La campaña presidencial continúa a todo vapor, ahora en segunda vuelta. La primera produjo sorpresas, de las cuales deben sacarse lecciones, más que para el 21 de junio, para los tiempos por venir, gane quien gane.
La primera, por obvias razones, radica en el triunfo de quien promete retornar al pasado, ahora con supuesto rostro de futuro. Manipulación lingüística y mediática en asuntos de economía, política y sociedad, afincado en lugares comunes, con claras referencias a la gestión gubernamental que está en marcha en Argentina, Chile, El Salvador y otros países de la región, incluido Estados Unidos.
Lo llamativo no es que Cepeda no haya vencido en primera vuelta, algo más que improbable y así proyectado por todos los estudios de campo, pero también por las descripciones que especialistas en lides electorales realizan de la personalidad política y todo lo que transmite el candidato del Pacto Histórico, y que le impiden llegar más allá de los sectores populares y atraer el voto de un segmento más amplio de la clase media. Pero, además, una personalidad y una forma de comunicar que no le permiten desatar pasiones, algo esencial en estos trances políticos.
Esa forma de hacer y liderar es también bloqueada por el liderazgo del Presidente, quien, de manera consciente, opina una y otra vez sobre lo humano y lo divino, comprometiendo al candidato, quien con paciencia bíblica se niega a desautorizarlo o tomar distancia. Tal proceder previene aún más a una porción de la población, que podría ser atraída con un discurso que, prometiendo avanzar en las reformas aún no consumadas –más otras, necesarias de implementar para alcanzar justicia real entre nosotros–, reconozca e insista en corregir los errores cometidos en el período 2022-2026. Este sector social, en específico, descansa en un amplio segmento de los sectores medios, afectado en sus ingresos y negocios por el manejo dado a la economía. Por ello, “al abrir la nevera” la verán menos surtida que cuatro años atrás. Ese proceder del Primer Mandatario y del candidato que proseguiría su obra, además, permite o potencia todavía más que la campaña se haya centrado entre los pro y los contra Petro. ¡Y Cepeda y su fórmula vicepresidencial en lugar secundario!
El siguiente escalón se desprende del resultado del primer episodio electoral, cuyo efecto les dio tan duro a un sector del Pacto Histórico y al activismo en general, autoconvencidos, por lo demás, de vencer en primera vuelta, que a partir del 1 de junio empezaron a circular análisis francamente derrotistas de lo sucedido y proyecciones hacia el 21 de junio. Llama la atención que esos mensajes resalten en todo momento que el país va a entrar en una etapa nebulosa, oscura, con agrias consecuencias para los sectores populares. Esa alerta, para colmo, por ninguna parte se interesa por el qué hacer ante tan magro escenario. ¿Por qué esos mensajes no analizan qué corresponde realizar para que ello no suceda? Por ejemplo, ¿es posible adelantar la campaña sin que el Presidente esté en el centro de la misma? Y, ¿por qué no proyectan qué hacer en el caso de ganar Cepeda y cómo actuar para que no prolongue errores cometidos por el compañero hoy en la Casa de Nariño?
En el peldaño siguiente sobresale, de igual manera en el campo del qué hacer en el futuro inmediato, la ausencia de un escenario popular, de autonomía, más allá del gobierno. El estatismo caló duro en todas las corrientes políticas de izquierda, lo que impide analizar el futuro cercano, de mediano y de largo plazo, sin atenerse al Estado y su administración en forma de gobierno. La pregunta necesaria pudiera ser: ¿resulta posible desamarrar el ovillo que ata a la humanidad con el actual modelo económico, social y político sin romper la dependencia del Estado? Convendría tener en cuenta acá –y esto es importante para el debate público y la educación popular– que, de parte del candidato de Trump, se promete reducir el Estado con el propósito claro de favorecer y enriquecer, aún más, a los de siempre. Desde la izquierda también se busca lo propio pero para empoderar plenamente a la sociedad, para que asuma con mano propia la dirección de su vida diaria, administre todos los medios y sistema de producción, y se enrute hacia una libertad plena.
Subiendo al siguiente nivel corresponde, como es referido en diversidad de análisis de lo ocurrido y lo que está en marcha, tomar nota de que una de las campañas se destaca por el uso agresivo de la IA y todo lo que con ella se puede hacer, y la otra parece que, o no lo hace o la utiliza en menor proporción. La una cubre todo el espectro social en sus diversas características económicas, religiosas, ideológicas, etcétera, y la otra cubre y gana con gran relevancia las plazas de todo el país. Ello suscita una pregunta: ¿será suficiente ese proceder para vencer en esta disputa?
