Tenía aún una edad idílica, seis años, cuando conocí a doña Fabiola, y desde entonces conservo la impresión de que siempre había tenido ella la misma edad y la misma estampa, impresión que confirmé una década después, cuando volví a verla exactamente igual, menudita aunque bien erguida, con sus canas grisáceas impecablemente cortadas y peinadas....

