Elon Musk y Tim Cook, director ejecutivo de Apple, son algunas de las personalidades que acompañarán al republicano para su reunión con Xi Jinping esta semana.
Washington-11/05/2026. El apretón de manos entre Donald Trump y su homólogo, Xi Jinping, a finales de semana resultará más un pulso encubierto que un simple saludo. El conflicto con Irán y la guerra arancelaria contra China dibujan un terreno mucho más escarpado que cuando viajó por primera vez a Pekín en 2017. Por debajo de Ormuz y los gravámenes está latente la agresiva carrera que ambos países están librando en el desarrollo de la IA. El séquito de directores ejecutivos con los que el magnate desembarcará en el país es un síntoma más de ello.
Este lunes la Casa Blanca ha dado a conocer la lista de líderes empresariales que tienen previsto reunirse con el republicano en Pekín. Entre los 16 nombres se encuentran el director ejecutivo de Apple, Tim Cook, y Elon Musk, propietario de Tesla, X y SpaceX. La inclusión de Musk en el grupo es la confirmación definitiva de que ambos multimillonarios se han reconciliado después de partir peras en junio del año pasado. Tan solo la presencia de estas dos figuras ya señala cuán relevante va a ser en la agenda la cuestión tecnológica. Trump ha estado presionando a las tecnológicas estadounidenses para que inviertan en la fabricación dentro del país
Otros nombres de la lista son Stephen Schwarzman (Blackstone), Kelly Ortberg (Boeing), David Solomon (Goldman Sachs) y Dina Powell McCormick (Meta). Según explican fuentes conocedoras a diversos medios estadounidenses, la razón de este despliegue es porque Trump también pretende tantear en su conversación con Xi la creación de una junta de inversiones y de comercio con China. Durante un acto ante el Club Económico de Detroit, Trump planteó que “dejen entrar a China” si quieren fabricar en suelo estadounidense.
La creación de acuerdos comerciales supondría un giro sorprendente ante la política que hasta ahora ha ejercido Washington ante su principal rival económico. Al inicio de su guerra comercial, Trump se cebó con China y llegó a escalar los gravámenes hasta la absurda cifra del 145%, pero actualmente solo están en vigor los impuestos del 40% después de que ambos gobiernos acordaran una tregua. Muy probablemente, los oficiales chinos buscarán cerrar nuevos acuerdos de negocios a cambio de rebajas en los aranceles.
El estrecho de Ormuz
El futuro de Ormuz también se discutirá en Pekín. Ante el callejón sin salida de Irán, el republicano intentará instar a Xi para que presione a Teherán y haga concesiones. Aunque esa petición no se hace en medio del vacío, sino después de un año de agresiva guerra comercial apuntando a Pekín como principal enemigo.
China es el principal comprador del petróleo crudo de la República Islámica, el cual está marcado por las sanciones estadounidenses. Aun así, el bloqueo que ya se alarga más de dos meses en el estrecho de Ormuz apenas le hace cosquillas al gigante asiático. Pekín tiene suficientemente diversificadas las importaciones de petróleo para conservar su independencia, y además cuenta con una reserva estratégica que mantiene en secreto. Según las proyecciones de Reuters, tiene suficiente petróleo almacenado para cubrir las importaciones que están atascadas en el paso marítimo para siete meses.
Todo ello concede a China una posición privilegiada en el tablero diplomático: tiene influencia sobre Irán, pero tampoco tiene prisa para desenredar la situación. Aunque es cierto que, si la situación escala a una crisis económica global, es probable que Pekín acabe recibiendo el shock por otras vías, como una caída en las exportaciones de otros productos.
La Administración Trump es la primera en ser consciente de esta fotografía y ya ha hecho llamamientos a que Pekín tome un rol más activo en las conversaciones. Aunque en los últimos días la situación parece haberse recrudecido. El viernes, menos de una semana antes del viaje, el Departamento de Estado sancionó a tres empresas chinas a las que acusó de ayudar a Irán en su guerra contra Estados Unidos.
Según el comunicado publicado, la agencia acusaba a las empresas Meentropy Technology (Hangzhou) Co. Ltd, The Earth Eye y Chang Guang Satellite Technology Co., Ltd. de “proporcionar imágenes satelitales que permiten a Irán realizar ataques militares contra las fuerzas estadounidenses en Oriente Medio”.
El momento elegido por el Gobierno estadounidense para aplicar estas sanciones es una expresión de la frustración de Washington ante el discurso oficial de China, que dice querer ver resuelto el conflicto, y el hecho de que continúa prestando asistencia militar a los ayatolás. El Wall Street Journal informó la semana pasada que, entre esa ayuda se incluyen exportaciones de algunas partes esenciales para que Teherán mantenga la fabricación de sus drones de guerra.


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