Un escudo contra el sometimiento: La solidaridad
Fotografía: Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC). La Minga Humanitaria en acompañamiento a las comunidades afectadas por el sismo.

Sonaba la sirena de fondo y una voz alterada desde Cali: “Todo se destrozó… mi mamá: todo lo de su casita… no quedó nada vivo”. Los testimonios traspasaban municipios, departamentos y fronteras hasta aterrizar en los celulares de sus compatriotas en el extranjero. En aquella mañana del 10 de agosto, en la que un sismo de magnitud 7.4 sacudió a Colombia, las voces sonaban nerviosas y atropelladas, otras silenciosas permanecían atrapadas en sectores incomunicados.  La incertidumbre crecía y los estragos de la catástrofe aumentaban: voces quebradas, consumidas por un pozo de vacío y desesperación.

En medio del abismo, la mano amiga de la ciudadanía brotaba: una irrefrenable lucha por salvar vidas se fue expandiendo entre los habitantes de los pueblos, cercanos o lejanos. Bajo la luna y el sol, desde las horas más críticas; jóvenes decididos, vecinos, ciudadanos y diversas organizaciones sociales entregaron sin tregua, su cuerpo y alma a las tareas de rescate, sin recibir más orden que el pulso de la empatía. En aquellas primeras 72 horas, Ovidio Pizares, del Consejo Regional Indígena del Cauca, expresaba: “Aquí donde estamos, en Cali, hay también un símbolo de resistencia”. A las 5:30 de la mañana, una abundante camaradería se percibía en el lugar desde el cual, el coordinador de la guardia indígena hacía un llamado a la colaboración del sector campesino, afro e indígena, por el “deber y responsabilidad de defender la vida”. La inmediata y espontánea organización de los habitantes fue visible para la comunidad internacional: “Tendríais que ver cómo están trabajando, de verdad, sus rescatistas y voluntarios. Se dejan la piel”, manifestó en sus redes sociales la corresponsal española, Almudena Ariza.

Durante los momentos más decisivos, en los que el nuevo gobierno de Colombia se negaba a solicitar ayuda internacional para los rescates; los Topos Aztecas, una brigada de rescatistas expertos, sin ánimo de lucro e independientes a la oficialidad, lograban entrar en Cali bajo el abrazo de la ciudadanía.

La imparable movilización de colectivos y voluntarios fue multiplicando las redes de abastecimiento, distribuidas en camiones por carreteras y por lanchas en las vías fluviales; emprendiendo un peregrinaje a lugares desatendidos por el gobierno; así lo hizo la caravana de la “Minga Humanitaria por la Vida”, llegando al departamento del Chocó -epicentro del sismo- cargada de “esperanza y compromiso”.

En otra orilla, las prioridades del recién nombrado presidente, Abelardo de la Espriella, parecieron anteponer los intereses de los mandatarios de Estados Unidos e Israel, a las exigencias del estado de emergencia.  

El aplauso otorgado a 82 soldados israelís, después de haber rechazado a la experimentada Brigada de la Secretaría Nacional de la Defensa de Rescatistas de México, ofrecida por la presidenta Claudia Sheinbaum, supuso una ofensa para gran parte de la población colombiana que vio irrumpir en su territorio al Ejército responsable de un genocidio que ha dejado al planeta sin aliento; más aún con las recientes declaraciones del ministro de Seguridad israelí, Ben-Gvir: “Creo que deberían llevarse a cabo asesinatos selectivos en Gaza, eliminando 30 o 40 personas cada noche. No solo a quien representan una amenaza inmediata: hay gente que no merece vivir, que no deberían vivir, que ni siquiera son personas”.

A su vez, la visible tarea propagandística del personal israelí, antepuesta a sus labores de rescate, ha recibido fuertes críticas dentro de la población al percibir que, a costa del dolor del pueblo colombiano, Israel está blanqueando su imagen dañada. No es de sorprender la estrategia de comunicación israelí al intentar presentarse como los salvadores, teniendo en cuenta que la aceptación de su narrativa, aquella que ha justificado sus crímenes en Gaza y sus violaciones al Derecho Internacional, ha caído en declive y perdido credibilidad, tal como corroboran fuentes expertas en el campo de la Seguridad y la Defensa española.

En paralelo, las declaraciones del secretario de Defensa, Pete Hegseth, sembraron inseguridad por anunciar, en pleno colapso de los estragos del terremoto, la autorización de Abelardo de la Espriella para realizar operaciones militares conjuntas, integradas en el marco de la Coalición de las Américas contra los Cárteles, aunque su fin señala ir más lejos al afirmar: “Estamos matando terroristas y estamos derrotando esas fallidas ideologías del socialismo, el extremismo y el comunismo. Hablando de socialismo, que quede claro: la izquierda internacional”. El estadounidense trazó un escenario enemigo en el que alineó al narcoterrorismo y a la izquierda internacional: un anuncio que abona el terreno para legitimar la violencia contra el adversario político, dar la espalda a los Derechos Humanos, y al Tribunal Penal Internacional, al cual atacó e instó a sus aliados a rechazar su jurisdicción.

Siendo así, desde la posesión presidencial del 7 de agosto una avalancha de frentes, incluyendo asesinatos a líderes sociales y una desaforada cadena de incendios, han acentuado la tensión en Colombia.  En este marco, Jorge Aguilera trae a colación el objetivo del aceleracionismo de la extrema derecha, al explicar cómo, a modo de guerra psicológica, busca maximizar las crisis para romper el tejido social, saturar a la sociedad, y doblegarla emocionalmente. Frente a ello -sostiene- la solidaridad resurge como un antídoto contra el sometimiento.

En este sentido, el pueblo colombiano, el anónimo y omitido en los discursos del estrenado gobierno, ha demostrado tener la fuerza brava de un océano y el temple de quien se sabe gobernar a sí mismo. Entre el amor y la lucha, la generosidad y el compromiso, el fluir de sus venas revela estar en una revolución permanente; enraizado con otros pueblos cuya historia les ha enseñado a salvaguardar a la humanidad: a la tierra, y a su mano amiga, América Latina.

Información adicional

La salvaguarda por la humanidad, la tierra y por su mano amiga: América Latina
Autor/a: Natalie Volkmar Ossa
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Natalie Volkmar Ossa

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