Osamah Yahya

16/09/2026. Las milicias rebeldes yemeníes, los hutíes, quieren replicar en el estrecho de Bab al Mandeb, que une el mar Rojo con el océano Índico, el bloqueo por sus aliados iraníes de Ormuz, en el Golfo Pérsico, y amenazar aquel paso de navegación también esencial para el trasiego de crudo y gas desde Oriente Medio. Los últimos éxitos militares hutíes y sus ataques a Arabia Saudí, rival de Teherán en la región y aliado del Gobierno yemení al que combaten esos insurrectos chiíes, abren una nueva fase en la guerra de Irán que remarca aún más el fracaso de Estados Unidos, reticente de participar en este nuevo frente sin haber avanzado nada en la solución de la crisis que desató en febrero pasado.

“Los derechos y libertades de navegación en el mar Rojo y sus alrededores, así como en el estrecho de Bab al Mandeb, deben restablecerse plenamente y ser respetados por todos”, afirmó el subsecretario general para Oriente Medio, Europa, América, Asia y el Pacífico de la ONU, Khaled Khiari, sobre el peligro inminente que se cierne sobre esa “ruta marítima internacional vital”. Un peligro que, en el caso del estrecho de Ormuz, ya se ha plasmado con la actual debacle del tránsito global de petróleo y gas. Un eventual cierre de Bab al Mandeb añadido al de Ormuz bloquearía el tráfico de un tercio del petróleo del planeta.

Si los hutíes cierran el estrecho de Bal al Mandeb (en árabe, “La puerta de las lágrimas”) y no cruzan petroleros y mercantes desde el mar Rojo al golfo de Adén y desde aquí al océano Índico por el principal enlace comercial entre Occidente y Oriente, a la caída del 20% de crudo y gas que se transportaba por Ormuz y que se ha estancado por el cierre de este paso, se añadiría una reducción de otro 12% del suministro mundial de petróleo y el 8% del gas natural licuado, que es lo que aún circula por las aguas que quieren controlar los hutíes en el golfo de Adén.

Doce años de guerra civil desembocan en una contienda regional

La ofensiva rebelde lanzada en el oeste de Yemen en las últimas semanas ha permitido a los insurrectos afianzar sus posiciones en la guerra civil en la que está inmerso este país del sur de la península arábiga desde 2014, cuando los hutíes tomaron la capital, Saná, y ha sepultado los últimos resquicios de la tregua mediada por la ONU en 2022. Esta crisis se ha agravado desde que EEUU e Israel atacaron Irán el 28 de febrero, pues Washington es uno de los poderes externos que apoyan al Gobierno oficial de Yemen contra los hutíes de credo chíi, respaldados a su vez por Teherán.

Arabia Saudí, al frente de una coalición de estados árabes, ha respaldado desde 2015 a la causa oficialista yemení, con bombardeos y ataques a objetivos hutíes y también contra la población civil. Desde que comenzó la guerra, en Yemen han muerto más de 380.000 personas, la mayor parte civiles y muchos de ellos a consecuencia de la hambruna y la desnutrición, la falta de agua potable y enfermedades infecciones como el cólera. Solo desde el pasado 3 de septiembre, la ofensiva hutí y la respuesta gubernamental han obligado a más de 125.000 yemeníes a dejar sus hogares, con centenares de víctimas mortales añadidas.

Aunque un buen número de países árabes, desde Marruecos a la mayor parte de estados del Golfo Pérsico, ha apoyado al Gobierno yemení con ayuda militar, sin embargo, el respaldo iraní, con armas, asesores y combatientes de la Guardia Revolucionaria, ha impedido la derrota de la rebelión hutí. Los hutíes son en estos momentos la fuerza más importante del llamado Eje de Resistencia chií aliado de Irán, que tiene apoyos en el Líbano, Siria e Irak.

Arabia Saudí e Irán al borde del choque directo

La tradicional rivalidad entre Irán y Arabia Saudí convirtió Yemen en un teatro de su confrontación armada. Esa pugna se ha intensificado ahora, sobre todo con el impulso de la nueva ofensiva yemení inaugurada el 3 de septiembre.

Aunque a lo largo de los seis meses y medio de guerra contra Irán por parte de EEUU e Israel, los saudíes han recibido ataques puntuales iraníes y el propio ejército de Riad ha participado en operaciones aéreas contra fuerzas e instalaciones de la república islámica, la posibilidad de una conflagración abierta entre los dos países es hoy día más alta que nunca. El medio millar de bombardeos de los saudíes sobre territorio hutí en menos de una semana y los misiles lanzados por los rebeldes yemeníes contra terminales petrolíferas y objetivos militares saudíes están empujando a Irán a tomar una acción más directa contra Riad.

El ataque de la semana pasada a uno de los mayores oleoductos saudíes (el Este-Oeste, que traslada crudo hacia el mar Rojo) por drones lanzados por los aliados chiíes iraquíes de Teherán disparó la tensión entre Irán y Arabia Saudí, con el Eje de Resistencia proiraní ya no solo enfocado en combatir a Israel y EEUU, sino también a los aliados árabes de Washington.

Arabia Saudí ha reforzado su apoyo militar aéreo a las fuerzas gubernamentales yemeníes, que tratan de parar el avance hutí en las provincias de Marib, centro del país, y Taiz, en el suroeste, además de bombardear las posiciones rebeldes en los distritos de Al Janad y Haifan, y contra líneas de suministro hutíes en Moca y Dhubad, en la costa occidental del Yemen. La reciente toma del puerto de Moca y de la estratégica isla de Mayun por los hutíes ha sido el punto de inflexión que evidencia su capacidad para hacerse con el control de Bab al Mandeb, para espanto de los saudíes.

