El 19 de junio de 2026 marcó una gran victoria de los trabajadores portugueses. Ese día fue derrotado en el parlamento el proyecto de ley del “Pacote Laboral” que las fuerzas del capital intentaban imponer. Fue rechazado no solo en el parlamento sino, sobre todo, en las calles. Fueron necesarias dos huelgas generales – en diciembre de 2025 y junio de 2026 – para lograrlo, con manifestaciones en todo el país lideradas por la CGTP-IN, la principal central sindical del país.
Para un lector extranjero, es necesario explicar el contexto de la situación portuguesa. Las grandes conquistas de la Revolución Portuguesa del 25 de abril de 1974 – reforma agraria, nacionalización de la banca y de los grandes grupos monopolistas, creación de un Sector Empresarial del Estado, derechos sociales y laborales, etc. – fueron revertidas gradualmente mediante una contrarrevolución a cámara lenta iniciada con el golpe del 25 de noviembre de 1975. La propia Constitución de 1976, que plasmaba esas conquistas, sufrió numerosas modificaciones a lo largo de ese período por parte de las fuerzas de la reacción (capitaneadas por el partido que se presenta como “socialista”). Esto se refleja también en los medios de comunicación, hoy transformados en órganos de desinformación y embrutecimiento dominados por apenas cinco o seis grupos que controlan todo (televisión, radio, periódicos, revistas). Hoy, la mayor parte de la economía portuguesa está dominada por cinco familias oligopolísticas (Soares dos Santos, Azevedo, Amorim, Queiroz Pereira y Mota).
El deslizamiento hacia el pasado anterior a la Revolución de Abril ha sido efectuado por los partidos de la derecha tradicional (PSD, CDS y PS). Sin embargo, en las últimas elecciones legislativas el deslizamiento se intensificó con el ascenso de un nuevo partido de extrema derecha (Chega) que obtuvo una bancada significativa en el parlamento. Está dirigido por un abogado con vínculos con el Opus Dei y no tiene reparo en recurrir a la demagogia más populista y xenófoba. Su base electoral son el lumpenproletariado, los trabajadores precarios, los marginados y segmentos de las fuerzas policiales.
De esta forma, parecían estar creadas las condiciones para aquello que el capital siempre anheló a lo largo de 50 años: acabar con los últimos rescoldos de las conquistas de la Revolución de Abril también en la legislación laboral. El gobierno reaccionario del Sr. Montenegro (un abogado vinculado a casinos) y su ministra de Trabajo (una señora de la élite financiera con un patrimonio neto personal de 5,3 millones de euros) intentaron el golpe final: un “Paquete Laboral” destinado a revertir las condiciones de trabajo a las del siglo XIX.
El paquete ahora derrotado se destinaba sobre todo a conseguir una precarización aún mayor del trabajo. He aquí algunas de las medidas preconizadas:
- Legalización de los despidos sin causa justa
- Externalización (outsourcing) para reducir los salarios
- Limitación del horario flexible para madres y padres con hijos menores
- Aumento de los años de contratos precarios
- Creación de un banco de horas, con 150 horas gratuitas para el patrón
- Obligación de que madres y padres con hijos menores trabajen por turnos de noche y en fin de semana
Los representantes políticos de la clase dominante y sus ideólogos decían, con tono serio, que tales medidas eran para “flexibilizar” la economía portuguesa.
Portugal tiene uno de los salarios mínimos más bajos de Europa (920 euros/mes), un salario medio que se acerca cada vez más al mínimo y pensiones de jubilación inferiores al salario mínimo. Todo esto genera una situación perversa en la economía portuguesa: la exportación de mano de obra joven y razonablemente cualificada y, al mismo tiempo, la importación de mano de obra de países más subdesarrollados (África, Bangladesh, India, Pakistán, Vietnam, etc.). Cabe señalar que los trabajadores importados sufren condiciones atroces, con una precarización absoluta (lo que hace aún más absurda la xenofobia demagógica del partido Chega).
Las consecuencias de esta situación de hecho se agravan cada vez más y son acumulativas. Para los trabajadores, se verifica la continuación de una pésima repartición del ingreso nacional: solo algunos grupos monopolistas y multinacionales continúan deteniendo la mayor parte de la riqueza nacional. Para el conjunto del país, se verifica un casi estancamiento económico, con tasas de crecimiento del PIB irrisorias en los últimos años (0,9% en 2025). El dominio del capital lleva al estancamiento, a pesar de todas las transferencias provenientes de fondos comunitarios (que terminan en pocas manos).
En resumen: La victoria conquistada el 19 de junio consistió en la derrota de la ofensiva más maximalista de la clase dominante. Sin embargo, es ella la que todavía está a la ofensiva. La lucha tendrá que continuar.
Jorge Figueiredo, 20 de junio de 2026



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