El ataque militar sufrido por Venezuela por parte de Estados Unidos el 3 de enero, con el secuestro de su Presidente y esposa, abre una nueva coyuntura política en el país. Entre lo sucedido, lo que le siguió y lo que podría venir en el futuro próximo, una alternativa social y política que hice y garantice la bandera de la soberanía plena y la justicia económica y social, queda a la orden del día.
La última vez que jugué Call of Duty: Modern Warfare 6 me sorprendió el realismo a la hora de presentar una invasión armada. Pero, una cosa es el realismo digital y otra la crudeza del estruendo de aviones y helicópteros rasantes descargando la furia destructiva de los misiles. A las 2:30 de la mañana del 3 de enero, la onda expansiva de las explosiones en el Cerro el Volcán de la Trinidad, sitio donde estaban ubicadas las torres de comunicaciones del ejército venezolano, hicieron estremecer puertas y ventanas de las viviendas ubicadas en los municipios Baruta y El Hatillo, adjuntos a Caracas. Mientras tanto, otra ola de ataques se producía en La Carlota y sitios militares estratégicos ubicados en el distrito capital y La Guaira. “Son los gringos que están atacando” dijo al otro lado del teléfono el compadre Miguel. La felonía del bloqueo naval en el sur del Caribe escalaba a nivel de agresión directa en el territorio.
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