20 de mayo de 2026
Moscú. El titular del Kremlin, Vladimir Putin, concluyó este miércoles su visita a China —la número 25 desde que es presidente de Rusia—, con una conversación informal con su colega chino, Xi Jinping, en torno a una tradicional taza de té después del almuerzo oficial y con solo cuatro asesores por lado, en la que trataron a puerta cerrada los temas más delicados.
Kremlinólogos y sinólogos coinciden en que los líderes ruso y chino reforzaron su mensaje de coordinación estratégica y se presentaron como factor de estabilidad frente a un escenario internacional convulso, marcado por los conflictos armados de Ucrania e Irán, así como las tensiones tanto en Medio Oriente como las que tienen ambos países con Estados Unidos y otros países de Occidente.
De las coincidencias de Moscú y Pekín quedó amplio registro en las 46 páginas que suman los dos documentos torales de esta visita: la declaración conjunta para fortalecer la asociación integral y la interacción estratégica y para ahondar la Buena Vecindad, Amistad y Cooperación, por un lado, y por el otro, la declaración sobre el establecimiento de un mundo multipolar y de relaciones internacionales de nuevo tipo.
A riesgo de dejar fuera muchos temas relevantes, esta podría ser una muy apretada síntesis de esos documentos:
En la economía mundial, Rusia y China condenan las iniciativas relacionadas con el bloqueo, la incautación o la confiscación de activos y propiedades de otros Estados. También están en contra de las sanciones unilaterales y de los aranceles discriminatorios.
En el ámbito internacional, se oponen al retorno a un orden mundial donde solo impere la fuerza y defienden la autoridad de la Organización de las Naciones Unidas.
Manifiestan su preocupación por las políticas y el discurso beligerante de “ciertos países” (en alusión a Estados Unidos, sobre todo) y sus intentos de injerencia en los asuntos internos de “otros Estados” (en referencia a Venezuela, Cuba, Irán o Corea del Norte).
Denunciaron “el asesinato de dirigentes de países soberanos (Ali Jamenei, en Irán), la desestabilización de la situación política interna y la instigación a cambiar de poder en otros Estados (Cuba e Irán) el descarado secuestro de líderes nacionales para su enjuiciamiento (Nicolás Maduro, en Venezuela)”.
Apoyan el estatus de “zona de paz” de América Latina y el Caribe, así como el derecho de los países de la región a tomar decisiones independientes.
Rusia respalda plenamente el principio de “una sola China”, de la cual Taiwán “es parte integral”.
Respecto a la crisis de Ucrania, Moscú aprecia la “objetividad e imparcialidad” de Pekín y celebra su “papel constructivo” para facilitar una solución por medios “políticos y diplomáticos”. Ambos abogan por continuar la búsqueda de una solución mediante el “diálogo y las negociaciones”. Estiman asimismo que abordar las “causas originarias” del conflicto (en alusión a la expansión hacia el este de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN) es clave para lograr un arreglo político.
Rusia y China opinan que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán constituyen una violación del derecho internacional, las normas fundamentales del derecho internacional y minan gravemente la estabilidad en Medio Oriente. Subrayan la necesidad de un pronto retorno y las negociaciones de todas las partes implicadas para evitar una ampliación de la zona de conflicto.
En cuanto a Gaza, abogan por alcanzar una “tregua sólida” que permita estabilizar la situación y el acceso de la ayuda humanitaria a todos los necesitados.
Consideran que la expansión de las estructuras de la OTAN hacia la región de Asia-Pacífico no favorece la paz y les preocupa la militarización del Ártico por parte de Estados Unidos y sus aliados.
Califican de grave amenaza para la paz y la estabilidad la acelerada remilitarización de Japón y se oponen con firmeza a las presiones que se ejercen contra Corea del Norte.
Moscú y Pekín se adhieren al Tratado sobre el espacio ultraterrestre y se oponen al despliegue de cualquier tipo de arma en el espacio. Expresan su preocupación por las declaraciones de varios Estados no nucleares sobre su intención de obtener armas atómicas propias. Consideran que el proyecto estadunidense Cúpula Dorada supone una amenaza para la estabilidad estratégica.
Como se esperaba, Putin y Xi, en la conversación privada final con taza de té, no llegaron a ningún acuerdo sobre el tendido del gasoducto Fuerza de Siberia-2, que es uno de los proyectos que más interesan al Kremlin.
Entre los 42 documentos bilaterales, firmados en presencia de los mandatarios, la mayoría memorandos de intención, declaraciones de carácter general entre ministerios y otras dependencias gubernamentales, universidades y medios de comunicación, no figura el una vez más pospuesto anuncio sobre el comienzo de la construcción del gasoducto que podría suministrar 50 mil millones de metros cúbicos a China.
Durante una declaración conjunta para la prensa de Putin y Xi, al término de sus conversaciones, el presidente ruso recalcó que su país garantiza el suministro seguro de petróleo y gas en tiempos de inestabilidad por el bloqueo del estrecho de Ormuz (por esa vía llega a China 45 por ciento de sus importaciones de petróleo y gas).
“Rusia es uno de los mayores exportadores a China de petróleo, gas natural, gas licuado y carbón. Por supuesto, estamos dispuestos a seguir garantizando de manera fiable el suministro ininterrumpido de estos combustibles al rápidamente creciente mercado chino”, ofreció.
El vocero de Putin, Dimitri Peskov, trató de enfriar el interés de los reporteros rusos de la fuente presidencial por saber si había alguna noticia sobre el proyectado gasoducto: “el presidente (Putin) dijo en las conversaciones aquí en Pekín que, en general, los principales parámetros sobre Fuerza de Siberia-2 existen. Tanto acerca de la ruta como respecto de qué manera se debe construir, pero quedan por determinar algunos detalles, pero en general el entendimiento ya existe”.
Según Peskov, de momento no se han pactado los plazos concretos para llevar a la práctica este proyecto. “No hay nada preciso, las empresas de ambos países están negociando. Se trata de información comercial confidencial, pero hay un logro bastante grande”.
Antes de la visita de Putin, analistas de los mercados de hidrocarburos anticiparon que no habría acuerdo debido a que el principal “pequeño detalle” que falta negociar se refiere al precio del gas que Pekín está dispuesto a pagar, muy por debajo del precio que quiere cobrar Moscú, lo que ya durante varios años mantienen paralizado el proyecto.


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