
“¿No hay alternativa? Eso fue lo que dijo Margaret Thatcher en los ochenta. La alternativa está acá, somos nosotros, toda esta gente que podés ver y la que no está pero quiere luchar. La austeridad no es el camino, tampoco las barreras que se levantan en Europa desde hace años contra los inmigrantes”, señalan desde la plataforma griega Keerfa.
Niko reparte volantes a los pies del parlamento griego, en la plaza Syntagma, junto a otros jóvenes de la plataforma antirracista Keerfa. Las drásticas medidas de austeridad, asegura, refuerzan el discurso antisistema y nazista del partido Amanecer Dorado. “El resultado es el crecimiento de la xenofobia y de la extrema derecha. Estamos acá para decirle no al memorándum y porque es necesario actuar contra el peligro que representan los ultranacionalistas”, señala.
El peligro no es una amenaza, es un hecho. Los neonazis de Amanecer Dorado se convirtieron en la tercera fuerza política más votada en las elecciones de enero pasado, pese a que su principal líder, Nikolaos Mijaloliakos, estaba encarcelado. Entre las acusaciones que pesaban y pesan sobre él figura la de pertenecer a una banda criminal que habría orquestado el asesinato de los jóvenes Pablo Fyssas y Sheh-zad Luqman, en 2013. En total, 69 miembros de Amanecer Dorado están acusados de asesinato, entre otros crímenes y delitos por los que afrontan un juicio que podría durar por lo menos dos años. Liberado en marzo de este año, Mijaloliakos está bajo arresto domiciliario; no puede salir de Grecia pero sí asistir al parlamento. “¿No hay alternativa? Eso fue lo que dijo Margaret Thatcher en los ochenta. Claro que hay alternativa. La alternativa está acá, somos nosotros, toda esta gente que podés ver y la que no está pero quiere luchar. La austeridad no es el camino, tampoco las barreras que se levantan en Europa desde hace años contra los inmigrantes”, sostiene el activista de Keerfa.
En medio de la plaza, Claire conversa con todo aquel que se acerca a la manifestación contra el segundo paquete de medidas aprobado en el parlamento griego la madrugada del jueves. Entre ellos hay una joven que lleva una camiseta con la frase “Todavía no lo entiendo”, un sentimiento compartido por Claire. “Después de todo lo que pasó, cuando el pueblo dijo claramente No en el referéndum, estuve tres días sin salir de casa. Fue una sorpresa. Ahora estoy desilusionada pero no voy a renunciar. Vamos a parar este plan con huelgas, manifestaciones, no vamos a permitir que los políticos nos tomen el pelo. Es una gran traición. Creo que todos los que votamos a la izquierda pensamos así. Ellos dicen que no hay alternativa pero sí la hay y la respuesta no la vamos a encontrar en esta Europa ni en la continuación de este modelo, este sistema está acabado”, remarca.
La palabra “chantaje” está presente en carteles, remeras y volantes. Los miles de sindicalistas que marchan hacia Syntagma gritan: “El poder lo tiene el pueblo”. “Lo que buscan es ahogarnos. Si está claro que no podemos pagar, ¿por qué siguen adelante con todo esto? Quieren que nos endeudemos más y más para seguir apropiándose de todos los recursos naturales de Grecia”, protesta Yanis en medio de la marcha. “El plan de austeridad podrá seguir su curso, pero nosotros seguiremos acá en la calle”, agrega.
María, Chris y Alex sujetan una pancarta que reza: “Seguiremos diciendo No. Lucharemos hasta el final”. Los tres tienen 30 años y vienen del barrio Zografou, a una hora del centro de Atenas. Chris es ingeniero, Alex es profesor de alemán y María, profesora de música. Excepto Chris, que trabaja como publicista, el resto del grupo no tiene empleo. “Cuando Syriza dice que no hay alternativa actúa exactamente igual que la oposición, pero olvida que llegó al poder con otro discurso. Se negaron a discutir otra vía. Es imposible salir adelante dentro de la zona euro”, dice Chris. “Yo creo que el gobierno no esperaba el resultado del referéndum, una posición tan clara y fuerte de los griegos. El propio Varoufakis dijo que luego del resultado sus compañeros de partido estaban como si hubiera muerto alguien”, recuerda Chris. A su lado, Alex lamenta la posición tomada por Syriza. “Esta izquierda no es izquierda. No acá en Grecia. Si lo comparamos con los estándares europeos puede definirse como radical, claro”, sostiene. Ambos coinciden en que los griegos asistirán a la formación de un nuevo partido de izquierda que agrupará al sector de Syriza liderado por el ex ministro de Industria Panayotis Lafazanis y otras fuerzas políticas progresistas. María, como todos sus colegas, está cansada. Sale a la calle a protestar desde hace cinco años, con el breve paréntesis abierto tras la llegada de Syriza al poder. “Lo cierto es que la mayor parte de la gente está en estado de shock. Todavía no sabemos cómo va a reaccionar la sociedad cuando salga de este impacto, pero lo hará, será inevitable”, asegura.



Leave a Reply