Sobrevivir en Gaza a los ataques y el genocidio de Israel: “Vivimos como animales”
Munawar al Raai, mujer gazatí de 60 años, tiende la ropa en la tienda de campaña en la que vive. EFE / Miguel Flores Hormigo

02/07/2026. Se cumplen mil días del inicio de la ofensiva israelí en Gaza. Todo ese tiempo después sigue habiendo familias desplazadas que viven en tiendas de campaña. Más de dos millones de personas se ven obligadas a estar lejos de sus casas, viviendo en la calle y sufriendo las adversidades climáticas tanto en los inviernos como en los veranos.

“La única diferencia entre nosotros y los animales es que ellos no hablan. Vivimos del mismo modo”, lamenta Munawar al Raai, mujer de 60 años conocida como Um Mohamed. Ella es de Yuhor al Dik, un pueblo en el valle del río Gaza (también en el centro de la Franja) que fue destruido por completo por el Ejército de Israel en 2024. Los restos permanecen dentro de la “línea amarilla” (que separa la Franja en dos partes tras el plan de paz de octubre de 2025), en el 70% del territorio que sigue bajo ocupación militar israelí.


La travesía de los 1.000 días más duros

Rodeada de algunos de los 25 niños que conforman su familia y a los que trata de dar clase, Al Raai narra cómo ha sido su travesía a lo largo de esos mil días: “Al comienzo de la guerra salí del valle de Gaza hacia la playa, desde ahí bajamos a Al Zaitún, y cuando invadieron la escuela en la que nos refugiábamos, salimos por Al Halabat hacia Al Magasi. Desde Al Magasi llegamos aquí, a Deir al Balah, donde seguimos en una tienda de campaña”.

Sumado a las duras condiciones en las que viven, Munawar afirma haber perdido la esperanza: “Todo nuestro ánimo ha desaparecido, incluso nuestra esperanza. Nuestros hijos no están recibiendo una educación como la del resto de niños. Vivimos sin comida, sin bebida, sin estabilidad, sin descanso. Vivimos en la calle, en una casa que no es una casa”, relata la mujer.

“Lo más difícil de todo lo que he experimentado en mi vida han sido estos últimos 1.000 días. Envío un mensaje a todo el mundo: ¿acaso soportaríais vivir en la calle durante mil días, sea verano o invierno? Durante el gélido invierno, solía ver a mis hijos congelarse de frío. En verano vivimos como si estuviéramos en saunas. ¿Lo soportaríais?”, pregunta.

Seis desplazamientos en poco más de dos años y medio

En la misma ciudad de Deir al Balah vive Anas al Nagla, quien fue herido de bala dos veces y ha tenido que desplazarse hasta en seis ocasiones a lo largo de esos mil días de éxodo forzoso. Su recorrido fuera de su hogar comenzó en junio de 2024 junto a sus tres hijos cuando el Ejército israelí invadió Rafah. “Fuimos los últimos en irnos, en toda la zona no quedábamos más que nosotros y los tanques”, recuerda.

Solo en el primer mes y medio, Anas y sus hijos se desplazaron cuatro veces. Además, explica que en dos ocasiones se desplazaron caminando y recuerda que otras veces “había gente de buen corazón” que los transportaba en furgonetas.

Pese a todo el tiempo transcurrido que, explica, no han sido solo 1.000 días de sufrimiento sino de muerte sangrienta y destrucción, Al Nagla no se resigna a la vida en la tienda de campaña. Él quiere devolver a sus hijos a la casa que él mismo construyó, aunque ellos se hayan acostumbrado y apenas la recuerden. “Esa casa me costó mucho esfuerzo. Derramé mi sangre por ella. Yo no era como los demás, que esperaban a que su padre o su tío les construyeran una casa”, cuenta.

“Quien lo sepa y esté en silencio no es un ser humano”

Anas solloza mientras rememora aquello que en su momento podía parecer banal, pero tanto tiempo y sufrimiento después cobra importancia para él: “Recuerdo la puerta de la casa, recuerdo la entrada, recuerdo los divanes. Los dormitorios, los recuerdo; y recuerdo a los niños sentados jugando por la tarde en el patio, justo delante de la casa”.

Para Al Nagla, una de las heridas más profundas es la distancia entre el recuerdo de los padres y el olvido de sus hijos. “Me sorprende que los niños no crean que vamos a volver. Me dicen: ‘Nos hemos convertido en árabes nómadas, como los beduinos, que van de una zona a otra'”, relata.


“Mil días sin hogar. Quien lo sepa y esté en silencio no es un ser humano. Son mil días, no una hora, dos horas, un mes o dos meses. Mil días sin tener dónde caer mientras tú sigues con tu vida”, concluye.

Información adicional

Dos familias gazatíes relatan a EFE cómo es su vida en tiendas de campaña y lejos de sus casas mil días después del inicio de la ofensiva israelí del 7 de octubre de 2023.
Autor/a: EFE
País: Palestina
Región: Medio Oriente
Fuente: El Salto

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