
Es una realidad elemental que en su extensión las agendas políticas y sociales no giran por el simple paso de un año a otro. Pero sí sucede que los actores sociales, en ocasiones, potencien o reduzcan su interés por uno u otro aspecto de la agenda. Un movimiento factible por el efecto del cambio del calendario, con el cual pueden tomar cuerpo o avivar ciertos momentos políticos. Esto puede suceder porque las coyunturas giran, no son de piedra o estáticas.
Las coyunturas traslucen para el inmediato o mediano plazo; la viabilidad, necesidad o urgencia de ciertas actividades. Es el caso colombiano, donde con la nueva calenda, y como acumulación de factores de diverso orden, son más evidentes algunas urgencias y retos que portan o concitan la atención de los actores sociales.
Estas urgencias pueden derivar, y ser una consecuencia de factores como el desgaste y crisis del Polo Democrático Alternativo, la prolongación de la guerra, la persistencia de la crisis en la CUT, las negociaciones políticas en curso en La Habana y la presión para la apertura de espacios de diálogo con otros actores armados, la dinámica de los acontecimientos en los países vecinos, en especial Venezuela y Ecuador, la reorganización de los propios actores sociales que es manifiesta en procesos de articulación y acción como el Congreso de los Pueblos, la Marcha Patriótica y otros.
En fin, son muchos los factores que contribuyen a esta realidad, la cual plantea retos complejos a los actores sociales y políticos colombianos.
Uno, se desprende de la misma desarticulación que por años afecta e identifica la realidad de estos actores, cada uno de los cuales porta un ideario, al cual se aferra con pasión, muchas veces sin el reto del tiempo, o preocupación por admitir un minuto, un día más la tragedia de nuestra gente. ¿Cómo aportar a la superación de esta tendencia constante? Son muchos los ensayos y caminos recorridos, hasta ahora fallidos parcial o totalmente.
Proponemos como un nuevo y dinámico intento para dar cuenta de esta realidad, encarar entre el conjunto de los actores sociales un debate abierto y público, unas formas de «diálogo en el campo popular». Diálogo para elaborar una estrategia política común de manera colectiva, en forma de base a base, horizontal, y la cual puede desprender, como subproducto, un proyecto de país a la altura de los sueños de las mayorías nacionales, y en prevención oportuna de los peligros de iniciativa oligárquica que acechan.
Diálogo, como debate simultáneo y complementario, que estimule una acción social colectiva y movilice a nuestra sociedad –propiciando su politización–, y encare la elaboración de cinco leyes. Postura y aspiración que podría traducirse en el aliciente para superar los efectos negativos que pueda traer la discusión a puerta cerrada, que tiene episodios en La Habana:
1. Ley de tierra, territorios y soberanía
2. Ley de reparación y víctimas
3. Carácter del ejército nacional y del fuero militar
4. Ley de medios de comunicación y del espectro electromagnético
5. Modelo económico.
De asumir estas discusiones, con seguridad y como uno de sus productos, vendrá un mejor y más activo relacionamiento entre los actores y movimientos sociales, mucho más allá de la simple sumatoria de agendas, una práctica repetitiva que no contribuye a su potenciación y sí a su inmediatismo, instrumentalización, gremialismo y localismo.
Algunas de estas discusiones son parte de la dinámica que trae el Congreso de los Pueblos, pero hay otras que aún no están entre sus prioridades. Otras, serán de la misma agenda que trae la Marcha Patriótica, pero en uno y otro caso, es necesario que su preocupación apunte más a conectarse con el país nacional y menos en articular sus propias fuerzas. Estos son retos inmensos.
Es un reto y necesidad suplir la inexistencia de un actor social por la paz. Un factor y una dinámica sin los cuales no será posible hacer de los diálogos en curso, una oportunidad para girar la realidad que vive el país. En esa perspectiva, tienen plena vigencia los Congresos regionales de paz –y su Congreso Nacional– por llevarse a cabo en los próximos meses.
Del cúmulo de estas discusiones, acciones y procesos, deberá emanar, proponemos, una «plataforma de emplazamiento» al actual gobierno. Esta plataforma, táctica para encarar la construcción de una correlación de fuerzas favorable a las mayorías nacionales, permitirá desnudar los reales intereses que encarna el gobierno de turno, y motivar al conjunto nacional a construir una sociedad de iguales.
Diálogo nacional y leyes con origen desde la voz del pueblo, Congresos regionales de paz y Congreso Nacional de Paz, deliberación y adopción de una «plataforma de emplazamiento» con el sentido de recuperar la iniciativa social en la movilización no solo de sectores orgánicos, son retos y dinámicas que con el 2013 toman forma.
Para facilitar lo sugerido, las páginas del periódico desdeabajo están abiertas –como ha sido su constante– a todos los actores sociales y políticos para avivar la reflexión y el debate.



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