Los Brics frente al canto de sirena de Occidente
La última cumbre de los Brics en Río de Janeiro. (Antonio Lacerda/EFE)

“Hace años, primero consideramos a estos países como miembros de los Brics y esa acción nos alejó de ellos. Eso fue un error (…). Ahora entendemos que, aunque somos muy diferentes a ellos, incluyendo a Rusia y China, tenemos mucho en común con países como India y Brasil. ¿Por qué no centrarnos en estos intereses y valores compartidos?”.

Las palabras del ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Johann Wadephul, en la reciente Conferencia sobre Seguridad que se desarrolló en Munich entre el 13 y el 15 de febrero resonaron con particular fuerza. Según Wadephul, Europa miró durante años a países como India y Brasil únicamente a través del prisma geopolítico de las potencias emergentes, lo que generó un “distanciamiento innecesario y contraproducente”.

No es muy común que la diplomacia germana reconozca públicamente un error de este tenor político, motivado por la “estrechez” de miras y por una percepción “prejuiciosa” sobre las relaciones internacionales, de acuerdo con los términos utilizados por el funcionario alemán.

En buena medida, se debe a la política comercial instalada desde la Casa Blancafrente a la competencia cada vez más agresiva con China y con una controversia sobre aranceles e impuestos que amenaza con extenderse en el tiempo, el reconocimiento tardío de una realidad en plena transformación. Resulta evidente que gobiernos y élites occidentales se resisten a dejar sus añejas anteojeras eurocéntricas para dar cuenta del ascenso del Sur Global, todavía considerado bajo los vilipendiados términos del “subdesarrollo” y del “Tercer Mundo” y, en consecuencia, sin mayores posibilidades de mejoramiento en sus condiciones económicas y sociales.

Pese a todo, el cambio comienza ha manifestarse de manera cada vez más notoria. En cierto modo, la expresión de Wadephul complementó las declaraciones del presidente Emmanuel Macron, cuando en enero, en el último foro de Davos instó a “tender puentes” y a una “mayor cooperación” con los Brics y con el G20, “porque la fragmentación de este mundo no tiene sentido”.

Con sus matices y sus diferencias, ambas intervenciones apuntan a lo mismo: el reconocimiento del peso global adquirido en todo este tiempo por los Brics, pero al mismo tiempo, la necesidad urgente de la Unión Europea por encontrar un mapa y una brújula que le ayude a sobrellevar el enfriamiento de sus relaciones con Estados Unidos y que la anime a encontrar nuevas alianzas y asociaciones en momentos en que los principales ejes del poder global se están reconfigurando.

Actualmente, el Brics plus está compuesto por diez países: a los cinco originales, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, se han sumado en 2024 Irán, Egipto, Etiopía, Indonesia y Emiratos Árabes Unidos. El bloque no solo aglutina a 4.450 millones de personas (más de la mitad de la población mundial) sino que, según datos del año pasado, concentra el 40% de la economía global, habiendo ya superado a los países más industrializados del Grupo de los 7 en términos de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA).

En buena medida, y pase a sus dificultades y disidencias internas, hoy los Brics expresan una realidad muy distinta a la de la Europa y, especialmente, a la de sus principales economías.

En este sentido, la progresiva consolidación del bloque no es simplemente una ampliación institucional: constituye al mismo tiempo un proyecto industrialista y que privilegia un enfoque de soberanía sobre los recursos energéticos y naturales, considerados como altamente estratégicos, y que termina desafiando al modelo financiero especulativo prevaleciente en Occidente.

Alemania hoy constituye un caso de especial relieve, ya que el motor industrial europeo sufrió especialmente los trastornos energéticos derivados de su ruptura con Rusia en 2022 y de la subordinación a estrategias geopolíticas ajenas a sus principales intereses productivos.