Dando un paso más, es posible ver el voluntarismo que reina entre el activismo que impulsa la campaña para darle continuidad al actual mandato presidencial. Esa militancia se centra en el presente y sin mirada de largo plazo; en muchos casos, se presenta un activismo despolitizado, sin formación en las tradiciones políticas que dice reivindicar, sin heredar de manera clara las mejores enseñanzas que debieran recibir de quienes les antecedieron en la lucha por un mejor país, todo lo cual contribuye a que le hagan culto al líder y ajusten su hacer a lo electoral, a la par que se motiven, como expresión de un clientelismo que no debiera existir, en su expectativa por ser contratados para cualquier función en la administración pública.
Todo lo anterior deja retos que también pueden ser escenarios:
–En primera instancia, corresponde discutir y valorar en todos sus matices los beneficios y los costos de generar, sostener y profundizar un liderazgo único, aquello que en los partidos tradicionales se denomina “el jefe natural”, algo que en ocasiones se escucha como “el propietario del partido”.
Las enseñanzas legadas a este respecto por la URSS y todos los países que estuvieron bajo su sombra están a la orden del día, y no son en nada positivas.
–Un segundo aspecto, ligado con lo anterior, nos lleva a preguntar de nuevo por la autonomía de los movimientos sociales: ¿es posible retomarla, romper la dependencia y el sometimiento al jefe de Estado? Se trata de un reto fundamental, incluso más si quien encabezó la primera vuelta mantiene la ventaja en la elección definitiva. Quizá sea oportuno rescatar la consigna de algunos movimientos sociales en México: “gobierne quien gobierne, los derechos se defienden”.
–Como tercer reto, toma cuerpo la idea relativa a la necesidad de abrir y poner en marcha centenares de escuelas políticas por todo el país, proceso de formación indispensable para cualificar los nuevos liderazgos, dinámica en la cual es sustancial evitar que el voluntarismo, el empirismo, el dogmatismo y el clientelismo hagan carrera dentro del Pacto Histórico y otros procesos políticos que no lo integran, para lo cual se requiere brindar robustas bases teóricas a todo aquel que quiera hacer del activismo político su razón de vida. Tal proceder debe, al mismo tiempo, ligar liderazgos y activismo de vieja data con las nuevas generaciones, transmitiendo por parte de los ‘mayores’ sus mejores aprendizajes.
–El cuarto aspecto. Por el reiterado mensaje de ‘terror’ ante las consecuencias sociales que producirían todas las reformas regresivas que pondría en marcha ‘Sandokán’ (se acordarán de este los más viejos, y a los más jóvenes les tocará ir a la enciclopedia moderna), es previsible una oleada de resistencia social, la misma que podría alcanzar niveles de mayor protagonismo en el Cauca, por tener asiento allí el movimiento social de mayor capacidad de confrontación directa con que cuenta Colombia. ¿Alcanzaría esta resistencia las expresiones similares o más fuertes que las conocidas en Bolivia hoy? Si así fuera –y en tanto que en esa parte del país, con extensión a varios departamentos del sur y de la cuenca amazónica, actúa la expresión guerrillera más belicosa que hoy conoce el país –bajo el mando de “Iván Mordisco”–, es justo preguntar: ¿intentará en algún momento escalar sus ofensivas, y pretender romper y controlar una parte del territorio nacional? De hacerlo, ¿qué consecuencias se podrían derivar para los movimientos sociales, en particular indígenas, negritudes y campesinos?
–Por último, ligada con el segundo de los ítems relacionados, es forzoso poner en marcha una intensa disputa por la opinión pública, procediendo para tal propósito con una amplia acción social-cultural y comunicativa que no dependa del activismo electoral y en lo posible lo evite. Una acción cotidiana así implica concretar dinámicas autogestionarias en todos los niveles, así como abrir constantes debates sobre lo que somos y deberíamos ser como país, procediendo de esta manera a constatar que sí es posible hacer y vivir por fuera de la mano del “papá Estado”.
Pasará el 21 de junio y será posible revisar con mayor nitidez los retos por encarar y las acciones por liderar, según prioridades. Con un país claramente cruzado en sus mitades, de no consolidar su triunfo quien marcó la pauta el 31 de mayo, con seguridad, también habrá una fuerte confrontación al gobierno que hereda lo realizado por Petro. Y de ello también se desprenden desafíos y tareas por acometer, en distinta escala y con propósitos diferenciados, desprendidas ellas, con mayor claridad, de evaluaciones no esquemáticas que se realicen de lo ejecutado, en todos sus aspectos, por el Gobierno del Cambio.



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