Las luchas de la gente ante el inmenso poderío corporativo mundial pueden parecer grandes o pequeñas, localizadas o globalizadas, pero cada una tiene gran significancia en la defensa de la vida y en la búsqueda de otro mundo. Si hace un par de décadas apenas, pensábamos que “otro mundo era posible”, hoy en día la realidad es aplastante y buena parte de la humanidad ya se encuentra en plena pelea por la sobrevivencia. Las ilusiones de millones han sido estrujadas, y actos genocidas como el de Israel contra Palestina, hacen ver algunas batallas de hoy como intrascendentes o menores.
Por ejemplo, en días pasados organizaciones de todo el mundo se han pronunciado de nuevo por poner fin al controvertido sistema de solución de controversias inversionista-Estado (stopisds.org). Los actos en diversas ciudades han sido en realidad pequeños. Atraer a gente en plenos esfuerzos por sobrevivir estos tiempos, a temas que parecen tan lejanos y técnicos, resulta más difícil que nunca.
Sin embargo, en el cataclismo civilizatorio que significa este capitalismo desbordado, esta herramienta (ISDS) continua siendo un instrumento de dominación neocolonial y corporativa, cada vez menos cuestionado y más aceptado con resignación por algunos estados o con franca complicidad corrupta por otros.
El neoliberalismo no se ha ido a ningún lado. Es sólo que ahora vuelve a utilizar al Estado como arma fascistoide (estilo Pinochet) para aplastar a aquellos que defienden los territorios, el agua, y toda la esperanza de sobrevivencia de pueblos y comunidades enteras, que en cambio ven cada vez más diluidos y limitados los mecanismos multilaterales de defensa de los derechos humanos.
Ante este derrotero, se han vuelto a manifestar organizaciones: en Washington ante el Ciadi del Banco Mundial, en Ginebra ante las Naciones Unidas (en el contexto del trabajo por un tratado vinculante de empresas y derechos humanos); en Bangkok ante las reuniones anuales del Banco y el FMI y, en otras ciudades, en los denominados Días de Acción ante el sistema ISDS que se llevaron a cabo del 15 al 17 de octubre https://stopisds.global/en/#action. Se reitera que el Centro Internacional para el Arreglo de Diferencias de Inversiones (Ciadi) del Banco Mundial es la principal sede del opaco sistema de solución de controversias entre inversionistas y estados (ISDS)
El ISDS, consagrado en numerosos tratados comerciales y de inversión (muchos firmados por México, incluyendo el T-MEC, TLCUEM, TPP etc.) permite a inversionistas extranjeros, muchas veces meros especuladores, reclamar indemnizaciones por cantidades ilimitadas a los estados cuando medidas gubernamentales —como políticas medioambientales, sanitarias o de otro tipo de interés público—afectan supuestamente sus ganancias esperadas.
El ISDS permite a inversionistas eludir a los sistemas de justicia nacionales y, en cambio, demandar directamente a los Estados ante paneles supranacionales compuestos por tres árbitros privados, que pueden presentar demandas en nombre de empresas al tiempo que actúan como «jueces» en otros casos. El conflicto de intereses, tráfico de influencias y la llamada “puerta giratoria” es generalizada. Citan las organizaciones extremos como el que el marido de la secretaria general del Ciadi es socio en arbitraje internacional en el bufete de abogados White & Case, el cual se enriquece presentando demandas ante el Ciadi a favor de empresas.
La mayoría de los casos ISDS son presentados por corporaciones basadas en los países ricos y en contra de países en desarrollo. Y una gran contradicción es que el alcance de las políticas gubernamentales que han sido objeto de estas demandas incluye políticas que el mismo Banco Mundial aparentemente apoya, como normativas medioambientales, la transición a energías limpias, hasta la protección de pueblos indígenas. Obligar a países en desarrollo a pagar millones en gastos legales y, potencialmente, miles de millones en indemnizaciones a las empresas por estas políticas, desvía los escasos recursos de las inversiones estatales en salud, educación y todos los servicios públicos cada vez más apabullados.
De gran inspiración para quienes se manifestaron en contra del sistema ISDS en días pasados fue la coincidencia con el décimo aniversario, el viernes 14 de octubre, de la derrota de la empresa minera canadiense Pacific Rim en 2016, en su demanda en contra de El Salvador por 300 millones de dólares. Recordemos que en 2009, Pacific Rim Cayman LLC presentó un caso de “solución de controversias entre inversores y estados” (ISDS) contra El Salvador ante el Ciadi. La empresa minera había demandado a El Salvador por supuestas pérdidas de beneficios potenciales como consecuencia de no haberle sido concedida una concesión minera para una mina de oro, ya que la empresa no cumplía con requisitos ambientales fundamentales, y por el rechazo comunitario en la defensa del agua y del Rio Lempa.
No fue la primera victoria de este tipo. Anteriormente, por ejemplo, se dio la guerra del agua en Cochabamba Bolivia, en la que el pueblo de esa ciudad aplastó la ambición de la empresa estadunidense Bechtel de ver privatizada en su favor el agua de la ciudad. Sin duda, un gran ejemplo para lo que ocurre hoy en día en Guadalajara, Jalisco. Esfuerzos antisistémicos en contra del ISDS no deben de verse tan lejanos. En 1999, la derrota del propuesto Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) en el seno de la OCDE fue en verdad sísmica, dejando hasta el día de hoy a las grandes corporaciones sin un acuerdo a nivel global que les otorgue todos los privilegios por encima de los derechos de los pueblos.
Los shocks constantes y distracciones mediáticas nos hacen a veces olvidar esas luchas recientes y perder la puntería. Pero hay que superar la zozobra actual y entender que el poderío de las elites corporativas continuará, con el espantoso trumpismo o sin él, y las luchas contra la inequidad también.
19 de octubre de 2026
www.ips-dc.or


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