Y EEUU elude dar un paso directo

En este punto de la crisis, el Gobierno de Riad instó la semana pasada a la Casa Blanca a intervenir en este conflicto del Yemen, como una derivada meridional de su campaña contra Irán, pero el propio presidente Donald Trump desechó de momento la posibilidad de contener militarmente la ofensiva hutí. Según publicó el portal de información Axios, cercano a la Casa Blanca, EEUU está preocupado por la escalada de la crisis en Yemen, pero “intenta evitar la intervención militar directa”.

Con las elecciones legislativas de mitad de mandato a la vista en EEUU (el 3 de noviembre) y el rechazo generalizado de la población estadounidense a la guerra en Irán, una extensión del intervencionismo de la Casa Blanca en Oriente Medio solo podría ensombrecer si cabe más las menguantes expectativas de Trump. Meterse en el avispero yemení no tiene ninguna garantía de éxito y solo puede dar más publicidad a la resiliencia de Irán en su guerra contra EEUU y a sus aliados del Eje de Resistencia, encabezados por los hutíes.

“Ahora que están ahí, se van a afianzar” en sus posiciones “y va a ser mucho más costoso expulsarlos”, indicó a la BBC el analista Hisham al Omeisi, del Instituto Europeo para la Paz. Sobre todo porque los hutíes no están solos y porque, con el frente yemení, Irán está a punto de lograr el control de dos de las vías marítimas del planeta más importantes para el tránsito internacional del gas y el petróleo de Oriente Medio.

Con el cierre de Ormuz y la amenaza de un similar bloqueo parcial o completo en Bab al Mandeb (que alteraría el cruce del canal de Suez, al otro extremo del mar Rojo), Irán y sus aliados hutíes podrían controlar el comercio del 35% de combustible del mundo. Ya con sus ataques con misiles y drones a un centenar de buques con intereses israelíes y de otras banderas, tras la invasión de Gaza por Israel en octubre de 2023, los hutíes pusieron en jaque la navegación por el mar Rojo. Si ahora se hacen con el dominio de Bab al Mandeb, el pulso de fuerza para este grupo y sus aliados iraníes se habrá centuplicado, pues además de Ormuz, se tendría un gran poder sobre otro estrecho por donde además pasa una cuarta parte del tráfico marítimo mundial.

Según explicó a esa cadena de información británica Farea al Muslimi, investigador del centro de estudios londinense Chatham House, “esto supone tanta influencia como una bomba nuclear”.

La ofensiva diplomática paralela a la presión militar y energética

Irán está jugando todas sus cartas en su lucha contra EEUU y en este punto Yemen puede tener una importancia vital para el rumbo de la guerra, al ampliar el escenario de su presión con el corte del tránsito energético, principal mecanismo de lucha de Teherán en esta contienda. Por eso, además de ampliar el teatro bélico en Oriente Medio, el régimen de los ayatolás apuesta por impulsar su ofensiva diplomática con esos países a quienes está afectando de manera especial el corte del suministro de hidrocarburos derivado de la guerra y que ven en la Casa Blanca y no en Teherán la responsabilidad última del caos desatado.

Por eso, este miércoles, el ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchi, se reunió con su homólogo chino, Wang Yi, y planteó las condiciones de la república islámica para aceptar la negociación con Estados Unidos. Wang llamó a recuperar las negociaciones entre EEUU e Irán, y reclamó la apertura del estrecho de Ormuz, pero no quitó razón a las reivindicaciones iraníes.

Irán deja en evidencia a Trump ante Xi Jinping

Esta visita ha sido clave, pues se produce pocos días antes de que el presidente chino, Xi Jinping, viaje a Washington la próxima semana para celebrar una cumbre con Trump. Acude a EEUU con la fuerza de quien ha elevado a China como un país opuesto a las guerras, en comparación con el falso rol de pacificador asumido por Trump, quien, al empezar su mandato, prometió acabar con todas las contiendas y quien, al contrario, ha desatado una hecatombe regional que corre el riesgo de convertirse en conflicto mundial, dada su deriva económica.

La crisis de Irán embarra la imagen de Washington y subraya la figura mediadora de Pekín, como se ha comprobado con la visita de Araqchi. Para poner la guinda a esta ofensiva de “buena voluntad” iraní en Pekín, representantes de Teherán también participaron este miércoles en el Foro Xiangshan, principal evento de diplomacia militar de China.

Irán sabe que China es la clave para detener la guerra, por sus intereses en Oriente Medio y porque en estos momentos es el único poder al que teme Trump. La semana pasada, el presidente iraní, Masud Pezeshkian, participó en la reunión que los BRICS celebraron en Nueva Delhi y se vio con Xi Jinping. Lo que hablaron los dos líderes asiáticos figurará en la agenda del inminente encuentro entre Xi y Trump. Una cumbre en la que el multilateralismo de los BRICS, liderado por China y en el que sí tiene sitio Irán, retará al cada vez más tambaleante hegemonismo estadounidense.

Información adicional

Riad y Teherán redoblan su pulso en Yemen, donde los aliados hutíes de Irán amenazan con bloquear el mar Rojo y cerrar otra de las salidas del crudo de Oriente Medio.
Autor/a: Juan Antonio Sanz
País: Yemen
Región: Medio Oriente
Fuente: Público

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