La profundización de los vínculos con la OTAN durante el anterior gobierno de Joe Biden, la defensa a ultranza de Ucrania, el rediseño de la economía global que incentivó la guerra contra Rusia, la aplicación de sanciones indiscriminadas contra Moscú y, finalmente, el debilitamiento de los lazos atlánticos durante el actual mandato de Trump motivaron diversos efectos adversos como el encarecimiento energético, la relocalización industrial en desmedro de la economía nacional y, finalmente, la pérdida de competitividad de la industria alemana.

Los gobiernos de Friedrich Merz y de Emmanuel Macron hoy no pueden negar las dificultades crecientes del modelo europeo pero, al mismo tiempo, tampoco pueden objetar el ascenso de un conjunto de potencias emergentes y de mediano peso internacional que están transformando la arquitectura mundial en un esquema multipolar. No lo pueden ignorar, al menos, sin pagar costos crecientes y sin generar un desacoplamiento cada vez más evidente frente a los movimientos tectónicos que se están produciendo en la economía global.

Pero la diferenciación que los principales líderes europeos pretenden establecer en el seno de los Brics no resulta casual. Según la mirada occidental, los gobiernos de India y de Brasil poco tienen que ver con los de Rusia y China y, por el contrario, ostentan una mayor familiaridad con Alemania y con Francia, con los que, siguiendo la expresión de Wadephul, comparten similares valores basados en el modelo liberal y en las reglas del libre comercio y de la democracia.

La estrategia actual no sólo ambiciona dividir a los Brics, provocando un cisma que podría alterar a futuro cualquier proyecto de multipolaridad. También busca complacer de manera indirecta al gobierno de Estados Unidos al favorecer la disociación de un bloque que ha asumido de manera prioritaria la política de “desdolarización” como una forma de debilitamiento de su poder mundial.

Hoy resulta claro que India es la estrella ascendente a la que las principales potencias europeas buscan atraer e integrar al mercado occidental. Para ello, no sólo se sirven de la rivalidad siempre presente con China, sino también del permanente escenario bélico con Pakistán y, últimamente, también del maltrato del gobierno de Trump, que decidió aplicar aranceles especiales a la India por la compra de petróleo ruso, frente a las amplias sanciones que todavía pesan sobre Moscú.

La mejor representación de este encuentro es el Acuerdo de Libre Comercio entre la India y la Unión Europea que fue firmado en enero de 2026 después de largas negociaciones, y por el que se eliminarán los aranceles sobre más del 90% de los bienes comercializados entre ambas partes. En tanto que la cumbre internacional sobre el impacto de la IA que concluyó el 21 de febrero en Nueva Delhi y que contó con un centenar de empresarios ligados a las nuevas tecnologías y con una veintena de mandatarios (entre ellos, Macron y Lula da Silva), fue el escenario ideal para que se presentara a la sede del gobierno indio como “nueva capital mundial de la Inteligencia Artificial”.

Resulta claro que hoy el futuro cercano del planeta se debate en medio de una transformación de las alianzas globales, las asociaciones comerciales y el equilibrio geopolítico. Y a medida que los Brics se posicionan como un contrapeso a las instituciones dominadas por Occidente, aumentarán las presiones y las solicitudes para incorporar o, al menos, para asociar a gobiernos europeos en la principal alianza económica y política del Sur Global.

El riesgo es alto, lo mismo que las posibilidades concretas de que el proyecto de asociación fracase estrepitosamente. Y de los líderes de los Brics dependerá preservar a futuro un espacio político que fue tan difícil construir y, sobre todo, prevenir los disensos y las divisiones internas frente a cualquier intento de fraccionamiento que lleven adelante aquellas naciones hoy distanciadas del modelo de Trump, pero cuyo apoyo a los bloques alternativos se construyen sobre diferenciaciones intencionadas y sobre una cuota creciente de oportunismo y una deliberada búsqueda de ventajas.

27 de febrero de 2026

Información adicional

Autor/a: Daniel Kersffeld
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Fuente: Página12

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